jueves, 20 de diciembre de 2012

Voces en Imágenes

Le robo a @varumora un vídeo de su Tumblr que es buenísimo y que gustará, a buen seguro, a todos los amantes del cine. Disfrutadlo




miércoles, 12 de diciembre de 2012

12-12-12

La fecha había llegado: doce del doce del doce… era el momento. Salió de su casa y miró el reloj: las doce y doce minutos, tal y como había acordado con su docente que sería. Comenzó a recorrer las doce calles que separaban su hogar, una antigua iglesia docética, del barrio donde algunos comerciantes ya preparaban las uvas que se venderían a docenas pocos días después… concretamente… doce.

Doce pasos más allá, una doncella doceañista relataba en voz alta El doce, aquel poema de un tal Aleksander Blok, a doce alumnos del instituto bilingüe Docce. La Europa de los doce había pasado a la historia al igual que el mito artúrico, aquel que reunía a sus doce caballeros a la mesa con el rey. Y sin embargo, ya únicamente el Rey de Reyes, el que fuera traicionado por uno de los doce, podría impedir que su plan se viniera abajo justo al dar las doce…pero para eso quedaban todavía doce largas horas por delante.

Pasó el tiempo y la docena de segundos que restaban para el fin del mundo le pareció apenas una duodécima parte de lo que había imaginado. El reloj seguía incansable, como los aficionados de La Doce en día de partido, avanzaba presto hacia la medianoche y, las posteriores doce campanadas que marcarían el principio del apocalipsis, estaban a punto de resonar sobre los doce millones de personas de la ciudad, la doceava en número de población. Y entonces, cuando todo parecía perdido, el último resonar trajo consigo la calma, una calma que ella no entendió hasta que recordó que los Mayas habían dicho el 21 no el 12, no le había dado la vuelta al calendario y lo había leído al revés. Un error que le tiraba al traste todas las cuentas que había hecho durante todo aquel tiempo y la ponía, por qué no decirlo, de un humor de doce pares de cojones.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Metáforas en la oscuridad

Se levantó…y todo estaba oscuro. Como la noche más abrumadoramente opaca, como el futuro que le aguardaba tras una puerta no muy lejana o como aquella metáfora bética que hablaba de los testículos de su más célebre futbolista nigeriano. Ahí estaba él, abatido y despistado en el mundo como un vástago de meretriz en la festividad de San José, como lo hace un periodista en un curso de moral y ética o un político en una gala benéfica. No encontraba nada, no sabía dónde estaba ni hacia qué lugar se dirigían sus pasos, todo seguía lóbrego, fosco y apagado.
Comenzó a deambular como un borracho por las calles de la ciudad sin rumbo fijo, sin importarle dónde ir o cómo llegar y conteniendo su zancada cada cierto tiempo para intentar atajar las náuseas del whisky barato que había ingerido en cantidades ingentes no mucho tiempo atrás. 
Avanzó posteriormente buscando una señal que le diese la pista necesaria para situarse en el mapa, para hallar la dirección en un mundo que hacía tiempo que había perdido el norte. Recordó, en un momento de lucidez, sus vacaciones en el sur viendo películas del oeste, cuando por fin volvió en sí y se dijo: "este no es el camino”.

El tiempo pasaba raudo y veloz duplicando su voracidad como Falete en viernes de Cuaresma, sin detenerse ante nada ni ante nadie. Todo seguía oscuro y él empezaba a impacientarse, ¿Dónde ir? ¿Qué hacer? ¿Cómo salir de aquel sinsentido aciago? Ya nada tenía sentido: aquella cegadora opacidad beligeraba contra su persona mientras afuera el mundo se oscurecía también en la época más falaz de la historia de la humanidad. Pobreza, muerte, crisis, la posible marcha de Mourinho ¿qué más podría pasar? ¿Por qué se ceba así el universo con nosotros? la más kafkiana e irresoluble paradoja puesta al servicio de un mortal perdido en un vacuo estado de soledad y preocupación una noche cualquiera. 

