Hay faldas que merecerían una poesía, una relato o una canción; hoy os dejo la última opción cantada por 'El Viaje de Elliot' y con la promesa de que pronto pondré mi grano de arena en un homenaje a la prenda femenina por excelencia.
Recopilación de todo lo que veo, escribo, escucho, hago, siento y quiero... o simplemente me invento.
lunes, 12 de agosto de 2013
martes, 30 de julio de 2013
La siesta
Cuando pienso (cada vez con más asiduidad) en huir despavorido de este país podrido que antes respondía al nombre de España, me paro a reflexionar sobre qué cosas echaría de menos. Este verano me gustaría aprender a cocinar los tres platos que para mí, representan el culmen culinario nacional: las migas, la paella y el gazpacho manchego. Además, el fútbol, las tapas, la cerveza de los domingos por la mañana, el botellón, los campos abiertos de mi tierra, el cubata, los caracoles en verano, las fiestas patronales o el calor floreciente en primavera, serían recuerdos difícilmente borrables de mi mente allá donde el destino se atreviese a llevarme. Sin embargo, hay una cosa que creo que destronaría a todo lo anteriormente nombrado para convertirse en la principal forma de morriña nacional: la siesta.
Tomar una siesta fuera de España no tiene sentido. En un país que vive desde las siete de la mañana y muere poco después de las ocho de la noche, perder un par de horas en un sueño ligero a media tarde carece de fundamento alguno. España está hecha para la siesta como la siesta a esta nación y una va pegada a la otra tanto que es imposible no nombrarla cuando se habla de cualquiera de ellas.
La siesta es el mejor invento español de la historia, no hay duda de ello. Ese sueño de después de comer es el digestivo más efectivo que se recuerda. Pocas cosas mejores que pasar de la mesa a la cama para después volver a la mesa. Esa siesta hiperbólica y destinada sólo a los verdaderos profesionales del sueño en el oscuro invierno debería estar ya catalogada como patrimonio de la humanidad. Ese tramo choca irremediablemente con el de verano, donde los minutos de adormecimiento se acortan para dar lugar a otros de calentamiento corporal junto a esa mujer que te mira pecaminosamente desde que el camarero os trajo la carta del restaurante. Ahí radica un estilo tan contrapuesto como igualmente maravilloso. Una comida copiosa, un par de copas de vino, una subida a la habitación del hotel entre besos y caricias lascivas que termina en una previa de sudor y amor culminada por el más bello sueño cuando el sol más calienta en lo alto del cielo. Un par de horas de relajación después de haber tocado lo más parecido a la gloria bendita que un hombre puede soñar en la cruel monotonía de este planeta tierra. Eso es la siesta de verano, pura magia.
La siesta es el mejor invento español de la historia, no hay duda de ello. Ese sueño de después de comer es el digestivo más efectivo que se recuerda. Pocas cosas mejores que pasar de la mesa a la cama para después volver a la mesa. Esa siesta hiperbólica y destinada sólo a los verdaderos profesionales del sueño en el oscuro invierno debería estar ya catalogada como patrimonio de la humanidad. Ese tramo choca irremediablemente con el de verano, donde los minutos de adormecimiento se acortan para dar lugar a otros de calentamiento corporal junto a esa mujer que te mira pecaminosamente desde que el camarero os trajo la carta del restaurante. Ahí radica un estilo tan contrapuesto como igualmente maravilloso. Una comida copiosa, un par de copas de vino, una subida a la habitación del hotel entre besos y caricias lascivas que termina en una previa de sudor y amor culminada por el más bello sueño cuando el sol más calienta en lo alto del cielo. Un par de horas de relajación después de haber tocado lo más parecido a la gloria bendita que un hombre puede soñar en la cruel monotonía de este planeta tierra. Eso es la siesta de verano, pura magia.

Sólo, acompañado, envuelto entre mantas o completamente desnudo. En invierno, verano, primavera u otoño; inmediatamente después de comer o una hora después con la celebérrima excusa de "bueno, me voy a acostar media horita". Tenemos tantas y tantas cosas malas que, en ocasiones, no nos paramos a pensar que como aquí, dejando hijos de puta a parte, no se vive en ningún otro lado. Me acabo de despertar de un siestón espectacular y quería invitaros a todos a ahogar las penas en el sueño, en cualquiera de sus fases y en cualquier momento, aunque ahora, en el ecuador del verano, nada mejor que hacerlo entre besos y amor para posteriormente descansar al calor de una buena siesta.
