miércoles, 23 de febrero de 2011

La noche que te conocí

De entre todos los recuerdos bonitos que tengo de mi vida, sin duda alguna, guardo con especial aprecio la noche en que te conocí. Recuerdo perfectamente cada detalle:

Sería aproximadamente la una de la mañana. Fuera del bar donde el destino quiso que nos conociéramos, llovía. Era, sin embargo, una lluvia suave, casi como el rocío de la mañana que apenas acaricia tu piel y humedece tu cabello. Un suave goteo invadía las calles de la ciudad donde tuvo Dios a bien hacernos coincidir. Entraste con el pelo mojado, todo el bar, lo recuerdo como si fuera ahora, se quedó prendado de ti. Los hombres que compartían la barra conmigo comenzaron a cuchichear sobre tus ojos que irradiaron la luz más pura que jamás hubo en aquel antro. Tus labios consiguieron que los pocos especímenes del género femenino que había por allí se reconcomieran de envidia. Yo me quedé prendado, desde entonces hasta que mis dedos escriben ahora mismo estas líneas, me has tenido roto, inservible más que para quererte y servir mi vida a la inestimable causa de intentar hacerte feliz.

Anduviste hasta mí mirándome fijamente a la cara mientras que yo, que hasta entonces me las daba de valiente, tuve que apartar la vista por rubor ante tan precioso semblante. Te acercaste a la barra y pediste una cerveza. El sonido de tu voz dejó perplejo al camarero que, incrédulo de que tan bella criatura osase pisar su bar, tuvo que asegurarse con un "¿perdone?". "Una cerveza, por favor" volviste a repetir. Él seguía obnubilado pero obedeció tus órdenes como cualquier persona cuerda haría en aquel momento. Me miraste de reojo y un escalofrío recorrió mi cuerpo. Un "hola" se coló en mis oídos y erizó mi piel como un soplo de aire fresco en una calurosa noche de verano. Comenzaste a hablar. Yo balbuceaba palabras inconexas y eso, por muy lamentable que me pareciera a mi, consiguió hacerte reír. Me enamoraste con el "me llamo..." y me destrozaste al decirme "¿te gustaría cenar conmigo mañana?"

Y desde entonces la vida de un hombre cualquiera, la fatua y vana existencia de un pobre mortal, se convirtió en el más placentero sueño hecho realidad. Tus caricias, tu sonrisa, tus besos, tu piel, tus ojos, tu boca, y todo tu ser; no;hicieron más que reafirmarme en el mundo, darme a entender que Dios me había postrado ante su más bella creación para luchar por ella, hacerla feliz y prestar, cual caballero andante, mi vida a defender a esa preciosa damisela. Un destino que orgulloso y prendidamente enamorado, cumplo hasta que Él me llame a su lado, a rendir cuentas y a agradecerme el haber dedicado mi vida a la más encomiable de las misiones: luchar porque seas feliz.

viernes, 18 de febrero de 2011

La triste historia de Toby, el perro infeliz

De entre todos los seres que poblamos el planeta, hoy os vengo a contar la que, con casi total probabilidad, sea la historia más desoladora de las que esta vida nos ha ofrecido. La historia de Toby, el perro infeliz

Toby nació en una familia de clase media después de que un perro callejero dejara preñada a su madre una tarde que ella se escapó un par de horas de casa. Tuvo una vida muy triste, ni siquiera se molestaron en currarse un nombre decente, le pusieron el puto nombre que todo el mundo pone a su perro. Además, como el embarazo de su madre no era deseado (ni por la madre ni tampoco por la familia) y ante la imposibilidad de regalarlo a otra persona, el padre de aquella casa decidió sacrificarlo tirándolo al río. La hija de aquel hombre sin escrúpulos, la única junto con su madre que le demostró algo de amor a Toby en su triste vida, se opuso a ello, pero no pudo conseguir que finalmente su padre lo arrojara al caudal. Aquel hombre malvado llevó a Toby y a su madre hasta el río y lo arrojó al agua ante la incredulidad de la perra que, en ningún momento, se imaginaba que el paseo iba a tener por finalidad asesinar a su cachorro. Toby cayó al agua y comenzó a nadar torpemente para no ahogarse. Su mamá se lanzó inmediatamente a rescatarlo. El cachorro se agarró como pudo a un tronco y logró mantenerse a flote a pesar de la fuerte corriente. Su madre sin embargo no tuvo tanta suerte y murió ahogada bajo la mirada de su hijo que, con lágrimas en los ojos, contemplaba la muerte de la única familia que tendría de ahí en adelante.