Nostálgico de la luz que un día bañó sus ojos, nuestro protagonista siguió andando por aquel espacio cerrado e incoloro, despacio, muy despacio. Esa horrenda pesadilla lo seguía atosigando con la fiereza de un sátrapa que juega con su pueblo como lo hace un titiritero con una marioneta. De repente, un destello provocó una chispa en su mente y cayó en la cuenta de que el infierno quizás no lo fuera tanto, que aquella pesadilla podía encontrar los matices necesarios para no ser más que eso, un mal sueño, un estado de letanía pasajera y, entonces, alargó la mano. Con la sonrisa del lacayo que derroca a la tiranía accionó el interruptor y se vio de nuevo en su morada. Todo había pasado, sólo había sido un mal sueño, pero esa noche aprendió que hasta los sueños más tenebrosos se pueden adornar con palabras y las palabras son eternas, pese a quien le pese.

martes, 27 de noviembre de 2012

La página 210

Un fragmento de 'La Sombra del viento' de Carlos Ruiz Zafón, concretamente de la página que menciona el título de esta entrada. Disfrutadla

- No tienes derecho a decirme eso, Daniel. Tú no me conoces.
- Dime que estoy equivocado y me iré. ¿Le quieres?.
- No lo sé – murmuró por fin – No lo sé.
- Alguien dijo una vez que en el momento en que te paras a pensar si quieres a alguien, ya has dejado de quererle para siempre – dije.
- ¿Quién dijo eso?
- Un tal Julián Carax.

(…)
-         - Oye, de lo que te he dicho antes – dijo de repente sin venir a cuento – no le dirás nada a él ¿verdad?
      - Claro que no. A nadie
      Rió nerviosa
      - No sé qué me ha pasado. No te ofendas, pero a veces una se siente más libre de hablarle a un extraño que a la gente que conoce ¿Por qué será?
Me encogí de hombros
- Probablemente porque un extraño nos ve como somos, no como quiere creer que somos
- ¿Eso es también de tu amigo Carax? 
 - No, eso me lo acabo de inventar para impresionarte. 
 - ¿Y cómo me ves tú a mí?
- Como un misterio
- Ése es el cumplido más raro que me han hecho nunca
- No es un cumplido. Es una amenaza 
- ¿Y eso?
-Los misterios hay que resolverlos, averiguar qué esconden
- A lo mejor te decepcionas al ver que hay dentro 
 - A lo mejor me sorprendo … y tú también

viernes, 23 de noviembre de 2012

Son mis amigos

Los compañeros de Punto de Encuentro, donde tengo el privilegio de colaborar en ocasiones, me publican hoy un artículo en el que intento hablar de la crisis fuera de las cifras y centrándome en las caras. Os lo dejo a continuación

Hablar de crisis en cifras económicas es algo de lo que todos estamos ya más que cansados. Los datos, los números, los balances, los porcentajes y las encuestas son fríos como la nieve, distantes como la más lejana de las estrellas. La crisis tiene detrás de esas cantidades miles de caras, de pensamientos, de desilusiones, historias que hacen emocionarse, cabrearse, llorar y sobre todo, pensar qué injusto es toda esta situación para la mayoría de personas que ni siquiera saben qué es la prima de riesgo o las consecuencias de un rescate económico. Eso es lo que fastidia.
En los últimos tiempos, los desahucios han sido la cara más amarga de la crisis, una de las gotas que está colmando el vaso de la paciencia de 45 millones de personas en este país. Es ahí, cuando se ve la muerte de una mujer a la que le quitan la casa o cuando sales a la calle y ves cada vez más indigentes sin nada que llevarse a la boca y durmiendo en cartones, cuando comienzas a acordarte de los familiares más cercanos de toda esa chusma que nos ha llevado a esta situación. Sin embargo, a pesar de que tenemos en las calles de todas nuestras ciudades pruebas fehacientes de la crisis, hoy os quiero contar una historia cercana, la que me ha pasado a mí y a mis amigos y la que nos mantiene a todos cada día muy cabreados con el escenario actual.

Para leer más AQUÍ

martes, 13 de noviembre de 2012

Y entonces se dieron cuenta de que no había esperanza

Sus amigos lo reunieron en torno a cinco cervezas, como siempre que había que hablar seriamente con alguno del grupo. Estaban preocupados por él, ya no se le veía tanto como antes y hacía tiempo que no salían juntos.

- Os prometo que eso va a cambiar, es que últimamente estoy algo mal. Os pido perdón...

Todos se quedaron pasmados, lo habían notado cambiado pero no imaginaban que estuviera tan mal como aparentaba. Se le notaba cansado, tenía ojeras de haber dormido poco, se encontraba algo más delgado que de costumbre pero, extrañamente, tenía buena cara.

- ¿Qué ocurre? - preguntó uno.
- ¿La familia? ¿problemas de dinero? - comentó otro
- No, nada de eso - respondió él - el amor.

