viernes, 23 de noviembre de 2012

Son mis amigos

Los compañeros de Punto de Encuentro, donde tengo el privilegio de colaborar en ocasiones, me publican hoy un artículo en el que intento hablar de la crisis fuera de las cifras y centrándome en las caras. Os lo dejo a continuación

Hablar de crisis en cifras económicas es algo de lo que todos estamos ya más que cansados. Los datos, los números, los balances, los porcentajes y las encuestas son fríos como la nieve, distantes como la más lejana de las estrellas. La crisis tiene detrás de esas cantidades miles de caras, de pensamientos, de desilusiones, historias que hacen emocionarse, cabrearse, llorar y sobre todo, pensar qué injusto es toda esta situación para la mayoría de personas que ni siquiera saben qué es la prima de riesgo o las consecuencias de un rescate económico. Eso es lo que fastidia.
En los últimos tiempos, los desahucios han sido la cara más amarga de la crisis, una de las gotas que está colmando el vaso de la paciencia de 45 millones de personas en este país. Es ahí, cuando se ve la muerte de una mujer a la que le quitan la casa o cuando sales a la calle y ves cada vez más indigentes sin nada que llevarse a la boca y durmiendo en cartones, cuando comienzas a acordarte de los familiares más cercanos de toda esa chusma que nos ha llevado a esta situación. Sin embargo, a pesar de que tenemos en las calles de todas nuestras ciudades pruebas fehacientes de la crisis, hoy os quiero contar una historia cercana, la que me ha pasado a mí y a mis amigos y la que nos mantiene a todos cada día muy cabreados con el escenario actual.

Para leer más AQUÍ

martes, 13 de noviembre de 2012

Y entonces se dieron cuenta de que no había esperanza

Sus amigos lo reunieron en torno a cinco cervezas, como siempre que había que hablar seriamente con alguno del grupo. Estaban preocupados por él, ya no se le veía tanto como antes y hacía tiempo que no salían juntos.

- Os prometo que eso va a cambiar, es que últimamente estoy algo mal. Os pido perdón...

Todos se quedaron pasmados, lo habían notado cambiado pero no imaginaban que estuviera tan mal como aparentaba. Se le notaba cansado, tenía ojeras de haber dormido poco, se encontraba algo más delgado que de costumbre pero, extrañamente, tenía buena cara.

- ¿Qué ocurre? - preguntó uno.
- ¿La familia? ¿problemas de dinero? - comentó otro
- No, nada de eso - respondió él - el amor.

Todos rieron. Era bien sabido que él se enamoraba demasiado a menudo, casi cada mes.
- ¿Otra vez te has enamorado? - preguntó otro de los presentes antes de dar un trago a su bebida - ¿Cuántas van ya este año? ¿seis o siete?

Las risas aliviaron la leve tensión que unos minutos antes había aflorado en el ambiente. Bebieron y pasaron a esperar la reacción de él, que siempre dejaba caer finalmente que la chica en cuestión no le importaba mucho. Pero esta vez no fue así.

- Venga - dijo preocupado el que aún no había hablado - ¿Qué tiene esa nueva conquista? ¿es lista, está buena, tiene dinero?
- Es que... es que creo... creo que es perfecta.

Se hizo el silencio. Todos se miraron a los ojos y entonces se dieron cuenta de que no había esperanza... lo habían perdido para siempre.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Spotbros y su puta madre

Estaba yo aburrido (como ya os habréis dado cuenta) esta mañana en casa cuando (como ya os habréis dado cuenta) me he descargado una nueva aplicación para Android. Se llama Spotbros, una nueva plataforma de mensajería instantánea parecido a WhatsApp y que parece que va a ser mejor que ésta. 



Cuando me la he bajado (como ya os habréis dado cuenta) me he puesto a indagar un poco sobre su funcionamiento y (como ya os habréis dado cuenta) SIN QUERER (palabrita del niño Jesús) he invitado a toda mi agenda, no la de Facebook como yo pensaba, sino por un mensaje de WhatsApp. Cuando me he dado cuenta, tenía a sesenta contactos hablándome a la vez. Sin embargo, siempre hay que sacar el lado positivo de las cosas y yo, por supuesto, lo he hecho. 
Esta gran cagada me ha servido para darme cuenta de que tengo cuatro tipos de contactos/amigos en el teléfono, que paso a describir inmediatamente:

1) Amigos que me conocen y que ya sabían antes de que yo lo dijera que la había cagado. Me lo han hecho saber gracias a mensajes como "¿Qué cojones has hecho?", "Ya te has bajado alguna mierda", "Deja el porno online que mira lo que pasa" etc etc etc.

2) Los amigos cabroncetes que no me tenían agregado (a mí, el puto amo del mundo... sí sí, yo también estoy flipando aún) y que me han escrito cosas como "perdona, pero se me borró tu número", "me cambié de móvil" o "¿quién cojones eres y por qué me mandas esta mierda?"

