lunes, 18 de noviembre de 2013

Aquel tiempo

Aquel tiempo de recreos y clases de historia, de partidos de fútbol interminables en el patio del colegio, de noches de parque, de besos secretos; aquel tiempo de paz y sonrisas que parecía que nunca iba a acabar, que creíamos que siempre sería nuestro y que nadie nos lo podía robar.

 

Aquel tiempo de almuerzos, de bocadillos de jamón con tomate calentados en el radiador de clase. Esos días de amores adolescentes y pelotas de cuero, de enfados constantes y cambios de humor, aquellos días de hormonas y celos, de riñas y caricias, de fiestas y juegos de manos, de revistas de fútbol y cine por doquier. Aquellos tiempos que se quedaron atrás, que se fueron un día sin darnos cuenta y parece que nunca volverán.

Aquel tiempo lejano que tiende a borrarse con cada día que pasa. Aquella época que, sin embargo, no termina de irse jamás. Las partidas de cartas y los veranos de piscina y sofá. Las tardes sin fin y las noches fugaces, de trapicheos y experiencias, amores de verano, secretos, caramelos y melodías de piano.
Aquel tiempo de amigos y amigas, de conocidos y fiestas de guardar, de sábados y viernes, de reticencia al domingo, odio al comienzo de semana y a ese maldito lunes de legañas y mochila. La época de las clases de gimnasia y el ligoteo en las aulas, de profesoras de cabello dorado y símbolos matemáticos, de gente nueva y de la misma de ayer, de guiños arrebatadores y labios por morder, aquel tiempo que ha muerto y no volverá a nacer.

Aquellos años que no desaparecen y que nunca regresarán, esos días de motocicletas y césped, de madridismo exacerbado y Copas de Europa. Los años del discman y las baterías que duraban semanas enteras. Los tiempos del olvido y el perdón, del cariño extremo y la amistad eterna, de promesas incumplidas y mentiras que se hicieron realidad. Aquellos años que se marcharon hace tiempo y que parece que no regresarán.

Aquellos años que hoy he recordado con nostalgia y lucidez, la candencia e inocencia de una banda que se prometió el mañana y se olvidó del ayer. Buenos tiempos aquellos en que no había más preocupación que el qué dirán y el qué le diré, que una mirada significaba un mundo y nunca había resaca un domingo. Esa época mágica donde se escondía el pasado, se vivía el presente y se obviaba el futuro, porque no había más mañana que el día siguiente y el día siguiente del siguiente parecía que no iba a llegar. Y si embargo llegó, como lo hace casi todo en esta vida: sin avisar. Ya estamos en el mañana y aún nos queda el día de después, ese que nunca imaginamos que fuera a ser como lo es hoy, con sus cosas bonitas y sus momentos funestos, como la existencia misma de cualquiera de nosotros. Pero qué diablos, el hoy nos lo han robado y planean hacer lo mismo con el mañana, aunque si hay algo que tengo claro es que jamás nos podrán robar el ayer. Ese es sólo nuestro, de los que lo vivimos una vez soñando que el mundo era un lugar hermoso donde pararse a beber y a gritar, donde los mensajes costaban dinero y abreviábamos el amor con ese 'tqm' que era una constante, cursi, pero inamovible. Aquellos tiempos fueron buenos, de eso no cabe duda, demasiado para lo que quizás merecimos. Tiempos pasados y pretéritos más perfectos que simples y grabados a fuego en corazón y mente, los lugares más seguros donde esconder los mejores momentos, porque esos, desde luego, nunca mienten.

domingo, 17 de noviembre de 2013

El arte y ella

De la séptima temporada de Californication rescato este fragmento.



Hank: ¿Qué pasa estrella del rock?
Atticus: No puedo dar el concierto de esta noche, Hank
Hank: ¿Por qué no?
Atticus: Fui a casa esta mañana y le pedí de rodillas a Natalie que me dejase volver. Me dijo que me fuera a tomar por culo. No me quiso entenderme, lo que es comprensible debido a mi comportamiento, pero nunca he ido a una gira sin un beso de buena suerte suyo. Antes me hacía una mamada completa, con pelotas y todo, ¿sabes? Pero en general estaba demasiado drogado para correrme.
Hank: Es una historia conmovedora, amigo... pero el show debe continuar.
Atticus: Es que no he ido en bus en más de diez años, es tan embarazosos.
Hank: ¿Te estás quedando conmigo? ¿el autobús de ahí afuera? si es precioso.
Atticus: ¿En serio?, ¿de verdad te parece guay?
Hank: Claro que sí, parece un avión. Cuidadoso con el medio ambiente... quizás hasta ganes un premio con esa mierda.
Atticus: ¿Cómo lo haces Hank?
Hank: ¿El qué?
Atticus: La mujer que amas está allí afuera y no la puedes tener. ¿Cómo te levantas por las mañanas?
Hank: Bueno, un buen trago ayuda... y luego está el arte. Todo lo que escribo es por ella o para ella, así que siempre estoy con ella, aunque no lo esté.

Bonus Track: Un tema del propio Tim Minchin para cerrar un domingo de series y resaca.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Meritocracia

La edición digital de la RAE (e imagino que tampoco la edición en papel) no recoge el significado de la palabra ‘meritocracia’. No es algo que me extrañe, puesto que aquella institución que antaño presumía de ser ‘fija, dar brillo y esplendor’ se ha asentado en la conformidad del que se ve entronado por sus méritos pasados y ha caído en el ostracismo y en la incompetencia que atestiguan acepciones como ‘almóndiga’, ‘sociata’ o ‘pepero’, recientemente aceptadas.

La Real Academia de la lengua española es sólo un ejemplo más de una corriente que se antepone a aquella palabra acuñada por Michale Young en 1958 y que viene a inculcar una nueva forma de entender la sociedad, la economía, el deporte y la vida misma. La meritocracia es la forma de gobernar cualquier institución que se basa principalmente en que las posiciones más altas de los organigramas estén ocupados por los mejores. Esta concepción se asienta en valores como el esfuerzo y la constancia, la profesionalidad y el trabajo diario. No entiende de pasado sino de presente; y deja el futuro condicionado por el hoy y no por el ayer. Es la ley que impide que el niño rico de papá sea gerente de la empresa a pesar de su patente incapacidad, o que Ana Botella llegue a ser alcaldesa de Madrid con ese bochornoso nivel de inglés. La meritocracia no premia las cualidades físicas o intelectuales inertes en el ser humano desde el momento de su nacimiento, sino que se fija en el esfuerzo del que, siendo más limitado en cualquiera de esas facetas, consigue superar al primero con tesón y tenacidad.