Todos rieron. Era bien sabido que él se enamoraba demasiado a menudo, casi cada mes.
- ¿Otra vez te has enamorado? - preguntó otro de los presentes antes de dar un trago a su bebida - ¿Cuántas van ya este año? ¿seis o siete?

Las risas aliviaron la leve tensión que unos minutos antes había aflorado en el ambiente. Bebieron y pasaron a esperar la reacción de él, que siempre dejaba caer finalmente que la chica en cuestión no le importaba mucho. Pero esta vez no fue así.

- Venga - dijo preocupado el que aún no había hablado - ¿Qué tiene esa nueva conquista? ¿es lista, está buena, tiene dinero?
- Es que... es que creo... creo que es perfecta.

Se hizo el silencio. Todos se miraron a los ojos y entonces se dieron cuenta de que no había esperanza... lo habían perdido para siempre.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Spotbros y su puta madre

Estaba yo aburrido (como ya os habréis dado cuenta) esta mañana en casa cuando (como ya os habréis dado cuenta) me he descargado una nueva aplicación para Android. Se llama Spotbros, una nueva plataforma de mensajería instantánea parecido a WhatsApp y que parece que va a ser mejor que ésta. 



Cuando me la he bajado (como ya os habréis dado cuenta) me he puesto a indagar un poco sobre su funcionamiento y (como ya os habréis dado cuenta) SIN QUERER (palabrita del niño Jesús) he invitado a toda mi agenda, no la de Facebook como yo pensaba, sino por un mensaje de WhatsApp. Cuando me he dado cuenta, tenía a sesenta contactos hablándome a la vez. Sin embargo, siempre hay que sacar el lado positivo de las cosas y yo, por supuesto, lo he hecho. 
Esta gran cagada me ha servido para darme cuenta de que tengo cuatro tipos de contactos/amigos en el teléfono, que paso a describir inmediatamente:

1) Amigos que me conocen y que ya sabían antes de que yo lo dijera que la había cagado. Me lo han hecho saber gracias a mensajes como "¿Qué cojones has hecho?", "Ya te has bajado alguna mierda", "Deja el porno online que mira lo que pasa" etc etc etc.

2) Los amigos cabroncetes que no me tenían agregado (a mí, el puto amo del mundo... sí sí, yo también estoy flipando aún) y que me han escrito cosas como "perdona, pero se me borró tu número", "me cambié de móvil" o "¿quién cojones eres y por qué me mandas esta mierda?"

3) Los amigos confiados y a los que más tengo que querer. Esos que sin haberlo siquiera pensado un segundo han descargado el programa y han enviado sin quererlo y cometiendo el mismo error que yo, la mierda de la invitación a toda su agenda, generando un bucle infinito tipo Andy y John del Messenger, o las cadenas de "si no mandas este mensaje a mil personas se te caerá el pene al suelo carcomido por una termita brasileña"

4) Alberdi. Un gran y querido amigo, perteneciente al grupo Jack Knife que ya de paso a promocionar, son cojonudos y los tenéis por ejemplo AQUÍ, y que, al leer el mensaje, me contesta: "Anto, si quieres rollo dímelo directamente". La gran frase de la mañana

Pues nada, de una gilipollez cualquiera he sacado una actualización del blog y es que así soy yo amigos, un gran gilipollas

Abrazos y ... ¡¡¡Viva Spotbros!!!

jueves, 8 de noviembre de 2012

Me he comido tus caramelos...otra vez (y más cosas)

Como ya hice el año pasado, os pongo (esta vez por cortesía del gran @marcoslosalta) el vídeo de un programa norteamericano en el que putean sin cesar a los niños. En él, los padres les dicen a sus hijos que se han comido sus caramelos de la noche de Halloween. Las reacciones no tienen desperdicio.



Sin embargo, este año me quedo con un caso en particular, lo tenéis en el minuto 4:23. Su madre le dice, como al resto de los que salen en el vídeo, que se ha comido sus caramelos. Durante un segundo, la cara del chaval se contrae y sí, como el resto de niños es probable que se haya cagado en su madre (nunca mejor dicho) pero inmediatamente después, tan sólo un segundo después, cambia su gesto y le contesta a mamá: 

-It´s allright (está bien) I just want you to feel happy (yo sólo quiero que tú estés feliz).

Yo no sé que habrá hecho esa madre ante semejante reacción, lo que sí sé es que a mí se me abriría el ojete hasta dimensiones insospechadas y, seguramente con lágrimas en los ojos, le compraría a ese pedazo de hijoputilla (con todo el cariño de la palabra) media tienda de golosinas, un Ferrari y una casa en la playa. Menudo crack, menudo genio... menudo puto amo.


