jueves, 6 de junio de 2013

Mi periodismo (IV)... el futuro

Cierro hoy este breve repaso a lo que ha sido mi experiencia en el mundo del periodismo, con una visión personal de lo que creo que es el futuro de esta profesión. Quisiera no tener que concluir esta serie de post con una imagen tan negra de lo que pienso que se avecina pero, por desgracia, no me queda más remedio.

La crisis actual está consiguiendo que el paro en el sector de los medios de comunicación tome cotas hasta hace unos años impensables. La irrupción de internet y la disminución de publicidad en los medios hace que sea insalvable la desaparición o las restructuraciones de casi todos ellos. El futuro laboral es negro y el de los contenidos no es mucho mejor, es más, me atrevería a predecir que será, de aquí en adelante y como ya se va notando, mucho peor.
La triste realidad es que el periodismo dejó de buscar contenidos de calidad para centrarse en que crezca la cantidad. El sino de la televisión, la radio o la casi al borde de la muerte prensa escrita, se ha convertido en vender cada día más cueste lo que cueste. Necesitan sobrevivir a la espantada que sus anunciantes han hecho y el vender más ejemplares que su competencia es la única manera de volver a atraerlos (ningún periódico sobrevive únicamente con lo que cuesta, es decir, no hay autofinanciación posible). La cantidad predomina y, en un país con un índice de telebasura tan abrupto como España, la única manera de llegar a más gente es esparciendo estiércol en vez de noticias. El amarillismo se apodera de todos y cada uno de los medios que tienen que recurrir a personajes que nunca simbolizaron el verdadero sentir de esta profesión para llegar un párrafo más lejos que el rival. La crispación, la guerra de guerrillas y el ahondamiento en la chabacanería se han apoderado de casi todos los frentes del periodismo: ya es inmensamente patente en la prensa rosa, casi absolutamente también en la deportiva, muy abultado en la nacional y está siendo introducido poco a poco en la económica, cultural o internacional.
Lo chabacano vende y hay que vender para sobrevivir. Aquí nace el principal problema del mundo informativo actual.
Los contenidos giran en torno a la opinión y las noticias se sacan a la palestra sin contrastar y con la única intención de ser los primeros en hacerlo. Merece estudio la cantidad de noticias absurdas que se han colado en los medios de comunicación a través de las redes sociales únicamente por la prisa de los periodistas de obtener la primicia. Vemos como una ‘exclusiva’ lo viene siendo en tres o cuatro cadenas de televisión a la vez y cómo el debate ha dejado fuera a los protagonistas para encumbrar en el género periodístico más parcial, la tertulia, a los que nunca debieron ser los actores principales de él: los propios periodistas. 


Cadenas de televisión que únicamente contratan bellezones femeninas para hacer las delicias de los viejos verdes, dejando de lado a auténticas profesionales que no reúnen esos requisitos del 90-60-90; jóvenes talentos que se ven obligados a recurrir a la gratuidad casi obligada de internet para poder expresar su opinión al mundo y corrientes sociales silenciadas por unos medios que no admiten el derecho a discrepar, que se han encumbrado en un altar de gloria irreal e imaginaria que ellos mismos se han ido fabricando. La objetividad desaparece por completo de una prensa que se mueve como nunca antes por intereses económicos, desesperados por evitar la desaparición pero pagando 25.000 euros mensuales (el sueldo actual de 25 redactores de nivel) a una señorita que no tiene más mérito que una hermosa cara y un novio famoso. Capacidades intelectuales que dejan asombrados a cualquiera que se ponga a buscarlas en Twitter o en el infinito espacio de internet, que se desperdician cada día porque nadie les da una oportunidad, porque no hay espacio para ellas entre la multitud de análisis frívolos y noticias irrisorias y burdas. Jóvenes que han de cruzar el charco para poder buscar un lugar donde escribir o contar sus historias y periodistas con unas aptitudes sublimes que se alejan desesperanzados del mundo informativo que jamás les dio una oportunidad. Personajes como Roberto Gómez siguen insultando a la inteligencia de la audiencia mientras que Borja de Matías cruza el Atlántico rumbo a Argentina para hablar de fútbol (muy bien, por cierto). Un simple ejemplo en una inmensa retahíla de casos. Mesas de debate donde el grito es el arma y la descalificación el escudo, combates de gladiadores en los que el respeto brilla por su ausencia y la educación, el decoro y el saber estar ni siquiera llegan a la fiesta… ni se les espera.

No conocí un periodismo así cuando me decidí a entrar a formar parte. Quizá lo fuese y a mí me engañaron el día que entré a esa facultad, quizá no lo quise ver y probablemente estaba más ocupado imaginándome un futuro mejor como para darme cuenta de que no, de que la cosa había cambiado mucho. Lo dije anteriormente en una de las actualizaciones: la imagen de una sociedad es idéntica a la de los medios de comunicación que la representan. El futuro de esta España nuestra de crisis y paro va de la mano con la de unos medios que, lejos de educar e ilustrar a las clases medias y a las masas populares, se están convirtiendo (con ilustres excepciones, por supuesto) en los canales más fehacientes para darse cuenta de que tanto el futuro de la nación como el de nuestros medios de comunicación está cada vez más negro, más sucio y sobre todo, más alejado de un país desarrollado como en el que una vez creímos vivir.

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