martes, 31 de enero de 2012

El viaje en tren

El tren se tambaleaba por la velocidad en el viaje de vuelta. Él, sentado en el último asiento del vagón, observaba las cabezas que sobresalían de las butacas. Un par de decenas de personas compartían aquel lugar móvil que los alejaba de una ciudad para acercarlos a otra. En la televisión, una oscarizada película de muy bella factura amenizaba el viaje: “por fin buen cine en el tren” – pensó.

Sus pensamientos comenzaron a llevarlo a otros lugares, como siempre solía ocurrir en estos casos. Comenzaba a pensar en qué pensarían (valga la redundancia) sus acompañantes. Volvía a filosofar sobre la vida mientras era mecido por aquella montaña de acero que surcaba la península a doscientos cincuenta kilómetros por hora. Gente que se había cruzado en su vida y que, probablemente, no volviera a ver jamás… o quizás si, quien sabe. Siete mil millones de personas en este mundo y coincide con veinte en ese lugar tan comparativamente pequeño. Sólo ve coronillas asomar y se distrae imaginando qué pensamientos, sueños, sensaciones y emociones, habrá dentro de cada una de ellas. La películas avanza, al igual que lo hace el tren. La noche ha invadido ya el paisaje manchego y sólo las luces artificiales de algún pequeño poblado dan a entender que la civilización sigue ahí fuera inmóvil, impertérrita, sin enterarse de lo que está sucediendo en ese motorizado vehículo. Allí fuera, también habrá gente, cientos, miles y millones de personas con historias que contar y con mucho que enseñar y, probablemente, jamás nadie las escuche. Él sigue avanzado y los deja atrás, vuelve a encerrarse en los pensamientos y en las reflexiones estúpidas que rondan su cabeza. Otro día ha pasado, pero de éste, al menos en cierta parte, quedará constancia.

Deja aquí, en estas líneas, testimonio de su tren y de sus acompañantes, todos anónimos, pero los que el destino quiso que sacasen un billete parecido al suyo y con ello entrar en la posteridad, cual actores secundarios de una obra de cuarta categoría. Pero algo es algo, no queramos ser todos Romero, Hamlet o Ulises; historias así no se ven ni todos los días ni en casi ninguna de las vidas, nosotros nos conformaremos con seguir viajando y seguir escribiendo

lunes, 23 de enero de 2012

Volviendo a la cafetería

Volvía a casa en el bus, apesadumbrada e inquieta, algo le rondaba la cabeza. Había abandonado a su novio no hacía ni cinco minutos y probablemente fuera eso. Ya todo había acabado, no era lo mismo que al principio, la magia se había ido y el fuego estaba extinto. Volvía mirando a los peatones que, alegres, paseaban por la ciudad impasibles hacia el resto del mundo, preocupados de sus preocupaciones, de nada más. Ella notaba que algo no iba bien, lo podía sentir dentro, muy dentro. En un momento dado, abrió los ojos fuertemente, accionó la alarma de emergencia del autobús y rogó al conductor que se detuviese. Quizás aún no era demasiado tarde.

Bajó como alma que lleva el diablo del coche y corrió como una loca en sentido contrario, hacia la cafetería donde minutos antes le había roto el corazón a una persona. "Quizás todavía no fuera demasiado tarde, quizás aún estuviese allí", volvió a repetirse. Corría y corría esquivando gente a raudales, pequeños trozos de humanidad que intentaban frenar su camino... pero no lo conseguían. Estaba exhausta, cansada y total y absolutamente asustada, pero la cabeza y el corazón le decían una y otra vez: todavía está allí.

Por fin llegó a la puerta principal del café, la abrió y entró deprisa. Vio a Ramiro, su ex novio, sentado en la mesa donde habían dado por finalizada la relación. Tenía las manos en la cara, parecía que había estado llorando. Se acercó lentamente a él, no quería herir más sus sentimientos. Él levantó muy lentamente la cabeza y la vio, pensó que quizás no todo estaba perdido, que el amor de su vida había vuelto y que a lo mejor, aún había esperanza para ellos.