Y ya para finalizar el post de hoy, os pido un voto para un chico (VOTAR AQUÍ) que no tengo el gusto de conocer pero que, al igual que muchos de nosotros, está luchando por algo, por un sueño. Me ha llegado a través de Twitter y se ve que el chaval en cuestión se ha presentado a un concurso de Freixenet, ha grabado un vídeo y, con toda la ilusión del planeta, lo ha mandado. Es difícil comprender lo que cada uno puede hacer por los demás, compartiendo un enlace, votando por un vídeo o promocionando en el bar a un amigo que acaba de comenzar con un negocio. Esta crisis que nos ahoga sería menos crisis si todos nosotros dedicásemos medio segundo a votar a la gente que lo merece y que dedica su tiempo y su esfuerzo en cosas como esta. Por eso, os pido que ayudéis a este chico aunque sea sólo por esto que dice de su canción:

"Brindo por lo que nos alegra cada día, 
brindo por los ratos con buena compañía,
por nuestros familiares, por nuestras amistades, 
brindo por todos esos momentos tan especiales.
Brindo por lo que consideramos importante,
brindo por lo vivido y lo que viene en adelante.
por esa persona para ti imprescindible
por lo que buscabas y viste que era posible.
Por los buenos momentos y también por los malos,
brindo por el gesto que vale más que un regalo.
Brindo por los cercanos y por los que están lejos, 
brindo porque cada año somos un poco más viejos.
Brindo por todo aquello que lo merece,
brindo porque se cumplan todos los sueños en 2013
Mi vídeo y la botella están por terminar
pero brindo porque lo mejor estar por llegar"

Amén hermano... amén
 

lunes, 5 de noviembre de 2012

#PutoAmo

Se sentaron juntos en la parte de atrás de su furgoneta en aquella noche de invierno. Hacía frío, mucho frío, lo que siempre había sido una muy buena noticia para todas las parejas de la historia de la humanidad. 
Se taparon con una manta vieja y se abrazaron impidiendo al gélido aire que resoplaba tenuemente aquella noche, que se introdujese entre ellos. El la miró, siempre lo hacía, como tantos y tantos hombres al cabo del día ya que era increíblemente bonita. La notaba distinta, más filosófica con la vida que otros días, debía haber tenido una tarde difícil, como todos alguna vez. La apretó más contra sí mismo. 

- ¡Qué mal está todo! - dijo su delicada voz con un tono pesadumbroso
- ¿Y eso ahora? - respondió él intrigado
- Porque sí, porque cada día es la misma historia en los telediarios, en los periódicos, en la radio, en la cara de la gente. La desesperación absoluta, la puta crisis que nos ahoga, que nos está robando el futuro, sobre todo a nosotros, a nuestra generación. ¡Qué mala suerte hemos tenido!
- Ya...
- ¿Ya? ¿Es que te da igual? ¿Es que no ves que no tenemos futuro? ¿Es que no piensas en el futuro nunca?
- Sí que pienso - respondió molesto él
- ¿Si? ¿Y qué se supone que ves en él a parte del paro, no tener un duro y vivir asqueado en este país?
- Yo lo veo distinto, siempre he visto un futuro perfecto por muy mal que esté todo. Veo la perfección en el mañana, en mi futuro y sé que así será ¿Por qué? porque tú estás en el.

Y ahí acabaron los problemas, por lo menos durante esa noche.

lunes, 29 de octubre de 2012

100 Cosas que tengo que hacer antes de morirme (nº 52)

Podéis ir tachando otra cosa de mi lista, esta vez la número 52 o, lo que es lo mismo: Ver la Capilla Sixtina.

Aquí os dejo las fotos de la misma, esas que están terminatemente prohibido hacer pero que yo, como buen temerario que soy, he hecho.









Esto sí es arte... y no la mierda del Guggenheim

jueves, 18 de octubre de 2012

jueves, 11 de octubre de 2012

La canción infravalorada


No hay en toda la discografía de Joaquín Sabina una canción más infravalorada de la que tengo el gusto de ofreceros.



