domingo, 7 de junio de 2015

El momento que lo cambió todo

El jolgorio y la dicha se palpaban en el ambiente como siempre que se reunían todos al calor de la música y el alcohol. Él estaba apoyado en la encimera con un vaso de wisky en la mano y una sonrisa en la boca. La gente bailaba o charlaba, o hacía ambas cosas a la vez. La noche se ennegrecía más y más mientras el olor a verano comenzaba a empapar las fosas de nasales de un pueblo que se preparaba para su fiesta más grande. Todo seguía tan maravillosamente normal, tan placenteramente inamovible que, por un instante, el chico pensó que el tiempo no pasaba por ellos. Qué equivocado estaba.
Una de sus amigas se fue directa hacia los mandos del equipo de música y bajó el volumen de los altavoces. “Chicos, alguien os tiene que decir algo”. dijo en voz alta. Una punzada de terror atravesó el corazón del muchacho mientras los quince o veinte del grupo guardaron silencio sepulcral ante un momento que, sin todavía saberlo, cambiaría sus vidas para siempre.


“¡No!” gritó él cuando su amiga comenzó una frase con “os tengo que informar que el año que viene…”. “¡¡¡No!!!” volvió a exclamar otra vez con la esperanza vana de poder acallar ese mensaje inconcluso que lo cambiaba todo, que los llevaba a una madurez a la que no quería llegar jamás. Pero no puedo hacerlo. Al final, la chica que había vivido junto a él desde que su memoria alcanzaba a recordar terminó el anuncio con ese previsible “me caso” que tanto pavor le daba a él y que ponía punto y final a la época más maravillosa de sus vidas.


Así era, se casaba. La primera boda en un grupo de amigos de toda la vida, el momento más esperado por todos desde siempre. Pasaron por su cabeza miles de recuerdos en los que todos habían apostado quién sería el primero o en qué año sucedería. Y ahora estaba pasando de verdad.

Se alegró tremendamente por ella, ténganlo ustedes bien claro. Una mujer maravillosa que encontraba a alguien que la merecía, cosa que no era para nada sencillo. Sin embargo, aquel síndrome de Peter Pan que lo atenazaba se acentuaba con cada abrazo que ella recibía, con cada felicitación que le daban, con la mirada que él no podía quitarle pensando qué rápido pasa el tiempo y qué mayores se estaban haciendo.

La noche pasó como lo hicieron tantas antes y tantas otras lo harán después. A todos nos pareció que esa fiesta era especial, pero ninguno quiso o pudo comprender que ese instante fue el último de una época increíble; que ahí, en ese local que tantos momentos ha presenciado, terminaba nuestra infancia y comenzaba a tomar forma una etapa nueva que traerá cambios profundos. Ese fue el final de las noches en el parque, los besos a escondidas, los pantalones de campana, los botellones en descampados y los sms; el momento en que nos hicimos formalmente adultos. Apenas duró un segundo, pero permaneció toda la vida.


Y desde la más profunda melancolía el chico imploró al cielo tres cosas: que su amiga irradiase siempre la felicidad que desprendía esa noche, que la etapa que se abría fuera la mitad de feliz que la que se cerraba y, sobre todo, que cualquier momento que haya de venir lo viva junto a ese grupo de amigos que siempre estuvo ahí y sin el que no podría levanarse cada mañana.

miércoles, 3 de junio de 2015

La noche más mágica

Creo que es deber de cualquier elcheño dar a conocer las cosas buenas que tiene su pueblo. Yo, llevado por ese sentimiento de semi patriotismo rural que llevo escondido en lo más dentro de mí, me he animado a hacerlo de la única forma que, más o menos, creo que podría contribuir a la causa. Os dejo una pequeña carta que me han publicado en La Tribuna de Albacete (mañana la tendréis en el periódico también, por si queréis comprarlo) animando a todo el mundo a no perderse el próximo sábado la que sin duda es la tradición más bonita que tiene Elche de la Sierra: las Alfombras de Serrín.



La cosa comienza así:

La noche más mágica 

"Así, tal y como reza el título de este texto que comienzo a escribir a pocos días de que comience una de las fiestas más bonitas de cuantas se reparten por el territorio nacional, podría definir lo que se vivirá el próximo sábado en las calles de Elche de la Sierra: pura magia.
A los que ya conozcan la tradición de las Alfombras de Serrín no hará falta convencerlos de nada, puesto que no recuerdo a nadie que, habiendo vivido en sus propias carnes la belleza del proceso de fabricación de las mismas, no haya quedado absolutamente maravillado por el mismo. A los que no lo han disfrutado, sólo me queda animarles a hacerlo prometiéndoles, sin miedo a equivocarme, que la experiencia merecerá la pena, que gozarán y se asombrarán con una de las tradiciones más bonitas, afanosas y delicadas de cuantas se conocen a lo largo y ancho de la geografía española"

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lunes, 18 de mayo de 2015

Seiscientos mil

"Con los kilómetros que lleva mi coche podría ir a la luna, hacer escala, y sólo me faltaría menos de una cuarta parte para poder volver a la tierra". No, no es una fanfarronada de una noche de copas, es la pura verdad.