En España, la meritocracia llegó a conocerse hace relativamente poco. Fue una prensa culta e instruida, alejada de las tertulias deportivas y los diarios más sensacionalistas, la que la fue introduciendo paulatinamente en una sociedad reacia a aceptarla. ¿Cómo explicarle a un español que el trabajo es lo importante y que el esfuerzo es fundamental para la superación diaria? ¿Cómo hacerle ver a un estudiante cuyo único propósito es conseguir una plaza para ser funcionario que se puede aspirar a más en la vida? ¿Cómo instruir a una población que ha tenido catorce ediciones de Gran Hermano en que son los médicos, arquitectos e ingenieros los verdaderos héroes a los que intentar parecerse?, un difícil trabajo para un complicado país.

La meritocracia, sin embargo, da sus frutos. Tienen ustedes el ejemplo más clarividente en los dos países del planeta que la usan en sus instituciones gubernamentales (en mayor o menor medida), Finlandia y Singapur. El primero es, en proporción, una de las naciones más desarrolladas de toda la Unión Europea. El segundo ha pasado de ser la renta per cápita más baja del planeta a comienzos del siglo pasado a ser, hoy en día, la tercera del mundo más elevada.


Acabo ya mi alegato de una mañana cualquiera donde quise dejar constancia en un blog en el que nunca (o casi nunca) se habla de nada serio, de que otra forma de gobernar un conjunto de personas (pues la sociedad en cualquiera de sus facetas no deja de ser eso) es posible. Los más madridistas de la sala echarán de menos un nombre en concreto en un texto llamado así, ‘Meritocracia’, y ha sido con él con el que he querido cerrar este pasaje recordando que fue él el que nos instruyó en todo este barullo filosófico. Decía José Mourinho: “Quizá aquí (en España) la gente no está preparada para que los jugadores sean iguales. Yo busco la meritocracia, y eso consiste en que el que esté mejor preparado, juega”. Qué grandes fuiste José, y cuánta razón llevabas.

martes, 5 de noviembre de 2013

Mis cinco nuevos héroes

"Hay que ser un puto genio o estar tremendamente mal de la cabeza para salir de fiesta una noche y robar una llama de un circo, sólo caben esas dos posibilidades en la ecuación". Aristóteles

Llevamos ya un par de días comentando en las redes sociales la espectacular noticia que ha hecho tambalear los cimientos de las noches de borrachera a nivel mundial. Han sido cinco franceses de aspecto normal y amplias sonrisas los que han cambiado para siempre el color de la fiesta planetaria. Ellos, estos cuatro individuos más el fotógrafo que prefirió permanecer en el anonimato, son los culpables de que desde ahora hasta el fin de los tiempos el listón de las barbaridades nocturnas haya subido tres o cuatro peldaños en la escala. A partir de este momento, cuando un grupo de jóvenes se reúna para hacer botellón en cualquier parque del continente y el alcohol comience a hacer mella en sus cuerpos, ya no tendrán sentido las llamadas con número oculto a mujeres, ni las fotografías de culos peludos, ni tan siquiera el celebérrimo juego de cartas 'Oh Dios mío, ¿por qué me has abandonado?' (que otro día explicaré por aquí). Siempre quedará en el recuerdo, esa historia irrepetible que se ha coronado en el TOP mundial de momentos épicos de la humanidad por debajo de la invención de Internet y la rueda y muy (pero que muy) por encima de la conquista de la luna.

Los cuatro genios y la llama. F-O-T-Ó-N

Durante la pasada madrugada me he estado cuestionando profundamente una serie de interrogantes que paso a enumerar para que vosotros, libremente, deis vuestras opiniones:

1- ¿Merece la pena jugarse el tipo, el dinero y hasta la dignidad por robar una llama una noche de borrachera?
2- ¿Es necesario cargar con antecedentes policiales tu ficha personal aún a sabiendas que eso te impedirá ejercer en el futuro muchos empleos públicos?
3- ¿Le has merecido la pena a estos chavales pasar un rato en el calabozo por ser los primeros en lograr esta singular proeza?
4- ¿Ha sido rentable avergonzar a sus familias y saber que a partir de ahora serán señalados por la calle o siempre que salgan de fiesta, como les ha ocurrido a otros grandes personajes de la humanidad como éste, ese o aquel?
5- ¿Pregunto todo esto únicamente porque me jode profundamente que ninguno de la foto sea yo?

Como os decía, después de una profunda meditación he llegado a la conclusión de que todas y cada una de las respuestas a estas cinco preguntas son un 'sí' y que estos chicos, lejos de ser unos vulgares delincuentes, son unos putos genios a los que venerar, admirar y dar las gracias por el momento maravilloso que nos han hecho pasar al resto del planeta tierra. Sois grandes franchutes, allá donde estéis.


(Vídeo en franchute donde se mustra al animal en cuestión)

lunes, 4 de noviembre de 2013

Dos pájaros de un tiro

Así, como reza el título de esta entrada que escribo a intempestivas horas de la noche, se llamaba la gira que hace poco realizaron en conjunto los que probablemente sean los dos cantautores más célebres de nuestro país: Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat.

Yo conocí primero al catalán. Con esa voz melosa y renqueante comencé a introducirme paulatinamente en la música y las letras de Joan Manuel con un viejo casete que mi madre tenía por ahí guardado de un concierto suyo en Buenos Aires. Serrat es el Mediterráneo, Aquellas pequeñas cosas, Esos locos bajitos y sobre cualquiera de ellas, para mi gusto, Lucía y Fiesta. Con la primera relata una declaración de amor a cualquier fémina que tenga a bien llamarse así. "¿Lucía?, como la canción de Serrat" es la frase recurrente en cuanto te la presentan. Esa bella historia de amor que tuve y tendré, esa ley innata en el  hombre de desear lo que nunca se tuvo y amar sobre todas las cosas lo que jamás se tendrá queda plasmada como jamás se tuvo constancia en los versos de una canción eterna y demasiado infravalorada como le pasa, sin lugar a dudas, al segundo ejemplo que les comentaba.