"Y desafiando el oleaje sin timón ni timonel,
por mis sueños va, ligero de equipaje,
 sobre un cascarón de nuez, 
mi corazón de viaje"



miércoles, 10 de octubre de 2012

La vieja, triste y ruin España

Normalmente no suelo dejar cosas que escribo por ahí en este blog. Ya sabéis que es un sitio donde prefiero no hablar mucho de política, religión y demás temas que puedan herir sensibilidades. Sin embargo, hoy os dejo un pequeño texto que he escrito para los amigos de Punto de Encuentro, donde hablo de este país nuestro querido, que tiene toda la pinta de irse a la mierda (si no se ha ido ya)

"Es muy común en esta, nuestra querida nación, aprovecharnos de la situación de una manera demagógica y barata. Los españoles, entre los que orgullosamente(aunque las palabras que voy a escribir lleven a pensar lo contrario) me incluyo, tenemos muchas virtudes pero un muy agrandado defecto, tal y como decía el filósofo Ortega y Gasset: “Los que nos pasó y nos pasa a los españoles es que no sabemos que nos pasa”. Una frase que encierra un contexto mucho más amplio que el que parece encerrar.
En España la opinión popular varía con la dirección del viento, con el cambio en las corrientes marinas, con la salida del sol o el ciclo lunar. Unos días somos europeos, otros americanos, otros catalanes, otros españoles y otros ciudadanos del mundo, en otras palabras, que no sabemos qué somos y por qué lo somos"...

Si queréis leer más AQUÍ

lunes, 1 de octubre de 2012

Preparado para escribir

Se levantó con fuerza, con ánimo, con el deseo inalterable de que esa mañana sí, se pondría a escribir de nuevo. Fue como todos los días a la cocina después de lavarse la cara en el lavabo. Fuera llovía, lo que lo animaba más todavía para sentarse a garabatear la libreta en la que siempre comenzaba sus borradores. Se enfundó una sudadera y puso agua a calentar. Echó cuatro cucharadas de café soluble en la taza y la llenó hasta arriba de agua bien caliente, a punto de hervir.

Sintonizó su emisora favorita y le bajó el volumen, le gustaba tener un sonido de fondo pero  no lo suficientemente alto como para que lo distrajera. Subió todas las persianas posteriormente hasta la mitad, perfectamente alineadas para que la luz de aquella mañana otoñal fuera la idónea y para que el golpear de las gotas contra los cristales embellecerán todavía más el nuevo día que comenzaba. Puso un posavasos en la mesa y encima su taza de café caliente, se acercó un radiador a los pies y se enfundó unos calcetines bien gruesos, odiaba sentir frío en ellos.

Posteriormente, desconectó el teléfono fijo y puso el móvil en silencio. Sacó punta a tres lápices y los puso perfectamente alineados a la izquierda de su libreta. Después, buscó un bolígrafo con el que hacer anotaciones en otra hoja y lo colocó al lado de los lapiceros. Se sentó y buscó la postura idónea para comenzar a escribir la que, a buen seguro, sería su mejor obra.

Ahí estaba: sentado, con los lápices afilados y en orden, el bolígrafo para las anotaciones, los pies calientes, la lluvia repiqueteando contra la ventana, la música a su nivel idóneo, la temperatura de la habitación no podía ser mejor, su delicioso café en la mesa aromatizando todo el cuarto y el ánimo por las nubes. Era perfecto.

Entonces dio un sorbo al café, se deleitó con su sabor y agarró un lápiz. Lo acercó lentamente a la hoja en blanco y se quedó petrificado frente a ella. Todo era perfecto, todo estaba colocado tal y como él deseaba, lo tenía todo... excepto algo que decir.

lunes, 24 de septiembre de 2012

La cárcel

Se despertó en medio de la noche, asustado, con lágrimas en los ojos y todavía sin saber muy bien dónde estaba, como le había ocurrido durante los últimos siete días de su vida. Ahí se encontraba una noche más, acostado en un colchón rodeado de barrotes, en una celda penumbrosa de un lugar sin nombre ni ubicación conocida. Estaba asustado, melancólico, evocando aquel lugar cálido donde apenas unos días ante había dormido plácidamente antes de que lo trajesen por la fuerza hasta la celda donde se hallaba. ¿Qué había hecho él para merecer eso? se preguntó.

Las primeras lágrimas brotaron de sus ojos, al principio suavemente, aunque pronto el leve llanto comenzó a crisparse, a aumentar su tono y, finalmente, se convirtió en un berrido desolador que atestiguaba su malestar.
Las luces del corredor se encendieron y el miedo se acrecentó tensando sus músculos como las cuerdas de una guitarra. ¿Quién sería esta vez? ese lugar estaba lleno de sorpresas y hasta ahora sólo habían sido desagradables: baños fríos, paseos continuos, gente desconocida... Ya no podía aguantarlo más. Ni un segundo más.


