martes, 2 de julio de 2013

Julio

Las faldas revuelan al amanecer por las calles de la ciudad mostrando las piernas tostadas de esas chicas enfundadas en grandes gafas de sol y sonrisas relucientes. Pasean hasta el mar con su bolso colgado del brazo y con la intención de seguir quemando sus pieles ante un astro sol pervertido que se sienta pecaminoso a observarlas. Julio comienza y con él el verano, el verdadero verano. El otro Julio, el de carne y hueso, sale a pasear el día dos de su mes y se encuentra con un mundo inundado por la alegría, por la extraña e irremediable dicha que parece demostrar que ahora, en esta época, todo se antoja menos oscuro. La luz aguanta más, las horas pasan más rápido, la gente parece vivir en la calle y hasta los índices de paro descienden en lo que queremos creer que es una señal inequívoca de que todo mejora... aunque no lo sea y aunque no lo haga.


Julio pasea por los días de su mes en un ejercicio de imaginación redundante que busca adornar este verano que comienza como acabó el invierno, como transcurrió la primavera y nos dejó el otoño. La cerveza y la brisa vespertina son las compañeras de fatiga de ese chaval desangelado, de aquel soñador que un día se despertó del ejercicio de imaginación que había realizado durante años y se dio cuenta de que la vida no es tan dichosa como la pintan, al menos no para todos. Por cada pena un trago y cuanto más penosa sea la desdicha que venga más cargada la copa siguiente, por favor. El refugio de los cobardes es abrazarse a la botella rememorando otros tiempos mejores, otras épocas que quedaron atrás pero que se mantienen inamovibles en la memoria. Julio y sus treinta y un años se unen a julio y sus treinta y un días mientras brinda con tequila por cada uno de ellos y en cada uno de ellos. Se echa a pensar y ve que aunque julio es la medida del trabajo, él no lo tiene; por eso espera medirse en duelo a julio en lo que desea que sea para él, para el propio Julio, un mes y un inicio de verano inolvidable, con las connotaciones buenas o malas que pueda tener esa palabra, pero que no se olvide jamás; como aquellos cuentos que hoy repite su memoria nostálgicamente. Eso le pide Julio su tocayo, ese mes del que ya hemos perdido dos días sin darnos cuenta: que sea bueno o malo, pero que jamás se vaya de su memoria.

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