Fiesta es la plasmación perfecta de la España tradicional. Esa verbena rural y de pueblo pequeño, con vino, mujeres y música, sin importar si las girnaldas son rojas y gualdas, verdes, lilas o amarillas. Con la alegría por himno y la dicha por bandera, como siempre debiera de ser.
Con ella cierro a Serrat y comienzo con Joaquín




Sabina posee una voz desgarrada por la vida y como la vida, nunca mejor dicho. Él es pura poesía, desecha por completo la tonalidad para centrarse en las letra que superan a cuanto se haya podido escribir en la historia de este país para después ser cantado. Él ya es un habitual en este blog, donde tantas y tantas veces lo he recordado. Hoy os dejo ese 'Y nos dieron las diez' que todavía no he plasmado por aquí y que no podía faltar en este breve recopilatorio musical que en esta velada ya de lunes, un chico cualquiera evocó para homenajear a dos poetas y a cuanto han contribuído a alegrar las noches en vela de muchos de nosotros.




lunes, 28 de octubre de 2013

I don´t know why

A Shawn Colvin la encontré en la banda sonora de Serendipity, una americanada romántica con John Cusack y Kate Beckinsale. Hoy, en uno de esos alardes romanticones que me dan, he encontrado esto.



I don't know why
The sky is so blue
And I don't know why
I'm so in love with you

martes, 22 de octubre de 2013

Microcuento (III)

No quiero más verbo que el besarte, con eso puedo comenzar a escribir. Seguiría con tu nombre, que es el único sustantivo que conozco. Te aseguro, por otro lado, que no hay nada más determinante que tu belleza y que estoy determinado a hacerte mía, a robarte morfemas inconexos y lexemas lujuriosos. Palabra de honor.

Hablaría más tarde de adjetivos, y ahí podría estar días, semanas, meses y años. Te diría: bonita, preciosa, bella, linda, hermosa y mil y uno más, porque si algo me sobran son eso, palabras. Mis artículos son pocos, de hecho; sólo tengo dos: 'la' (quiero) y 'una' (vida contigo) y estoy seguro de que con esos me sobra y me basta. Mi conjunción es un 'sino', que no es otro que pasar cada día de mi existencia junto a ti. Ni 'pero', ni 'sin embargo', 'no obstante' 'excepto' o 'a pesar de'; no me vengan ustedes con tonterías. ¿Un adverbio? ahora. ¿Quieres otro? vale, 'aquí'. Con mi interjección favorita cierro: 'puf' qué bonita te tengo en mi mente, qué preciosa que estás. Y añado, por último, el único pronombre que surca mi cabeza cada día y a cada hora: tú... sólo tú.
Poco más que decirte, creo que me ahorraré la preposición y te adjunto una proposición: que no se pase un segundo más sin que tu boca no muerda la mía. ¿Aceptas?

jueves, 17 de octubre de 2013

Desnudando a una mujer

Allí estaba yo, observándola únicamente por la posibilidad que me dejaba un atisbo de luz entrando por la persiana, perforando la más honda oscuridad. La tenía enfrente, a poco más de cincuenta centímetros de mi boca y a poco menos de diez segundos de mi lengua. Notaba cómo su respiración se entrecortaba y cómo los nervios se apoderaban de su cuerpo. Me acerqué muy despacio, como el felino que no quiere espantar a su presa, con la intención final de devorarla. Y esa era, sin duda, mi intención: comérmela entera.
Las yemas de mi dedos palparon sus manos y un respingo de temor hizo que se sobresaltara. Duró sólo un segundo, lo que tardaron mis dedos en ponerse en el final de su espalda y conducir su cuerpo hacia el mío con una suavidad sinuosa. Sentí su aliento en mi cara y acorté las distancias pasando de centímetros a milímetros y de segundos a décimas. “Ya queda poco” me dije para mis adentros.
Surqué el mínimo espacio que nos separaba para unir nuestros labios, primero con un leve roce y después con un beso que fue in crescendo como una sinfonía y aumentando de temperatura como una olla de agua en una cocina a todo gas. El cariño dejó paso a la pasión y ésta mandó un mensaje directo a nuestras lenguas para que comenzasen a guerrear de una forma tan lujuriosa como directa, tan pecaminosa como tremendamente placentera.
Mis manos, que no respondían y buscaban la pelea por su parte, encontraron cobijo en aquella noche de invierno bajo su jersey. Acariciaban esa parte femenina que ha vuelto loco a más de uno, esa curva lumbar que abarca desde el final del sujetador hasta el principio del pantalón. Eso sí es magia y no lo que hace Harry Potter.

La acerqué todavía más a mí y dejé de esconder las intenciones libidinosas que había intentado camuflar para subirle el jersey sin que ella mostrara el menor rubor ni un mínimo atisbo de vergüenza. Se unió a mi causa y extendió las manos hacia el mismo cielo facilitándome el trabajo. No quedó allí mi travesura, y de un zarpazo conseguí descifrar el código de su sujetador dejando al descubierto un tesoro que no tardé en hacer mío. Habían pasado poco más de dos minutos y mi cometido estaba casi resuelto. ¡Qué fácil es lidiar guerras como esta, qué placentero serían todos los conflictos así!. 

Ella no quiso quedarse al margen y sin perder tampoco el tiempo comenzó a desabrochar uno a uno los botones de mi camisa. Nunca opondría resistencia ante tan poderoso ejército y en esa ocasión incluso ayudé a la conquistadora a completar su misión. Yo, por mi parte, esperaba la misma colaboración en la mía.
Mi boca perdió por un segundo el interés por la suya centrándose en el cuello. Noté como se erizaba su piel mientras mis labios acariciaban aquel rincón recóndito, redundante, irracional y recurrente. Cuántas erres para la misma frase, cuánta pasión para la misma noche. 

  Ya sólo quedaba un castillo que conquistar, ese botón del pantalón sería el último soldado en presentar batalla y bien sabe Dios que no me duraría ni un santiamén. Mi torpeza se juntó con la inexperiencia y mi perturbado estado lo hizo con aquel invento del demonio. Ella soltó una risita que en cualquier otro momento hubiese herido el orgullo masculino de todo amante, pero que por aquel entonces no supuso afrenta alguna. Me cogió las manos, las llevó a su boca y mientras besaba mis falanges se apiadó de mi persona y ayudó a la conquista de la ciudad sitiada desabrochándose ella misma el pantalón. “Dios bendito, ¿dónde has estado todo el tiempo?” le pregunté.

La tumbé en la cama y la terminé de desnudar. Ella hizo lo propio conmigo y aquí acaba la historia y empieza el pecado, aquí concluye la realidad y comienza la fantasía. 

Imaginen ustedes el resto y asegúrense, por favor, de que no falten besos, caricias, pasión, ternura y amor… sobre todo mucho amor.

jueves, 10 de octubre de 2013

Otra Primera Plana

Tengo la costumbre de tuitear de vez en cuando algunas recomendaciones cinéfilas que mis interminables horas frente al televisor me han permitido ir recopilando. Anoche volvía a mi mente aquella fantástica producción de Billy Wilder, protagonizada por Jack Lemmon y Walter Matthau, que lleva por nombre 'Primera Plana'. Hoy me despertaba con un nuevo artículo del genial Manuel Matamoros que, coincidencias de la vida, tiene el mismo título que ese film.