Los pasos se hicieron cada vez más cercanos. Él miraba fijamente la puerta y veía a través de los barrotes cómo una sombra se acercaba. Estaba pálido, aterrado, con los ojos abiertos de par en par esperando a saber qué le depararía el destino que tan mal se estaba comportando con él desde que alcanzaba a recordar.

Y entonces, ocurrió.

La sombra se paró justo enfrente de él y sus ojos se cruzaron. Esa cara le resultaba familiar, la había visto mucho los últimos siete días de su vida. La mujer, con una sonrisa en la boca a pesar de sus ojeras, lo agarró por los brazos y lo sacó de la cuna. Desprendía un aroma embriagador y su pijama era suave y cálido. Él se dejó llevar, eso no parecía tan malo. La señora comenzó a cantarle una canción que, extrañamente, parecía gustar a su minúsculo cuerpo. Poco a poco, el miedo fue cesando y alejándose de ese bebé de apenas una semana de vida. La melodía lo acunó en un sueño placentero y los barrotes de su cuna dejaron de ser una cárcel para siempre. Él no podía saberlo en ese instante pero, justo ahí, en ese preciso momento, se encontraba en casa y más a salvo de lo que jamás volvería a estar ya que, cuando uno está en los brazos de mamá, no hay nada que temer.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Mi historia con Sisi y Mainz

Llevaba ya tiempo sin actualizar el blog y hoy me he decidido a hacerlo con una historia cojonuda. Os quiero contar una vivencia curiosa que me pasó hace unos días en la feria de Albacete. La feria, para todo aquel que no la conozca, es un lugar donde llegas recto y sales torcido, donde los mojitos y los cubatas abundan y donde a altas horas de la noche uno se encuentra y le pasan, cosas realmente extrañas.

Como os decía, estaba yo tan tranquilo en una de las carpas de la feria cuando un amigo me comenta:

- Oye, ese de ahí es Mainz, del Granada.

Efectivamente, ahí estaba el cetral del Granada y ex del albacete Balompié, Diego Mainz (@diegomainz). La casualidad, el valor y el alcohol, sobre todo esto último, quiso que recordara que aquella semana uno de los jugadores que más ha dado por el Alba en los últimos años, me había hecho un -2 como una casa en el Comunio (ese juego virtual que todo el mundo conocéis). Con toda la geta del mundo y en medio de la carpa lo llamé:

-Mainz, ven aquí ahora mismo que me tienes contento

Él, demostrando que es un grande dentro y fuera del campo, vino hacia donde estaba (he de recordar que es un vigardo de dos metros y que podía haberme roto los huesos si hubiera querido).
- Dime - contestó amablemente
- Esta semana me has dado mala puntuación en el Comunio... ¿eso está bonico?
Sonriendo y con buen gesto me respondió
- Joer tío, lo siento... intentaré hacerlo mejor la próxima semana

A lo que de nuevo respondí tentando a la suerte:
- No te pases con los mojitos que te vendo mañana mismo ¿eh?
Y cuando creía que no se podía ser más grande, va y, con las manos juntas, me pide:
- No no, por favor, no me vendas y verás como no te arrepientes.

Lo dicho, un grande

Pero no contento con eso, unas horas después (y con ellas unos cubatas más en el cuerpo) me encuentro en la misma carpa a Sisi (@sisino21), jugadorazo albaceteño y que milita en Osasuna. El puto destino quiso (no encuentro otra explicación) que también lo tuviese en mi equipo y que de nuevo, me hubiera hecho esa semana un -2. Como Mourinho en el episodio de los red Bulls, lo llamé también a él a filas:

- Sisi, que sepas que eres un orgullo para todo Albacete y que aquí te queremos mucho pero estoy enfadadísimo contigo

Él, flipando como no podía ser de otra forma, me contestó:
- ¿Y eso?
- Pues porque te tengo en el Comunio y me has encasquetado un -2 como la Catedral de Burgos.

Atónito y descojonándose de risa me prometió también que esa semana iba a mejorar y, he de decir que así ha sido.

Me alegra saber que mis consejos sirven para algo. Soy un motivador nato y ellos unos tíos cojonudos

PD: Como tenía todavía la puta mierda de la Blackberry no me pude hacer una foto con ellos, espero que me la guarden para la próxima

miércoles, 29 de agosto de 2012

El curriculum de David Heredia


Llega un punto en que muchos de nosotros tenemos que recurrir a cualquier cosa por encontrar trabajo. En este caso, David Heredia, al que no tengo el gusto de conocer pero que ya cuenta con mi admirtación eterna, lo ha hecho de esta manera.