domingo, 28 de julio de 2013
Adiós, amigo
Es casi una obligación moral para
todos los que una vez interactuamos con Juanan hacerle un sincero y profundo
homenaje para conseguir que el hombre que ya no está, siga presente entre
nosotros. Ya saben ustedes: la única muerte es el olvido y es, por tanto, con el
recuerdo como se inmortaliza la vacuidad y el efímero paso terrenal para conseguir ese estatus de leyenda al que aspiramos muchos y sólo algunos logran. GesiOH ilustraba con una de sus celebérrimas viñetas la más que segura
llegada de @Van_Palomaain al cielo. Gistau o Ampudia lo hacían
entre las más bellas palabras en sus respectivos medios, virtuales o
convencionales, y hasta Álvaro Arbeloa tuiteaba palabras de luto meses antes de
dedicarle el homenaje que sin duda más ilusión le hará: esa décima Copa de
Europa. A mí me queda dejar la penúltima deferencia al amigo que nunca conocí
en estas tristes y casi anónimas líneas. Me resulta un acto aliviador y conciliador
el sumergirme en mi blog personal para inmortalizar al personaje que nos dejó
hace unos días. Difícil de explicar el por qué de ello, aunque trataré de
hacerlo lo mejor posible en su recuerdo.
Yo no conocí a Juan Antonio
Palomino más que por leer cada día sus mensajes en 140 caracteres. Jamás me
tomé una cerveza con él, tuve una charla cara a cara, le apreté la mano o lo
abracé amistosamente. Sin embargo, la noticia de su fallecimiento en el ya de
por sí tristísimo accidente de Santiago, me cayó como una losa. Me resultaba
complicado aquella noche explicarles a mis amigos ‘reales’ el porqué de ese sufrimiento.
Intentaba hacerles entender algo que ni siquiera yo comprendo, que todavía hoy
sigue siendo un enigma del que intento encontrar solución. Me esforzaba por
encontrar las palabras que pudieran revelar cómo he podido cogerle cariño a un
avatar o, mejor dicho, a la persona que se escondía tras él y que tantos buenos
momentos nos hizo pasar. Aún es difícil conseguirlo aunque intentaré por medio
de estas líneas acercarme lo máximo posible a ello.
A @Van_Palomaain lo comencé a
conocer en profundidad hará casi un año. No recuerdo muy bien si fue él o por
el contrario lo hice yo, el que ‘followeó’ al otro en primera instancia. Lo que
sí tengo presente es que la respuesta no se hizo esperar y el follow back fue
casi instantáneo. Nos conocíamos de amigos en común, clara señal por la rapidez
del intercambio ‘followesco’. Yo lo había leído con asiduidad por algún retuit
de ese elenco de genios que puebla mi TL y me gusta pensar que a él le ocurría
lo mismo conmigo. Comenzamos a charlar y a intercambiar pareceres. Aprendí de
él un gusto por la música inglesa que jamás tuve, esa corriente pop noventesca
que tanto arraigo encuentra en el madridismo underground twittero, sirvió para
enterarme un poco mejor de cómo era la persona que había detrás de esa cuenta.
Le cogí cariño, como tantos otros. Es extraño y parece tan jodidamente
peliculero que hasta produce cierto rubor plasmarlo por aquí ante el temor que
infunde que el homenaje al amigo pueda parecer forzado o mal intencionado, y es
entendible que así sea, probablemente yo también lo pensaría.
miércoles, 24 de julio de 2013
Microcuento (II)
Diálogo de 'La prueba del deseo', de William Roddinguer; donde el amor se pone a prueba y la prueba puede con el amor.
- Ella: ¿Cuánto me quieres?
- Él: Tanto que con un susurro de tus labios mi corazón ya hieres.
- Ella: ¿Y si me quedase ciega también me querrías?
- Él: Hasta el fin de nuestros días.
- Ella: ¿Y si fuera sorda y ciega lo que me depara el destino?
- Él: Junto a ti estaría mi camino.
- Ella: ¿Y si una enfermedad en la cama me postrase?
- Él: No habría nadie que de ella me levantase.
- Ella: ¿Y si en un terrible accidente mi cerebro dejara de responder?
- Él: Con tu cuerpo y mi mente seríamos un único ser.
- Ella: ¿Y si te dijera que me he enamorado del Barça como el viento de los trigos?
- Él: Te dejaría en el momento, pero podríamos seguir siendo amigos.
martes, 23 de julio de 2013
Let her go
"Sólo necesitas la luz cuando ves que se apaga,
Sólo echas de menos el sol cuando empieza a nevar y
Te das cuenta de que la quieres cuando la dejas ir"
Y así es la historia del ser humano.
Anhelar lo que no se tiene y desperdiciar lo que podemos abrazar.
No caigamos en esa estupidez, al menos no hoy...
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