Primera Plana viene a ser una parodia del periodismo americano de los años 30 del siglo pasado. En una época, la actual, en la que la que antaño fuera una profesión lícita, seria y respetable ha tocado el fondo de la bajeza ética y moral más depravada (sobre todo en algunas de sus ramas más significativas, por ejemplo, la del periodismo deportivo) conviene revisionarla una vez más y darse cuenta de que Wilder, como hombre instruido que era, no se equivocaba demasiado al respecto de lo que se había vivido y de lo que quedaba por vivir.


Un periodista como yo, que ha vivido en sus carnes la degeneración de una profesión no mucho tiempo atrás fabulosa, plasmaba hace unos meses su visión sobre la licenciatura (segunda parte AQUÍ), la filosofía, el trabajo y el futuro de la misma para intentar dejar testimonio de lo que ha cambiado el periodismo nacional. Sin otro remedio que el de rendirme ante la evidencia de que la idea preconcebida que teníamos algunos sobre este empleo no era más que un quimérico sueño tan irreal como bonito y tan ilusorio como atractivo, intentaba dejar constancia con esas entradas del por qué de la crisis mediática que vivimos. Tristemente la calidad quedó relegada a la cantidad, el rigor al amarillismo y ese tan recientemente acuñado término de 'meritocracia' desterrado de las redacciones ante un enchufismo tan triste como injusto y tan degradante como patente. Todo eso y mucho más ha llevado al coma más profundo al trabajo más bonito del mundo.


"Un atajo de pobres diablos, con los codos raídos y los pantalones llenos de agujeros, que miran por la cerradura y que despiertan a la gente a medianoche para preguntarle qué opina de Fulanito o Menganita. Que roban a las madres fotos de sus hijas violadas en los parques. ¿Y para qué?. Pues para hacer las delicias de un millón de dependientas y amas de casa. Y, al día siguiente, su reportaje sirve para envolver un periquito muerto". La opinión que tiene sobre los periodistas Hildy Johnson

domingo, 6 de octubre de 2013

Cincuenta años de Elisabeth Shue

Fueron muchas y muy variadas las mujeres con las que fantaseamos los chavales nacidos a mediados y finales de los ochenta. Esa generación, crecida con series como Los Vigilantes de la Playa, Salvados por la Campana, Una chica explosiva, California Dreams y más tarde Friends o Ally McBeal; encontró en actrices como Pamela Anderson, Carmen Electra, Erika Eleniak, Vanessa Angel, Tiffani Amber, Courtney Cox, Portia de Rossi, Nikki Cox o Lucy Lui sus primeros mitos eróticos que han trascendido en el tiempo hasta convertirse, para la mayoría de nosotros, en recuerdos inmutables y ensoñaciones permanentes.

No sólo en la pequeña pantalla se dieron esos casos de amores platónicos febriles y juveniles.  Geena Davis, Brooke Shields, Kim Basinger o Sharon Stone son otros de los ejemplos de aquellos maravillosos primeros años de la década de los noventa que perdurarán eternamente en la memoria de muchos. En España, Maribel Verdú, Miriam Díaz Aroza, Ivonne Reyes, Beatriz Rico o Nuria Roca también dejaban su huella en la última generación de pelota en el recreo, de canicas en los parques o partidas interminables a la Game Boy al salir del colegio.

Cada uno guarda en su retina y en lo más profundo de su armario los pósters de esas mujeres que tenía colgada en las paredes de su habitación y con las que, casi sin quererlo, fue descubriendo la belleza y el esplendor absoluto de ese género femenino del que algunos nos declaramos acérrimos admiradores. En mi caso, fueron tres las féminas que quedaron intensamente marcadas en mi subconsciente y de las que ahora, tantos años después, siguen evocándome tiempos pretéritos de los que sin duda alguna guardo grandes recuerdos. No me ceñiré en esta ocasión en Robin Wrigth o, posteriormente, a Elisabeth Hurley porque quiero hacerlo, el día de su cincuenta cumpleaños, en la tercera de ellas: la sonrisa que cautivó a más de un adolescente que, como yo, recuerda con nostalgia y afecto a la preciosa Elisabeth Shue.

EL ARTÍCULO COMPLETO EN DSS MAGAZINE, AQUÍ

lunes, 23 de septiembre de 2013

Puedo escribir los versos más tristes esta noche

Hoy se cumplen cuarenta años de la muerte de Pablo Neruda. Con diecinueve, el poeta escribía esta delicia llamada 'Veinte Poemas de amor y una Canción desesperada' que os adjunto. Además, os  dejo el más celebre de todos ellos, el número veinte, enmarcado en el típico montaje horrendo de Youtube pero también, en la voz de una amante anónimo de la poesía que invita a escucharlo una y otra vez.


miércoles, 18 de septiembre de 2013

El rey del mundo

El folio en blanco copaba la pantalla del ordenador mientras él, acostado boca abajo en la cama del dormitorio, comenzaba a desquebrajarse la cabeza pensando sobre qué escribiría esta vez. Se le acababan las ideas. Notaba que, de un tiempo a esta parte, la quietud de una vida vacía de aventuras lo había apartado de los grandes temas sobre los que pronunciarse y eso, para cualquier escritor en particular y cualquier persona en el aspecto más amplio y general del propio concepto, era algo tremendamente pesadumbroso. 

Recordaba con nostalgia aquellos tiempos en los que la vida le prometía un futuro lleno de esperanzas y sueños por cumplir y se entristecía pensando que, como tantas y tantas veces le habían recordado los más viejos del lugar, la vida no siempre cumple sus promesas. El tiempo iba pasando y los días transcurrían como una fila de hormigas recolectando comida, sin descanso ni atisbo de detenerse. Comenzaba a pensar cuántos lugares le quedaban por visitar y cuánta gente por conocer; todo lo que aún no había visto, ni oído, ni olido ni amado y, poco a poco, la realidad se iba apoderando de un alma que una vez, en un tiempo no muy lejano, fue totalmente soñadora y extremadamente libre.