Desde luego talento en este país no falta, quizás sobra... como sobran cientos de personajillos que nos están jodiendo mucho, muchísimo.

David, amigo, si yo pudiera... te contrataba.


martes, 7 de agosto de 2012

El despertar

Los primeros rayos de sol comenzaban a entrar por los pequeños orificios que la persiana de la habitación, casi cerrada, dejaba entrever. Él fruncía el ceño molesto con ese despertar incómodo que lo alejaba del mundo del sueño y lo acercaba inevitablemente a un nuevo día.

Se giró hacia su derecha para esquivar, en la medida de lo posible, la luz que entraba por la ventana. Entonces la vio. Ahí estaba de nuevo, a su lado, dormida como él había estado hasta hacía apenas unos segundos. Desnuda, al alcance de su mano, apenas a unos centímetros de él. Preciosa, con una belleza insaciable, difícilmente describible, perfectamente modelada, esculpida por las manos de un ser superior, porque nadie de este planeta o de otros por conocer habría cincelado esas curvas con ese grado de perfección. Él alargó tímidamente la mano, como si todavía no creyera que aquello estaba sucediendo, que su suerte era tal que podía acariciar esa piel a su antojo, cuando gustase, todos los días de su vida. Con una mezcla de temor e indecisión acercó su dedo índice y lo paso lentamente por la espalda de su amada lo que hizo que se estremeciese. La más bella postal descrita con la yema de una falange se provocaría segundos después, cuando ella, aquel ángel que había caído inexplicablemente del cielo a su cama, se giró y lo abrazó. Un leve susurro salió de sus labios, él no alcanzó a comprender lo que decía, pero tampoco le importó. En aquel momento los idiomas, las palabras, los morfemas, lexemas, las oraciones, las sílabas, las yuxtaposiciones o las figuras literarias, quedaban totalmente eclipsadas por un lenguaje mucho mayor, por un sistema de signos apasionados, basados en besos, caricias, gemidos y abrazos que avergonzaban a los clásicos shakespirianos, humillándolos y dejándolos como vacuas y meras uniones de garabatos sin sentidos. El lenguaje más poderoso volvía a triunfar de repente, en una mañana de verano. Nada podía hacerle frente, de nuevo todo se reducía a lo mismo, la esencia de la vida plasmada bajo las sábanas, cercadas por las fronteras de un colchón y secundada por dos jóvenes amantes que se quisieron durante horas para la envidia del mundo entero. 

martes, 31 de julio de 2012

Partida hacia la guerra

Ahí estaba él, en el umbral de la puerta esperando el momento que tanto había temido durante años. Su madre desconsolada lloraba y su padre se mantenía en un segundo plano con semblante serio y cara de preocupación.

El joven vestía el uniforme y llevaba puestas las botas, la guerra le esperaba más allá de las fronteras de su hogar. Apartó con cariño a su madre que lo abrazaba y que le mojaba con sus lágrimas el hombro. Le dio un beso en la mejilla y le aseguró que no le pasaría nada, que todo iría bien, que volvería a casa sano y salvo.

Avanzó con paso presto y la mirada fija en la puerta. El silencio invadía la casa e incluso su hermanita pequeña, que no pasaba de los dos años, lo miraba con aire incrédulo y expresión de temor. Anduvo con todo el equipamiento necesario: uniforme, botas, mochila con provisiones y todo lo imprescindible para entrar a la batalla, a su primera gran guerra.

Su madre se abrazó a su esposo y ambos miraron distancia al hijo que ya abandonaba la casa. El joven cogió el picaporte y abrió la puerta. Fuera, el autobús con todos sus compañeros lo esperaba, ellos también estaban serios, acobardados por el qué les pasaría allá donde iban. La guerra iba a comenzar pronto y todo el barrio parecía notarlo, se respiraba el peligro, se mascaba la tensión en el ambiente.

