martes, 2 de noviembre de 2010

Cosas curiosas de mi facultad (El racanismo puro)

Hace ya un mes que me he trasladado a Murcia y dejado atrás la, llamémosla 'incalificable', Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense de Madrid. En mi último viaje a la capital del reino, volví a disfrutar de otra de las curiosidades que, durante cinco años, me ha ofrecido ese edificio tan feo como el sobaco de Masiel.

Esta vez mi sorpresa salió a la luz en una de las salas más transitadas por los estudiantes, la cafetería. En ella, hay unas maquinitas donde al introducir el precio (en moneda o billete claro) sale un ticket y con él puedes acercarte a la barra a coger lo que has pedido (es que esto lo lee gente de pueblo que no sabe que es una máquina expendedora). Los precios habían cambiado un poco, algo así.





Efectivamente los cerdos han puesto todos los precios uno o dos céntimos más caros con la única intención de dar por saco. Ahora cuando compras un café con leche, tienes que meter 80 céntimos para que devuelva 4 monedas de mierda, que no te sirven para la próxima vez, ya que los bastardos encima que no paran de tocar los testículos, saben que la 'maquinita' no acepta monedas de uno o dos céntimos. Ahora que tontos no son, el día que fuí ya había un vasito en la mesa para que la gente dejase los céntimos ahí. Pero no os creáis que ese dinero va para obras benéficas ni para curar el Ébola en el Congo, no señor, los gordos cabrones se lo guardan para zampárselo en cerveza y coñac. Ahora que conmigo la llevan clarica, antes prefiero donarlo para la asociación de terroristas islámicos que dejarlo en ese vaso...

Vaya cabreo tonto me he pillao oye, y eso que ya no estoy en Madrid, no quiero pensar cómo estarán los que lo vivan siempre

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