Maldecía y despotricaba contra todos aquellos entes, físicos o simbólicos, que lo habían privado de sus sueño y de sus más hondas fantasías. Calumniaba y criticaba a aquellos hombres gordos y metidos con calzador en trajes pagados con el sudor de gente como él que le habían arrebatado una vida distinta que jamás tendría y que nunca llegaría si quiera a degustar. Sin embargo, no podía dejar de cabilar que también él tenía mucha culpa de la quietud intelectual y sensitiva que se había apoderado de su existencia, transformándola en una monotonía de la que jamás pensó que se sentiría tan plácidamente disgustado.
Recordó aquella obra cinéfila de Milos Forman, donde un joven Tom Hulce en el papel de Mozart, perdonaba al mundo la mediocridad de su existencia a la vez que aquel Salieri, llevado a la perfección por Fahrid Murray Abraham, enloquecía de envidia hacia un genio que se llevaba los méritos que él siempre soñó. “A mí nadie me ha dado la oportunidad” se repetía desquebrajando su cerebro y su alma en un lamento mudo que era, si eso es posible, más estruendoso que el grito de rabia más fuerte de que se tuvo constancia.
Y fue por eso por lo que quizás nuestro protagonista encendió el ordenador aquella mañana de hace unos cuantos años para plasmar en papel cibernético las notas de una música armoniosa como pocas, probablemente el sonido que más calma le producía a ese chico vacío de esperanza y sediento de justicia. Era aquel teclear lo que más feliz le hacía y que su audiencia fuera tan sensiblemente minoritaria no era un escollo para que, durante esos minutos que dedicaba a escribir, se sintiese el hombre más poderoso del mundo. En sus dedos estaba el poder de cambiar, inventar o destruir cualquier cosa que no le fuese grata… aunque cualquiera de esos procesos anteriormente descritos se desvaneciese como un sueño al cerrar la tapa del monitor.

martes, 3 de septiembre de 2013

Tic, tac

Tic, tac... hace el reloj.

Os lo habrán dicho diez millones de veces los más sabios del lugar: "No pierdas el tiempo, disfruta cada segundo". Desde que Horacio acuñara ese carpe diem que los más románticos se apropiaron siglos después, todos los ancianos de la historia de este mundo en que nos ha tocado vivir lo han ido trasmitiendo a los más jóvenes. Ellos, que han visto cómo las arrugas poblaban la que una vez fue una piel tersa y firme, han sido los encargados de avisarnos de que la inmortalidad es el único sueño que el ser humano no puede conseguir, que el tiempo es el más voraz de los depredadores, que nunca se detiene y que ninguna presa puede esconderse eternamente de él. Ellos, que una vez vivieron en la despreocupación absoluta de una infancia y posterior juventud que parecía eterna, son los que nos repiten hasta la extenuación la importancia de aprovechar cada maldito minuto de ésta, nuestra única existencia corpórea; para que después, cuando las canas comiencen a reinar en lo más alto de la cabellera, no debamos echar la vista atrás y pensar que debimos hacer esto o aquello, lo otro o lo de más allá.

El tiempo pasa y no se detiene a esperar a nadie. Los días van quedando atrás y de ti depende que los recuerdos se aglutinen en tu mente en forma de aventuras, sonrisas, caricias o besos. No habrá mejor vejez que la que te permita saber que hiciste todo lo que quisiste cuando quisiste y como lo deseaste. Que cada noche de amor de las que no has tenido no te suponga el día de mañana un quebradero de cabeza, que cada sonrisa que robaste o te robaron no se quede dibujada en el tintero de una expresión mustia y triste, que cada caricia que tu piel pudo obtener no suponga una fantasía sin cumplir o una noche en vela al calor de una botella de whisky escuchando tus penas. Que ninguna boca que ansiaste besar se quede sin saberlo o las gotas de sudor de tu cuerpo junto a ella en una noche de pasión febril quede sin salir por los poros de tu piel.

Sal y respira, despierta del letargo de la monotonía y cómete un mundo que por derecho te pertenece. Que nadie te diga que no es posible, que nada te impida ser feliz y disfrutar cada instante como si fuera el último. Disfruta de una vida que pasa sin que te des cuenta y que se va consumiendo como una hoja de papel en llamas. La arena va partiendo de tu reloj hacia el infinito y tú sigues aquí, leyendo un texto que te roba minutos de un tiempo dedicado a vivir. Olvídate de todo esto, deja de devorar las letras de una historia ajena y comienza a escribir la tuya propia. Y recuerda... 'tic, tac', el reloj no se para. Nunca.


viernes, 30 de agosto de 2013

Septiembre

El noveno mes del año va apareciendo en el horizonte más cercano y estará inmerso en nuestras existencias cuando tenga a bien a regresar a éste, mi querido espacio cibernético, dentro de unos días. Un fin de semana siempre es la mejor manera de despedir a un mes y darle la bienvenida al otro. Brindaremos por agosto con congoja y morriña ante el verano que hemos dejado atrás, mucho menos ajetreado, loco, voraz y ambicioso que los anteriores. Cosas de los años, del pasar del tiempo.

El estivo dará paso al otoño, el calor al frío y el sol a la lluvia como tantas veces antes ocurrió y tantas veces pasará después. Los días se acortarán y la luz dejará paso a las tinieblas en una expresión que alcanza su sentido más realista en esta época que nos toca vivir. Volveremos a ver los informativos y con ellos el rubor retornará a enrojecer nuestras mejillas, acompañado por un odio que se acrecienta como el nivel del mar por las noches. Volveremos a la rabia inconsciente ante la gestión de este país que una vez se llamó España y regresarán las preguntas existenciales y los debates acalorados en los bares, locales o terrazas de cualquier punto de la nación. 

Y el futuro se antojará duro, como siempre pero como nunca. Volveremos a ver cómo se rompen las ilusiones de millones de jóvenes al chocar con el rostro de los políticos que nos gobiernan a razón de un buen salario mensual y alguna que otra comisión que ellos, por cuenta propia, se agencian sin atisbo de vergüenza alguna. Pero bueno, pedirle sonrojo a un político es como exigirle corrección ortográfica a un futbolista, tarea más que complicada.