Cuarenta y siete vueltas al mundo son demasiadas. Muchas, muchísimas. Tantos kilómetros a las espaldas, tantos buenos momentos, tantas grandísimas experiencias que sería difícil resumirlas en una entrada.
En alguna ocasión temimos por su vida, pero siempre ha sobrevivido, siempre ha estado ahí siendo mi aliado más fiel, soportanto temeridades con buena cara y sin dar problemas. Lo llegaron a llamar 'El coche invencible', per más tarde ese apelativo se quedó corto y pasó a ser conocido como 'El coche inmortal'. Ahora, el día que bate todos los récords, parece que incluso ese adjetivo no le hace justicia.
Para mí simboliza los mejores años de mi vida, el amigo que me llegó con dieciocho años y que hoy, diez después, todavía me sigue acompañando todos los días. Ojalá esté junto a mí mucho tiempo más, ojalá jamás se vaya, ojalá le demos la vuelta a ese cuenta kilómetros y, sobre todo, ojalá vivamos en esta próxima década la mitad de los grandísimos momentos que hemos vivido los dos en la anterior.

martes, 12 de mayo de 2015

El primer beso

Tantos años ansiando besar esa boca que no le importó esperar un segundo más para deleitarse con el instante en que, por fin, se hacía realidad.

Sintió que el tiempo se ralentizaba mientras ella, sonrojada, cerraba los ojos a la espera de recibirlo. Él la miró en secreto, volviendo a rememorar ese instante antes del primer beso que no vuelve a repetirse nunca más, que sólo pasa una vez en la vida y que, después, se evapora como el rocío en una mañana de verano.

La besó con tanto mimo que le pareció cursi, forzado o incluso feo. Había tantos recuerdos presentes en ese instante que, por un momento, la presión pareció demasiado... y quizá lo fue.
El contacto inicial entre sus labios le supo a gloria bendita: demasiadas noches soñando con esa boca, demasiados días rezando a cualquier ente superior que pudiera escucharlo que se la concediese aunque sólo fuera un segundo. Había anhelado tanto sentirla, rozarla, morderla y desgastarla que ahora no podía pensar en nada más que un millón de años haciéndolo sin parar. Pero no hubo tanto tiempo... al menos por el momento.

Ella se marchó por primera vez después de media vida esperando que llegase, quizá por eso a él no le pareció tan terrible dejar que se fuera: "si se va es porque ha venido, y si ha venido hoy quizá vuelva mañana" se autoimpuso aún con su sabor presente en la comisura superior de una boca enmudecida y extasiada. 
Comenzó a andar todavía con el recuerdo de sus ojos perdiéndose en los suyos, de aquella nuca al aire que quería devorar, de ese cuerpo del que no podía pensar en otra cosa que tener desnudo entre sus manos. Anduvo por las calles obnubilado por una mujer que llevaba demasiados lustros en su cabeza y ahora, gracias al cielo, había tenido tan cerca que creyó que la podría hacer suya para siempre.
Eso le hizo pensar y darse cuenta de que cuando creía que no había instante mejor que el previo al primer beso, comenzó a entender que podía ser que estuviera equivocado y que, después de todo, el resto de los que le quedaban por dar pudieran igualar o incluso superar al inicial. Eso sólo lo sabrían con práctica... y cuanto antes empezasen a practicar mucho mejor.

viernes, 8 de mayo de 2015

Viernes

El viernes empieza a repuntar como un escalador escapándose del grupo en la subida del Tourmalet y dejando tras de sí un rastro de monotonía que parece disiparse con cada hora que avanza el cronómetro, con cada pedalada que damos hacia el final de otra semana más que se perderá en la memoria de un universo tan infinito como olvidadizo.

Las terrazas comienzan a llenarse de gente deseosa de llevarse a la boca el sabor amargo de la cerveza y contemplar las piernas de medio millar de mujeres que ya las lucen al sol otra vez. Una maleta se cierra en algún hogar mientras otra se abre a cientos de kilómetros al sur. La ropa ocupa menos espacio que hace unos meses, aunque bien es cierto que él nunca necesitó demasiada para viajar. Y cada vez necesita menos, gracias a Dios.




La calle lo recibe tórrida y pesada, con un bochorno que lo hace sonreír al recordar que, no hace mucho tiempo atrás, la lluvia le golpeaba en la cara y las nubes no lo dejaban ver el sol. Ahora el mar es azul, el cielo es celeste y esos nubarrones molestos y tristones se han ido muy lejos para no volver. Al menos de momento.

Ya no quedan jerséis en su armario, los abrigos se guardaron en el gabanero hace días y los calcetines gruesos, las bufandas y los guantes se antojan animales mitológicos o protagonistas de antiguas leyendas rurales más fantásticas que reales, más apócrifas que tangibles.

El sol brilla, la gente sonríe, los cuerpos se tuestan, la cerveza fluye, los días se alargan, las noches se hacen más calurosas, los besos se vuelven imprescindibles, los recuerdos se emborronan, el frío no existe, mis labios aún saben a ella, su blusa de flores no se borra de mi mente, el deseo de su cuerpo desnudo me abruma, el sabor a verano se enclava en el paladar, el turrón deja paso al helado, la lana a la seda y el lunes a un viernes que viene ansioso de que salgas a la calle y lo exprimas como una naranja repleta de zumo. Así que espabila y corre… que el tiempo vuela.