El perro deambuló por las calles de una ciudad a la que llegó días después de esa tragedia. Como no era precisamente guapo nadie se fijó en él y se las tuvo que apañar como bien pudo para llevarse algo a la boca. Entre paliza y paliza de los encargados de los restaurantes a los que iba a rogar alimento se encontró con un vagabundo borracho que lo adoptó. El hombre, que bebía como un cosaco, lo apaleaba día si y día también, pero Toby no tenía otra opción que aguantar los varazos que su dueño le propinaba con tal de poder alimentarse con las sobras de las latas de conserva caducadas que comía.

Pasaron los años, cada cual más triste que el anterior y, un buen día, su dueño amaneció muerto tras una sobredosis de cocaína. Toby, que siempre tuvo un gran corazón, lo veló durante semanas ya que, aunque probablemente había sido el peor amo de la historia, lo quería por ser lo único que había demostrado algo de afecto a ese desdichado animal.
Tras pasar el tiempo volvió a la calle a vagabundear y, el destino quiso que por fin, de una vez por todas, nuestro protagonista conociera la felicidad. Una preciosa perrita que también había sido abandonada se fijó en él e inmediatamente se enamoraron. Estuvieron juntos durante todo una semana, correteando por los verdes prados, acurrucándose en los portales de las casas que encontraban abiertas para guarecerse del frío, amándose y queriéndose. Sin embargo, el séptimo día, cuando Toby creía que por fin se hacía justicia y encontraba la felicidad, su pareja comió sin querer un veneno que algún desaprensivo dejó en el jardín donde aquella noche habían hecho el amor desenfrenadamente. La vio morir lenta y dolorosamente y notó su sufrimiento como propio. La dejó con el último aliento y, de nuevo con lágrimas en los ojos, pensó que la vida ya no tenía sentido. Así que dejó todo en manos del destino: se jugó su vida ante el azar y decidió intentar cruzar la autovía para probarse ante el karma. Si lo conseguía, significaría que el destino le ofrecía otra oportunidad, si no, todo acabaría como en ese momento deseaba. Se puso en una punta de la carretera y tomó aire. Dio un par de pasos y, como no podía ser de otra manera, el primer camión que pasó por la carretera destrozó en mil pedazos el escuálido cuerpo de Toby. Días después, el encargado del mantenimiento de la autovía, encontró únicamente el corazón del perro, un corazón que era asombrosamente grande en comparación con su cuerpo, un corazón de un perro que nadie recordará pues no hubo atisbo alguno de tregua en su vida, todo fueron calamidades desde que nació hasta que murió en aquel mar de asfalto.

PD: En el título lo ponía claro “La TRISTE historia de Toby, el perro infeliz”, así que no me vengáis con las quejas

miércoles, 16 de febrero de 2011

La lección más valiosa de la vida

Los chicos de Malviviendo (@malviviendo)nos enseñan la que, con casi toda seguridad, sea la lección más importante en la vida de todo hombre

Aquí la tenéis

sábado, 12 de febrero de 2011

El Manisero

Hoy os dejo por gentileza de David Vinuesa un pedazo de vídeo espectacular. Se lo dedico a todos esos hombres que siguen utilizando el arte de la danza como arma de seducción masiva.



Observese como el ave en cuestión, utiliza su danza hasta que consigue 'enganchar' a su hembra y después, habiendo ya (creemos) copulado (muy rapidamente eso si) sigue con el ritmo en el cuerpo celebrando su conquista. Muy crack

jueves, 10 de febrero de 2011

100 cosas que tengo que hacer antes de morirme (nº 61)

Una de las razones por las que estaba deseando volver a Madrid era para poder terminar otra de las cosas de mi lista, más concretamente la número 61: "Dejar una nota en un libro de la biblioteca y esperar respuesta".

No lo quería hacer demasiado fácil. No deseaba llegar y escribir una cartita dentro de un libro, lo veía demasiado sencillo. Así que lo he complicado un poco más (ahora pienso que lo he complicado demasiado). Bueno, el caso es que he cogido un libro en honor a Madrid, probablemente el que más me ha gustado en los cinco años que llevo por aquí y he escrito la primera 'mini nota' que lleva irremediablemente al segundo libro(siempre y cuando tengas unos gustos cinematográficos decentes).