Seguirán los besos y las caricias, las guerras de almohadas y los combates bajo edredones recién salidos de las fundas. No se detendrán las sonrisas ni desaparecerán las lágrimas, tan necesarias unas como las otras. La desolación de un mundo que se ahoga resonará como el eco mudo en las copas de champagne de ese diez por ciento inconsciente y sin conciencia. El grito de los débiles será apaciguado por las risas de los poderosos y a ese Dios que tan mal le caemos parecerá seguir sin importarle nada. Los cuerpos se cubrirán y las piernas morenas de las mujeres se taparán con medias de seda o trozos de tela. El invierno irá llegando poco a poco y la necesidad de encontrar calor se hará pecaminosamente creciente. Los amantes seguirán amándose y los solitarios volverán a buscar un corazón que estrujar al menos un par de horas cada noche. Las copas retornarán a llenarse y a vaciarse una y otra vez, ahogando las penas de alguna vida vacua y sinsentido. El ron, el whisky, el vodka o la ginebra serán los cuatro jinetes del apocalipsis a los que recurrir y los más fieles consejeros con los pasar el rato. Volveremos a levantarnos cada domingo hundidos en la desesperanza y la resaca de una botella en mal estado y comenzaremos cada lunes animándonos a sonreír, auto impulsándonos a salir a la calle a comernos un mundo que se nos atraganta, a bebernos una vida que se nos fue por el otro lado, que se escondió tras la esquina sin darnos cuenta. Y después, casi sin  enterarnos, llegarán noviembre...

lunes, 26 de agosto de 2013

Malviviendo, el regreso

Llega una de las mejores series de la historia de Youtube, Malviviendo. La tercera temporada comienza para los que estabais tan ansiosos como yo, si hay alguno que todavía no la conoce... le pueden dar por saco.


viernes, 23 de agosto de 2013

El día del 7 y la noche del Espartano

La historia comenzó a fraguarse hace unos días y el recuerdo, bien lo sabe Dios, perdurará eternamente. No me cabe duda.

Aunque sabía casi con total seguridad que iba a viajar a Madrid ayer, no fue hasta el lunes por la mañana cuando se me confirmó oficialmente. Sí, iba a volver a ver a don Raúl González Blanco sobre el Santiago Bernabeu una vez más. La emoción de alguien que creció con sus goles y comenzó a sentir el pálpito del madridismo sobre la fina piel de su corazón junto al siete de España se acrecentaba como la de un niño en la noche anterior a la llegada de los reyes magos. Volvía a Madrid, volvía al Bernabeu… volvía a casa.
El lunes por la noche me armé de valor e intenté que el viaje desde el pequeño pueblo albaceteño de donde partían los dos autobuses rumbo Madrid fuera lo más completo posible. Probablemente demasiado presuntuoso por mi parte imaginar que la jugada podría redondearse tanto como finalmente ocurrió. Me armé de valor y desterré la poca dosis de vergüenza que Dios me otorgó para enviarle un mensaje privado vía Twitter a uno de los jugadores que más estima, cariño, aprecio y admiración tengo de toda la plantilla del mejor equipo de la historia: Álvaro Arbeloa. 

Poco podía imaginar mi mente cuando, al día siguiente, la llamada de mi amigo del alma, Manuel Guillamón, a intempestivas horas de la mañana me traía de nuevo al mundo de los vivos de más mala gana que otra cosa. Con los ojos aún entrecerrados, comencé a abrir una a una las notificaciones que mi teléfono móvil había ido recopilando durante aquella noche. Cual fue mi sorpresa cuando encontré este mensaje que, espero, no le moleste que publique.


Imagínense ustedes mi alegría, pónganse si pueden en el cuerpo de un madridista de pro que de se ha de frotar los ojos una y otra vez para darse cuenta de que sí, que uno de sus ídolos, un campeón del mundo y de Europa lo invita a conocerlo en el Bernabeu. Si pueden acercarse en una millonésima parte a esa sensación, podrán imaginar levemente la alegría tan inmensa que sentí aquella bendita mañana.
Se lo agradecí y aguardé nervioso el paso de las horas hasta el tan ansiado momento. La espera se hizo larga, no saben ustedes cuánto.

martes, 20 de agosto de 2013

El boli Bic

El examen comenzaba en diez minutos y él, a diferencia de sus compañeras de clase, no estaba para nada nervioso. La preocupación por el test existía, pero nunca tuvo esa sensación de inquietud que sí tuvieron aquellas chicas con carpetas forradas y apuntes coloreados que habían estudiado mucho más. Siempre pasaría lo mismo durante el resto de su vida académica y él jamás llegaría a entender porqué.
El timbre anunciaba que ya era el momento, el estridente sonido del repiquetear del martillo contra la chapa puso en alerta a un alumnado que enmudecía ante la que se avecinaba. La profesora entró en clase y advirtió: “no quiero nada encima ni debajo de la mesa, sólo un bolígrafo y el DNI”. Todos obedecieron exceptuando, por supuesto, aquellos enamorados de la adrenalina y de las tardes en el parque que se negaban a memorizar todos los elementos de la tabla periódica y se ayudaban de un trozo de papel escondido en uno de los bolsillos del pantalón. Pocas cosas más españolas que las chuletas, qué pesar más grande surca mi cuerpo cada vez que pienso que hay un día mundial para casi todo y menos para ellas. Injusticia, que diría Cristiano Ronaldo.
 
El protagonista cayó en la cuenta de que su desordenada cabeza había olvidado, una vez más, algo tan fundamental para la realización de la prueba como el bolígrafo. Con decisión, una pizca de temor y una gran dosis de desfachatez, levantó la mano y comentó en voz alta: “Profesora, me he dejado el bolígrafo en casa”. Nadie pareció extrañarse de que así fuese, ni siquiera la maestra que, más por cansancio psicológico que otra cosa, contesto desganada: “pues pídeselo a alguien, que ya me tienes muy harta”. 

El alumno comenzó a demandar entre los más allegados un arma con la que defenderse frente a aquel combate que iba a librarse en pocos segundos. Nadie podía ayudarlo, ninguno de sus compañeros tenía un bolígrafo de sobra para él y, si lo tenían, la experiencia les había enseñado que dejarle algo a ese chico implicada casi con total seguridad perder el objeto para siempre. El chaval se impacientó y por un momento pareció incomodarse con la situación y preocuparse con la posible expulsión del aula si no encontraba la solución a su problema. Nadie lo ayudaba, nadie se interesaba por su pesar y todos parecían omitir de sus mentes que un compañero necesitaba ayuda. El egoísmo de la especie humana plasmado en un aula de secundaria de un instituto cualquiera.

lunes, 19 de agosto de 2013

El niño de la hipoteca

Lo conocí el otro día, le escuché cantar, le invité a un cubata y puedo decir que hacía años que no disfrutaba tanto de una canción en directo. Es El Niño de la Hipoteca, y nos deleitó con esto.


