miércoles, 15 de julio de 2020

Guerra en verso

Se declara una guerra
sin armas, banderas ni soldados.
Tu mirada fija en la mía,
el carmín enrojeciendo tus labios.
Tus manos, serenas,
las mías, tiritando.
La piel erizada, el mundo varado,
el alma desnuda, el pulso acelerado.
Siento que me hieren,
sin que suenen bombas ni disparos.
Te sigues acercando y
lo tengo más y más claro:

Acabo de perder la guerra
sin que la batalla haya comenzado.

Me miras a los ojos
desde el pelotón de fusilamiento.
Me apuntas con el dedo,
sin rubor ni miramientos.
Te acercas, despacio,
quitándome el aliento.
Cierro los ojos y los noto:
tus labios besándome muy lento.
Quería salvarme pero, me temo,
me arrastras al infierno.
Y, claro, me dejo llevar
sin dudas, sin prisas, sin frenos.

Que pase lo que tenga que pasar...
carguen, apunten... ¡fuego!

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