lunes, 27 de septiembre de 2010

Puta Ley de Murphy

Me levanto esta mañana después de una noche de sueño profundo y placentero. Con una mano quitándome las legañas y la otra rascándome el paquete, me dirijo al cuarto de baño. Enciendo la luz y me miro al espejo "¡la virgen que pelo!" pienso. Una mezcla entre el pelo de Son Goku, Álvaro Benito y Maki-navaja transforma mi cara en una especie de nueva tez desastrosamente fea (y no, no es lo normal cabrones). Pienso: "bah si para estar aquí no me peino, después me ducho cuando vaya a ir a la facultad".

Pasa el tiempo y la mañana. Tras varios capítulos de Friends (la octava temporada es vomitiva) me entra hambre y decido ponerme a cocinar. La grasa, el humo y el aceite se pegan en mis gafas produciendo una especie de costra asquerosa en el cristal. Todo completo vamos.

En ese mismo instante y con el capítulo más desastroso de la mejor serie de la historia de fondo, llaman a la puerta. Pienso que es mi hermano o algún NI-NI con lo que contesto con voz de camionero (aún no había hablado ni una sola palabra en toda la mañana) "¿quien es?" no recibo respuesta...

Me levanto y miro por la mirilla. Una diosa increíble ataviada con una camiseta blanca y unos pantalones muy muy cortos está enfrente. "Dios ... ¿qué hago?"

Corriendo cojo una camiseta del suelo y de una patada mando mis calzoncillos, mis pantalones y mis zapatillas (todo de una) a un rinconcito fuera de su vista. Me dirijo a la puerta y recuerdo que tengo en la cabeza un 'gato enfadado'. Entro al baño e intento peinarme, pero es imposible. Sólo el agua puede curar ese mal. La chica se desespera, sabe que hay gente dentro por el sonido de Friends y porque he contestado, con lo que me veo obligado a abrir si o si. Me echo una 'manguzá' de agua e intento peinarme lo mejor posible. Abro la puerta y ahí está: preciosa, iluminada por la luz de la ventana del pasillo me dice: "hola, perdona ¿me podrías dar un poco de sal?"

¡Vamos no me jodas! ¿¿te cachondeas de mi?? ¿¿dónde está la cámara??
Contesto: claro un momento.
Me giro y me doy con el armario, ella se descojona, todo es demasiado lamentable. Le doy el salero entero y le digo: coge lo que quieras y ahora me lo traes.
Se marcha y yo entro en el baño a ver que es lo que mi amiga acaba de ver. La imagen es dantesca: Un tio con el pelo mojado y totalmente desastroso, con una camiseta empapada de agua y unas gafas llenas de aceite... lamentable

Pero no queda ahí la cosa. De repente, oigo de nuevo la puerta y efectivamente vuelve a ser ella. Viene a devolverme el salero. Sabiendo lo ridículo de la situación, no me quedan más cojones que abrir la puerta y volverle a mostrar mi fealdad absoluta de nuevo. Esta vez ni la miro a los ojos. Me da las gracias y se va

Esa es mi mañana, verídica 100% aunque suene demasiado lamentable como para creerlo. Me voy a seguir llorando

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