He decidido arrancarme la piel
te la mando por correo que sepas que
están ahí los besos que me diste ayer
ya no te debo nada que te vaya bien

lunes, 12 de agosto de 2013

Con tu falda más bonita

Hay faldas que merecerían una poesía, una relato o una canción; hoy os dejo la última opción cantada por 'El Viaje de Elliot' y con la promesa de que pronto pondré mi grano de arena en un homenaje a la prenda femenina por excelencia.


martes, 30 de julio de 2013

La siesta

Cuando pienso (cada vez con más asiduidad) en huir despavorido de este país podrido que antes respondía al nombre de España, me paro a reflexionar sobre qué cosas echaría de menos. Este verano me gustaría aprender a cocinar los tres platos que para mí, representan el culmen culinario nacional: las migas, la paella y el gazpacho manchego. Además, el fútbol, las tapas, la cerveza de los domingos por la mañana, el botellón, los campos abiertos de mi tierra, el cubata, los caracoles en verano, las fiestas patronales o el calor floreciente en primavera, serían recuerdos difícilmente borrables de mi mente allá donde el destino se atreviese a llevarme. Sin embargo, hay una cosa que creo que destronaría a todo lo anteriormente nombrado para convertirse en la principal forma de morriña nacional: la siesta.

Tomar una siesta fuera de España no tiene sentido. En un país que vive desde las seis de la mañana y muere poco después de las seis de la noche, perder un par de horas en un sueño ligero a media tarde carece de fundamento alguno. España está hecha para la siesta como la siesta a esta nación y una va pegada a la otra tanto que es imposible no nombrarla cuando se habla de cualquiera de ellas.
La siesta es el mejor invento español de la historia, no hay duda de ello. Ese sueño de después de comer es el digestivo más efectivo. Pocas cosas mejores que pasar de la mesa a la cama para después volver a la mesa. Esa siesta hiperbólica y destinada sólo a los verdaderos profesionales del sueño en el oscuro invierno debería estar ya catalogada como patrimonio de la humanidad. Ese tramo choca irremediablemente con el de verano, donde los minutos de adormecimiento se acortan para dar lugar a otros de calentamiento corporal junto a esa mujer que te mira pecaminosamente desde que el camarero os trajo la carta del restaurante. Ahí radica un estilo tan contrapuesto como igualmente maravilloso. Una comida copiosa, un par de copas de vino, una subida a la habitación del hotel entre besos y caricias lascivas que termina en una previa de sudor y amor culminada por el más bello sueño cuando el sol más calienta en lo alto del cielo. Un par de horas de relajación después de haber tocado lo más parecido a la gloria bendita que un hombre puede soñar en la cruel monotonía de este planeta tierra. Eso es la siesta de verano, pura magia.



Y no hay mejor despertar del sueño vespertino que más cansado de lo que uno se fue a dormir. Suele pasar. De repente, uno se levanta exhausto y deseoso de volver a los brazos de Morfeo lo más pronto posible, con un charquito de saliva en la almohada que nos apresuramos por tapar con rubor en las mejillas mientras nuestro cuerpo, agotado de haber surcado mil y una aventura que probablemente jamás recordaremos, se esfuerza por volver al mundo de los vivos.

Sólo, acompañado, envuelto entre mantas o completamente desnudo. En invierno, verano, primavera u otoño; inmediatamente después de comer o una hora después con la celebérrima excusa de "bueno, me voy a acostar media horita". Tenemos tantas y tantas cosas malas que, en ocasiones, no nos paramos a pensar que como aquí, dejando hijos de puta a parte, no se vive en ningún otro lado. Me acabo de despertar de un siestón espectacular y quería invitaros a todos a ahogar las penas en el sueño, en cualquiera de sus fases y en cualquier momento, aunque ahora, en el ecuador del verano, nada mejor que hacerlo entre besos y amor para posteriormente descansar al calor de una buena siesta.

domingo, 28 de julio de 2013

Adiós, amigo

Es casi una obligación moral para todos los que una vez interactuamos con Juanan hacerle un sincero y profundo homenaje para conseguir que el hombre que ya no está, siga presente entre nosotros. Ya saben ustedes: la única muerte es el olvido y es, por tanto, con el recuerdo como se inmortaliza la vacuidad y el efímero paso terrenal para conseguir ese estatus de leyenda al que aspiramos muchos y sólo algunos logran. GesiOH ilustraba con una de sus celebérrimas viñetas la más que segura llegada de @Van_Palomaain al cielo. Gistau o Ampudia lo hacían entre las más bellas palabras en sus respectivos medios, virtuales o convencionales, y hasta Álvaro Arbeloa tuiteaba palabras de luto meses antes de dedicarle el homenaje que sin duda más ilusión le hará: esa décima Copa de Europa. A mí me queda dejar la penúltima deferencia al amigo que nunca conocí en estas tristes y casi anónimas líneas. Me resulta un acto aliviador y conciliador el sumergirme en mi blog personal para inmortalizar al personaje que nos dejó hace unos días. Difícil de explicar el por qué de ello, aunque trataré de hacerlo lo mejor posible en su recuerdo.

Yo no conocí a Juan Antonio Palomino más que por leer cada día sus mensajes en 140 caracteres. Jamás me tomé una cerveza con él, tuve una charla cara a cara, le apreté la mano o lo abracé amistosamente. Sin embargo, la noticia de su fallecimiento en el ya de por sí tristísimo accidente de Santiago, me cayó como una losa. Me resultaba complicado aquella noche explicarles a mis amigos ‘reales’ el porqué de ese sufrimiento. Intentaba hacerles entender algo que ni siquiera yo comprendo, que todavía hoy sigue siendo un enigma del que intento encontrar solución. Me esforzaba por encontrar las palabras que pudieran revelar cómo he podido cogerle cariño a un avatar o, mejor dicho, a la persona que se escondía tras él y que tantos buenos momentos nos hizo pasar. Aún es difícil conseguirlo aunque intentaré por medio de estas líneas acercarme lo máximo posible a ello.