Esta segunda pista, algo más complicada de encontrar en el libro, lleva a la definitiva, a la obra por antonomasia de mi infancia, la primera novela que leí hace ya bastantes años. Ahí me 'encuentras' casi con total seguridad.

Es complicado, lo sé. Quizás puedas decir que es cas imposible que alguien lo encuentre, pero así es creo yo, mucho más romántico cuando dentro de unos meses, años o décadas, una chica preciosa llame a mi puerta y le abra, quedándome irremediablemente prendado de esa sonrisa que iluminará el día. Me mire a los ojos, me rompa al instante y, dos segundos después, me termine de destrozar cuando me diga: 'Leí tu nota, te encontré y ahora créeme, que jamás me separaré de ti'

PD: Reíos ahora panda de cabrones, ya me reiré yo después

lunes, 7 de febrero de 2011

El limón de la prada

Con este hiper ingenioso título, quiero dar a conocer (para el que todavía no los conozca) a dos grandes de la risa, la estupidez, la barbarie, el humor, el periodismo y todo lo demás (si chicas, todo lo demás). Hoy me complace presentaros el blog de dos amigos: Alberto Martín y Felipe Pradas.

Al primero lo conocí este verano en la Opinión de Murcia. Un grande entre los grandes, murcianista de pro y raulista frustrado (porque aunque lo intente ocultar no engaña a nadie). Su blog se denomina como él en Twitter, www.limonmecanico.com ... los twittéfilos podéis encontrale aquí

El segundo lo conozco de más tiempo. Todavía no se ha hecho Twitter pero cuando por fin se decida lo petará a buen seguro. Un blaugrana de corazón y extrañamente también, buena gente. Un grande que Vive un calvario

Disfrutarlos y seguirlos que son la remilpolla

domingo, 6 de febrero de 2011

Manolito Caramierda

Os dejo un temón de Poncho K, al que conocí gracias a @ArturoDminguez y que podéis dedicar para joder un poco, a todos los Manueles, Manolitos o Manolacos que conozcáis. Yo se la dedico a mi amigo @loloq3



Está al revés, pero el único video que me dejaban insertar (veremos lo que tardan en quitarlo). Si queréis verlo en mejor calidad AQUI

Además salen los de Malviviendo, cojonudo ¿verdad?

jueves, 3 de febrero de 2011

Cosas curiosas de mi Facultad (el cuarto poder)

Hoy es un día especial, es un día en que me doy cuenta de cuanto poder tengo con este blog. No lo había pensado ni me había percatado hasta ayer, pero ¿por qué no decirlo? Soy el puto amo.

Para comprender la actualización es necesario que leáis primero otra que hice hace unos meses, en la que escribía ESTO.

Ahora las cosas han cambiado, mejor dicho, los millones de visitas y el poder de Los Momentos al Pedo ha crecido hasta tal punto que ayer, cuando regresaba apenas dos meses después a Madrid a hacer un exámen me encontraba esto:



Efectivamente queridos amigos, han cambiado los precios. La crítica feroz que desde aquí hemos hecho a esas tarifas absurdas que habían puesto en la cafetería, ha surtido efecto y el gremio de hosteleros gordos-grasientos de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid ha entrado en razón. No es necesario que me deis las gracias, me siento agradecido sabiendo que hago bien mi trabajo.

PD: Algún puede pensar que yo no he tenido nada que ver y que era sólo cuestión de tiempo que esto cambiase, para todas esas personas y, parafraseando a un grande, les digo: "Mierda pa´vosotros"

martes, 1 de febrero de 2011

100 Cosas que tengo que hacer antes de morirme (nº 49)

Hoy es un día importante, hoy vuelvo a tachar otra cosa de mi lista de sueños e ilusiones, que elaboré hace ya más de un año. Esta vez le toca el turno a la número cuarenta y nueve: Armar un cubo de Rubick



Después de cuatro días de cabreo constante, de ida y venida de caras, aristas, vértices y recuerdos más o menos cariñosos hacia Erno Rubick, lo conseguí. Ha sido duro, muy duro; pero ya está hecho.



Aquí podéis ver mi cara de sueño, desgana por la vida pero profundamente alegre por la gesta. Al lado @ArturoDminguez perplejo, observa el meritorio trabajo. ¡Qué gustazo oye!...


PD: Agradecimiento especial a Maca (@macaflai) que sin ella no hubiese sido posible nada de esto

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