sábado, 19 de marzo de 2011

La realidad superó a la ficción

Ayer me inscribí al concurso literario 'Beso de Rechenna'. El plazo de inscripción de relatos se abrió en diciembre y se cierra el lunes con lo que necesito miles de votos para poder ganar, cosa que es casi imposible. De todas formas os dejo mi escrito con la esperanza de que os guste y os paséis por aquí un segundo a votar


http://apps.facebook.com/appsimtec/relato/588?ref=nf

(Hay que hacerse fan de la página primero)

Os transcribo el relato. La temática era el beso y me salió algo así:

El viento resoplaba con suavidad aquel atardecer primaveral. Ella se frotó las manos, ya comenzaba a hacer frío. Sentí el impulso de abrazarla, de protegerla contra el villano que venía a incomodarla, pero no lo hice, estaba aterrado. Había imaginado cientos de veces esa misma situación. Ahora me hallaba ante la más maravillosa de las sensaciones, la que precede al beso: donde está asegurado el noventa y nueve por ciento del éxito, pero te destroza pensar que ese uno por ciento restante pueda tirar al traste tus planes. Rememoré como lo había visualizado tantas y tantas noches: cogiéndole la mano y acercándome muy lentamente mientras nuestros ojos se entrecerraban y las puntas de nuestras narices se acariciaban cariñosamente hasta que, por fin, notaba como nuestros labios se unían en un beso mágico, de ensueño, eterno, perfecto.

Estaba justo frente a mí e imaginé abrazándonos al compás de ese febril deseo, acariciándole el pelo mientas ella me apretaba con fuerza, como si no me quisiese soltar jamás. Vislumbré un momento de perfección absoluta, donde el resto del mundo se detenía a observarnos, a grabar a fuego en su memoria ese cuadro que simbolizaba el culmen absoluto del amor.

Me seguía mirando con una media sonrisa, esperando que diera el primer paso. Me armé de valor y afronté mi destino. Comencé el ritual tal y como lo había imaginado… y la realidad superó a la ficción. Porque el aroma de su perfume entró por mis fosas nasales transportándome al paraíso, porque el sabor de su boca, de su lengua y de esos preciosos labios; superó con creces lo que mi pobre imaginación podía siquiera cavilar. Mis sentidos más profundos afloraron, mi alma quiso escapar de mi cuerpo para volar con la suya a donde nadie pudiera encontrarnos, pero nos quedamos allí, en pocos lugares hubiésemos podido estar mejor. Nos seguimos besando una y otra vez, hasta que llegamos a la extenuación, hasta que el día se hizo noche o la noche se hizo día, no lo recuerdo bien. Pero aquella unión física trascendió a lo espiritual, aquel pensamiento se convirtió en realidad y aquel beso únicamente fue el primero de los cientos de miles de millones donde durante el resto de nuestra existencia nos guarecimos para escapar de todo lo demás. Tras ese momento no pudimos volver a probar otros, fue la droga que condicionó nuestra existencia, el maná en el que basamos nuestra dieta, el único combustible que necesitamos para seguir en movimiento… todo se basó desde entonces en besarnos una y otra vez.

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