Viñeta de GesiOh en homenaje a Juanan

A @Van_Palomaain lo comencé a conocer en profundidad hará casi un año. No recuerdo muy bien si fue él o por el contrario lo hice yo, el que ‘followeó’ al otro en primera instancia. Lo que sí tengo presente es que la respuesta no se hizo esperar y el follow back fue casi instantáneo. Nos conocíamos de amigos en común, clara señal por la rapidez del intercambio ‘followesco’. Yo lo había leído con asiduidad por algún retuit de ese elenco de genios que puebla mi TL y me gusta pensar que a él le ocurría lo mismo conmigo. Comenzamos a charlar y a intercambiar pareceres. Aprendí de él un gusto por la música inglesa que jamás tuve, esa corriente pop noventesca que tanto arraigo encuentra en el madridismo underground twittero, sirvió para enterarme un poco mejor de cómo era la persona que había detrás de esa cuenta. Le cogí cariño, como tantos otros. Es extraño y parece tan jodidamente peliculero que hasta produce cierto rubor plasmarlo por aquí ante el temor que infunde que el homenaje al amigo pueda parecer forzado o mal intencionado, y es entendible que así sea, probablemente yo también lo pensaría. 

miércoles, 24 de julio de 2013

Microcuento (II)

Diálogo de 'La prueba del deseo', de William Roddinguer; donde el amor se pone a prueba y la prueba puede con el amor.
  • Ella: ¿Cuánto me quieres?
  • Él: Tanto que con un susurro de tus labios mi corazón ya hieres.
  • Ella: ¿Y si me quedase ciega también me querrías?
  • Él: Hasta el fin de nuestros días.
  • Ella: ¿Y si fuera sorda y ciega lo que me depara el destino?
  • Él: Junto a ti estaría mi camino.
  • Ella: ¿Y si una enfermedad en la cama me postrase?
  • Él: No habría nadie que de ella me levantase.
  • Ella: ¿Y si en un terrible accidente mi cerebro dejara de responder?
  • Él: Con tu cuerpo y mi mente seríamos un único ser.
  • Ella: ¿Y si te dijera que me he enamorado del Barça como el viento de los trigos?
  • Él: Te dejaría en el momento, pero podríamos seguir siendo amigos.

martes, 23 de julio de 2013

Let her go


"Sólo necesitas la luz cuando ves que se apaga,
Sólo echas de menos el sol cuando empieza a nevar y
Te das cuenta de que la quieres cuando la dejas ir"

Y así es la historia del ser humano. 
Anhelar lo que no se tiene y desperdiciar lo que podemos abrazar. 
No caigamos en esa estupidez, al menos no hoy...

martes, 16 de julio de 2013

Te busqué

En cada calle de cada ciudad que recuerdo. Te busqué en cada cerveza de los millones de bares que visité y en las vueltas a casa apesadumbrado y zigzagueando de farola en farola y de pena en pena.


Buscaba esa señal que me llevara a ti, que me guiase como si de un camino de baldosas amarillas se tratase hasta lo más profundo de tu Ciudad Esmeralda. Cada trago era más amargo que el anterior y cada beso de esos labios que no eran los tuyos sabía peor que el de la noche pasada. Buscaba entre las alegrías de una tarde de juerga, vacua e insulsa, el camino a la felicidad que hubiese cambiado por otra de riñas bajo las sábanas. Ya sabes, esa celebérrima frase de aquella comedia romántica donde a Debra Messing se le ilumina la mirada cuando le dicen: "Prefiero pelearme contigo a hacer el amor con cualquier otra". 
Y se va con él, como no podía ser de otra manera.

Te busqué con lupa cual detective privado londinense del siglo XIX. Peinaba el mundo y despeinaba las madrugadas mientras me asustaba pensar que lo estaba haciendo mal y que, a lo mejor, debía encontrarte por el día, cuando el sol ya estuviese en lo más alto del firmamento. ¿Y si lo estaba  haciendo al revés? quizá sí. Quizá, aunque te busqué mil y una vez en mil y un lugar diferente, pudiera ser que, cuando más intentaba encontrarte más difícil era para ti hacerlo conmigo. Cuanto más me movía, más me alejaba de ti y cuanto más rápido cambiaba de lugar menos margen de maniobra le dejaba al destino para dar con el mejor momento donde hacer que nos encontrásemos.

Así que me quedé quieto, esperé y esperé y, de repente, dejé de buscarte y comencé a encontrarte durante cada día de mi vida.

jueves, 11 de julio de 2013

Una proposición indecente

Con los libros y las películas pasa una cosa común: por muy malas o malos que sean, siempre puedes rescatar algo de ellos. Me pasó con Pear Harbor y hace poco lo recordé con Una proposción indecente, dos dramas bastante flojos pero que se unen en una banda sonora digna de rescatar, la primera de la mano de Hans Zimmer, la segunda y que os dejo hoy, por parte de John Barry.



Alguien dijo una vez: 
Si deseas con mucha fuerza algo, dejalo ir.
Si vuelve a ti será tuyo para siempre 
y sino regresa es que nunca lo fue

martes, 2 de julio de 2013

Julio

Las faldas revuelan al amanecer por las calles de la ciudad mostrando las piernas tostadas de esas chicas enfundadas en grandes gafas de sol y sonrisas relucientes. Pasean hasta el mar con su bolso colgado del brazo y con la intención de seguir quemando sus pieles ante un astro sol pervertido que se sienta pecaminoso a observarlas. Julio comienza y con él el verano, el verdadero verano. El otro Julio, el de carne y hueso, sale a pasear el día dos de su mes y se encuentra con un mundo inundado por la alegría, por la extraña e irremediable dicha que parece demostrar que ahora, en esta época, todo se antoja menos oscuro. La luz aguanta más, las horas pasan más rápido, la gente parece vivir en la calle y hasta los índices de paro descienden en lo que queremos creer que es una señal inequívoca de que todo mejora... aunque no lo sea y aunque no lo haga.


Julio pasea por los días de su mes en un ejercicio de imaginación redundante que busca adornar este verano que comienza como acabó el invierno, como transcurrió la primavera y nos dejó el otoño. La cerveza y la brisa vespertina son las compañeras de fatiga de ese chaval desangelado, de aquel soñador que un día se despertó del ejercicio de imaginación que había realizado durante años y se dio cuenta de que la vida no es tan dichosa como la pintan, al menos no para todos. Por cada pena un trago y cuanto más penosa sea la desdicha que venga más cargada la copa siguiente, por favor. El refugio de los cobardes es abrazarse a la botella rememorando otros tiempos mejores, otras épocas que quedaron atrás pero que se mantienen inamovibles en la memoria. Julio y sus treinta y un años se unen a julio y sus treinta y un días mientras brinda con tequila por cada uno de ellos y en cada uno de ellos. Se echa a pensar y ve que aunque julio es la medida del trabajo, él no lo tiene; por eso espera medirse en duelo a julio en lo que desea que sea para él, para el propio Julio, un mes y un inicio de verano inolvidable, con las connotaciones buenas o malas que pueda tener esa palabra, pero que no se olvide jamás; como aquellos cuentos que hoy repite su memoria nostálgicamente. Eso le pide Julio su tocayo, ese mes del que ya hemos perdido dos días sin darnos cuenta: que sea bueno o malo, pero que jamás se vaya de su memoria.