Era hora de afrontar su destino, suspiró y se armó de valor. Inició la marcha hacia el transporte que lo llevaba al campo de batalla, no avanzó más de dos pasos cuando se frenó en seco, giró la cabeza y miró a su madre. Con expresión de chulería, esa que había adornado su semblante desde que tuvo memoria le dijo: "tranquila mamá, hay cosas peores que el primer día de escuela"


domingo, 29 de julio de 2012

La carta de amor en el clinex

Estaba seguro, ese día le diría lo mucho que la quería. Se había concienciado durante toda la semana, por fin, le abriría su corazón. Sus amigos habían quedado para comer en el bar que solían frecuentar. El joven entró y ella fue su primera visión, todo lo demás, todo lo que la rodeaba sólo emborronaba una imagen perfecta, única, exquisita, magistral... preciosa. Estaba sentada con un vaso de vino en la mano, increíblemente bonita. Llevaba un vestido azul con rayas blancas que caía casi al nivel de la rodilla. El moreno veraniego había hecho presencia en su cuerpo y se acentuaba más si cabe por el brillo de sus ojos azules. Estaba tan bonita que en un principio estuvo a punto de echar al traste los planes de su enamorado, pero finalmente no fue así. El destino se alió con él y vio como la silla que había inmediatamente a la derecha de Sara (que así se llamaba ella) se quedaba libre. "Es una señal" se autoconvenció.

Avanzó presto y sin dilación a enfrentarse con su destino de una vez por todas. Se sentó junto a ella y la saludó. Ella respondió con una sonrisa espectacular, de película, de cuento de hadas.
Una brisa veraniega surcaba el restaurante y llevó el perfume de Sara hasta las fosas nasales del chico, que se deleitó con él hasta embriagarse profundamente. Estaba locamente enamorado, no había duda sobre eso. No era un amor cualquiera, era mucho más. Un sentimiento único que él jamás había sentido pero que había comenzado a despertar en él hacía casi un año y ahora era mucho más poderoso que nunca. Se había enamorado de Sara desde el primer momento, desde la primera vez que la vio en el comienzo del verano anterior. Había llegado al pueblo a veranear y al mismo verla sintió que se le quebraba el corazón. Hasta entonces no más de unas pocas palabras y algún roce involuntario lo habían mantenido vivo. No sabia si ella le correspondía o no, según le habían dicho sus amigos la cosa pintaba muy bien pero claro, en esto del amor nunca se tiene la certeza absoluta. Así ha sido siempre y siempre así será.

Un estornudo surgió de su boca y el chico se interesó por ella con un "¿qué te pasa?" y ella le comentó que siempre por esa época solía coger algún catarro sin importancia por el brusco cambio de temperatura. A él le pareció tremendamente dulce, pero claro, su objetividad hacía tiempo que había sido asesinada por la cursilería romántica.

La noche avanzó entre copas de vino, risas y deliciosos platos. El chico sabía que era ahora cuando debía actuar, cuando tenía que decirle todo lo que sentía, todo lo que la amaba, todo lo que iba a hacer por ella: cuidarla, protegerla y quererla hasta el fin de los tiempos. Pero no era tan sencillo. Aunque le había costado siete días y siete noches tomar la decisión, no había caído hasta aquella noche cómo lo haría. El ambiente no era el más propicio para hacerlo directamente, quizás con un mensaje en el móvil... sí, eso podría ser hasta romántico: escribirle un mensaje aunque la tuviera al lado, algo más o menos como: "Te quiero como nunca he querido y como no creo poder volver a querer. Después alargo el mensaje pero quiero que lo sepas" 140 caracteres que le hicieran una primera idea de por donde iban los tiros. ¿Lo tomaría bien? ¿era un poco precipitado? ¿le correspondería?. Entonces cayó en la cuenta de que ella no tenía el bolso encima. ¡Maldita sea! lo había dejado colgado en la silla y probablemente no oyese el sonido y tuviera que esperar hasta más adelante y eso conllevaba un riesgo implícito: podría ser que entonces no estuviera sola.

Así que se armó de valor, cogió una clínex de su bolsillo y le pidió un bolígrafo, ella extrañada se lo dio. Le escribió en menos de 50 palabras todos sus sentimientos (más o menos) le explicó (más o menos) todo lo que había sentido y le pidió (más o menos) que ella le contestase con todo lo que sentía por él (más o menos). En ese papel viajaban todas sus esperanzas, sus sueños, todos y cada uno de los sentimientos que su pequeño corazón albergaba. Ahí iba media vida, en un papel esponjoso y suave con el que se podía limpiar el culo literal y metafóricamente. 
La miró, le tocó en el hombro y con una expresión de felicidad patente se lo entregó: "toma, aquí tienes" fueron sus últimas palabras. Ella, con otra sonrisa de oreja a oreja y con una mirada que hubiese enloquecido al más casto y puro de los hombres contestó: "muchas gracias".

Inmediatamente después, lo abrió y se sonó la nariz con él. Una mancha de tinta en la cara de su amada fue lo único que quedó de esa declaración de amor y, por qué no decirlo, de la poca dignidad que le quedaba a nuestro querido protagonista.

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