- ¡Has vuelto! - dijo el chico con lágrimas todavía en los ojos pero con una sonrisa de oreja a oreja
- Eh... si... perdona, es que he olvidado el bolso.

martes, 17 de enero de 2012

Puteando a los niños (segunda parte)

Hace unas semanas puse AQUÍ MISMO un vídeo cojonudo de un programa americano. En él, los papás confesaban a sus niños que se habían comido todas las chucherías y golosinas que ellos habían conseguido con esfuerzo y tesón la noche de Halloween. Hoy, os traigo la segunda parte. Ahora, los muy cabrones, les meten a sus hijos (si, si a sus propios hijos) regalos de Navidad lamentables y ... bueno, mejor verlo por vosotros mismos




Y la segunda parte, que para estas cosas siempre se anima mucha gente

miércoles, 11 de enero de 2012

Visto en Murcia

El otro día, paseando por Molina de Segura me encontré esto en el suelo



En Murcia no hay 'alumbrado' hay 'alumbrao'... que pa´ eso semos panochos

lunes, 9 de enero de 2012

El topo a quien cagaron en la cabeza

El otro día andaba yo en la sección de libros de El Corte Inglés, ojeando las maravillas de la literatura contemporánea y clásica, cuando me encontré, en la sección infantil, un libro que me llamó la atención.



El libro en cuestión se titula: "El topo que quería saber quien se había hecho eso en su cabeza" Mi primera sensación fue de curiosidad. No entendía demasiado bien qué era lo que adornaba la cabeza de aquel topo, con lo que, como cualquier curioso, empecé a ojear las pocas y acartonadas páginas de aquel libro infantil. Mi duda quedó resuelta en la primera hoja: al topo le habían defecado en la cabeza... si amigos, todo el libro, repito, 'infantil' trata sobre la gran aventura del topo por averiguar quién le ha cagado en la cabeza. El protagonista, busca desesperadamente saber quién ha sido el autor de semejante fechoría y se dedica durante todo el libro a analizar los escrementos de los distintos animales. ¿No os lo creéis? aquí os lo dejo



Cuando el mal gusto se apodera de la sociedad es muy difícil sacarlo de ella.

miércoles, 4 de enero de 2012

martes, 3 de enero de 2012

Tres clases de mujeres según el 'Negro'

Muchos de vosotros quizás no conozcáis al 'Negro'... mal, muy mal. El Negro es el protagonista de la maravillosa serie en Internet, Malviviendo.

Hoy os dejo unas clases particulares que el sabio de Las Palmas nos regala. Os reproduzco parte del texto y os paso el vídeo para que lo disfrutéis.

"El varón medio, como normal general, sale de fiesta con la perspectiva de tener una noche completa. El pack consiste básicamente en alcohol, fiesta y sexo. Con el tiempo uno aprende a comprender la situación, como el león que espía la manada de Ñus antes de correr a quedarse con el más sabroso. En esta jungla, las mujeres de la noche se pueden dividir en tres clases:

1) Por un lado están las cobras. Es fácil reconocerlas: bailan seguras de sí mismas, sin mirar a su alrededor. No les hace falta, porque ya son el centro de una minigalaxia de buitres que pasan la noche girando en sus órbitas. Ellas bailan sexuales y defensivas, como auténticas Queen cobras

2) Luego están las hienas, resignadas a probar suerte con la carroña matutina. Se reconocen porque como nosotros, no paran de buscar entre la gente alguna mirada cómplice que las haga sentirse humanas. Eso sí, a diferencia de las cobras, ellas son únicas, parece que se rompió el molde después de crear a cada una... gracias a Dios.

3) Y por último están las más interesantes: las Sisis. Antigüas hienas convertidas, por mera travesura del tiempo y la genética, en cobras dóciles. A veces, ese paso se da tan rápidamente que éstas no son conscientes de la situación o tal vez, simplemente, quieren recuperar el tiempo perdido. Se reconocen porque no se han desprendido del 'tic' de mirar a su alrededor. Éstas son mi especialidad


Si queréis ver el capítulo entero os lo dejo aquí. El fragmento del que os hablo está a partir del minuto 8:37. Disfrutadlo

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