viernes, 22 de mayo de 2026

II Venida

Dice Sabina que “al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver” y la experiencia me ha llevado, durante todos estos años, a tener que darle casi siempre la razón. He comprendido, a fuerza de regresar donde nunca debí, que hay sitios que no son lugares, sino edades, estaciones del alma a las que uno pertenece más por lo que fue que por lo que es. Volver a ellas implica casi siempre un riesgo implícito: descubrir que la puerta sigue en pie, pero que quien la cruzó una vez ya no existe. Volver a tus recuerdos, casi siempre idealizados por una memoria traicionera, te conduce, irremediablemente, no sólo a no encontrar la felicidad que una vez hallaste allí sino, además, a comprobar que la imagen de perfección que anidaba en tu mente no se correspondía con la realidad.

A pesar de ello, hay regresos que desafían todas las leyes de la nostalgia. Hay nombres que no vuelven para ocupar un espacio, sino para despertar un tiempo, para rejuvenecer un alma curtida en mil pesares y para reavivar una ilusión que uno creía extinta. La posible vuelta de Mourinho es mucho más que nostalgia para mí, es volver al lugar donde fui feliz con el hombre que me hizo cabalgar sobre el madridismo más febril, apasionado y militante que he experimentado jamás.  

Porque 2010 no fue solo un año, fue una manera de estar en el mundo, algo que ya desapareció, que no volverá, pero del que uno guarda tan buenos recuerdos que quisiera no haberse marchado nunca. La época del Tuenti y los botellones en residencias de estudiantes; aquella en que Twitter comenzó a ser el campo de batalla donde la gente de pie combatía a la canallesca. La de Van Palomain, el Waka Waka, Manjavacas y Mota del Cuervo, la del amor inconmensurable a la camiseta, la del duelo por antonomasia entre los dos jugadores más grandes que nuestros ojos verán, la del futuro incierto y el corazón rebosante. Allá donde la vida sucedía más despacio o, quizá, éramos nosotros quienes todavía no habíamos aprendido a correr tan deprisa. 

Tal vez uno se pone melancólico porque se hizo mayor de repente, casi sin darse cuenta, o que la nostalgia no sea otra cosa que mirar hacia atrás y lamentar aquello que el destino le arrebató, pero el caso es que echamos de menos a las personas que fuimos cuando amábamos sin calcular las consecuencias, cuando una canción resumía un año entero o un mensaje era capaz de acelerar el ritmo de un corazón. Cuando las madrugadas eran eternas, las amistades no se traicionaban, el amor era el motor de la vida y el Real Madrid algo que se asimilaba en importancia al mismo Dios.


Mourinho no trajo únicamente táctica o resultados, trajo de nuevo la fe en el escudo, orgullo, pasión y rebeldía. La determinación de no callar ante quien venía corrompiendo la competición durante décadas y prostituía la información durante años. Trajo la convicción de que incluso en los tiempos más difíciles uno puede mirar al monstruo a los ojos sin bajar la cabeza, sin replegarse, plantándole cara a quienes se creen por encima de cualquier norma. Nos hizo ver que perder no era una condena eterna y que resistir también podía ser una forma de victoria. Cogió un Madrid herido de muerte y en tres años lo convirtió en campeón, cimentando las bases para la época más gloriosa que se recuerda. Ardía de rabia, de intensidad, de pasión e hizo que, bajo su liderazgo, todos diésemos nuestra vida por ese escudo redondito con muchas Copas de Europa.

Quizá Sabina tenga razón y no debamos volver a los lugares donde fuimos felices. Quizá insistir en ello sea tentar a la decepción. Sin embargo, creo que hay regresos que no buscan recuperar el pasado, sino recordarnos que seguimos siendo un poco aquellos que fuimos y que, aunque peinemos canas en la barba y las arrugas pueblen nuestra piel, el corazón sigue queriendo volver a sentir de la manera que sentimos antaño.

Por eso hoy, si se confirma la segunda venida, uno no podrá más que sentirse de nuevo joven, feliz y entusiasmado con lo que venga, que será bueno o será malo, sólo Dios lo sabe. Lo que sí tengo tan claro como que mañana volverá a brillar el sol, es que hay algunas nostalgias que vuelven para encender la luz que parecía haberse apagado para siempre y que voy a vivir los próximos meses con toda la intensidad que pueda resistir mi corazón. Estamos de vuelta. O al menos rezo por estarlo pronto. Hala Madrid…hijos de puta.