3) Los amigos confiados y a los que más tengo que querer. Esos que sin haberlo siquiera pensado un segundo han descargado el programa y han enviado sin quererlo y cometiendo el mismo error que yo, la mierda de la invitación a toda su agenda, generando un bucle infinito tipo Andy y John del Messenger, o las cadenas de "si no mandas este mensaje a mil personas se te caerá el pene al suelo carcomido por una termita brasileña"

4) Alberdi. Un gran y querido amigo, perteneciente al grupo Jack Knife que ya de paso a promocionar, son cojonudos y los tenéis por ejemplo AQUÍ, y que, al leer el mensaje, me contesta: "Anto, si quieres rollo dímelo directamente". La gran frase de la mañana

Pues nada, de una gilipollez cualquiera he sacado una actualización del blog y es que así soy yo amigos, un gran gilipollas

Abrazos y ... ¡¡¡Viva Spotbros!!!

jueves, 8 de noviembre de 2012

Me he comido tus caramelos...otra vez (y más cosas)

Como ya hice el año pasado, os pongo (esta vez por cortesía del gran @marcoslosalta) el vídeo de un programa norteamericano en el que putean sin cesar a los niños. En él, los padres les dicen a sus hijos que se han comido sus caramelos de la noche de Halloween. Las reacciones no tienen desperdicio.



Sin embargo, este año me quedo con un caso en particular, lo tenéis en el minuto 4:23. Su madre le dice, como al resto de los que salen en el vídeo, que se ha comido sus caramelos. Durante un segundo, la cara del chaval se contrae y sí, como el resto de niños es probable que se haya cagado en su madre (nunca mejor dicho) pero inmediatamente después, tan sólo un segundo después, cambia su gesto y le contesta a mamá: 

-It´s allright (está bien) I just want you to feel happy (yo sólo quiero que tú estés feliz).

Yo no sé que habrá hecho esa madre ante semejante reacción, lo que sí sé es que a mí se me abriría el ojete hasta dimensiones insospechadas y, seguramente con lágrimas en los ojos, le compraría a ese pedazo de hijoputilla (con todo el cariño de la palabra) media tienda de golosinas, un Ferrari y una casa en la playa. Menudo crack, menudo genio... menudo puto amo.


Y ya para finalizar el post de hoy, os pido un voto para un chico (VOTAR AQUÍ) que no tengo el gusto de conocer pero que, al igual que muchos de nosotros, está luchando por algo, por un sueño. Me ha llegado a través de Twitter y se ve que el chaval en cuestión se ha presentado a un concurso de Freixenet, ha grabado un vídeo y, con toda la ilusión del planeta, lo ha mandado. Es difícil comprender lo que cada uno puede hacer por los demás, compartiendo un enlace, votando por un vídeo o promocionando en el bar a un amigo que acaba de comenzar con un negocio. Esta crisis que nos ahoga sería menos crisis si todos nosotros dedicásemos medio segundo a votar a la gente que lo merece y que dedica su tiempo y su esfuerzo en cosas como esta. Por eso, os pido que ayudéis a este chico aunque sea sólo por esto que dice de su canción:

"Brindo por lo que nos alegra cada día, 
brindo por los ratos con buena compañía,
por nuestros familiares, por nuestras amistades, 
brindo por todos esos momentos tan especiales.
Brindo por lo que consideramos importante,
brindo por lo vivido y lo que viene en adelante.
por esa persona para ti imprescindible
por lo que buscabas y viste que era posible.
Por los buenos momentos y también por los malos,
brindo por el gesto que vale más que un regalo.
Brindo por los cercanos y por los que están lejos, 
brindo porque cada año somos un poco más viejos.
Brindo por todo aquello que lo merece,
brindo porque se cumplan todos los sueños en 2013
Mi vídeo y la botella están por terminar
pero brindo porque lo mejor estar por llegar"

Amén hermano... amén
 

lunes, 29 de octubre de 2012

100 Cosas que tengo que hacer antes de morirme (nº 52)

Podéis ir tachando otra cosa de mi lista, esta vez la número 52 o, lo que es lo mismo: Ver la Capilla Sixtina.

Aquí os dejo las fotos de la misma, esas que están terminatemente prohibido hacer pero que yo, como buen temerario que soy, he hecho.









Esto sí es arte... y no la mierda del Guggenheim

jueves, 18 de octubre de 2012

Conflicto hispanoamericano

Os dejo un vídeo de mi amigo @Loloq33 sobre un malentendido entre la marina americana cerca de las costas españolas


jueves, 11 de octubre de 2012

La canción infravalorada


No hay en toda la discografía de Joaquín Sabina una canción más infravalorada de la que tengo el gusto de ofreceros.



"Y desafiando el oleaje sin timón ni timonel,
por mis sueños va, ligero de equipaje,
 sobre un cascarón de nuez, 
mi corazón de viaje"



miércoles, 10 de octubre de 2012

La vieja, triste y ruin España

Normalmente no suelo dejar cosas que escribo por ahí en este blog. Ya sabéis que es un sitio donde prefiero no hablar mucho de política, religión y demás temas que puedan herir sensibilidades. Sin embargo, hoy os dejo un pequeño texto que he escrito para los amigos de Punto de Encuentro, donde hablo de este país nuestro querido, que tiene toda la pinta de irse a la mierda (si no se ha ido ya)

"Es muy común en esta, nuestra querida nación, aprovecharnos de la situación de una manera demagógica y barata. Los españoles, entre los que orgullosamente(aunque las palabras que voy a escribir lleven a pensar lo contrario) me incluyo, tenemos muchas virtudes pero un muy agrandado defecto, tal y como decía el filósofo Ortega y Gasset: “Los que nos pasó y nos pasa a los españoles es que no sabemos que nos pasa”. Una frase que encierra un contexto mucho más amplio que el que parece encerrar.
En España la opinión popular varía con la dirección del viento, con el cambio en las corrientes marinas, con la salida del sol o el ciclo lunar. Unos días somos europeos, otros americanos, otros catalanes, otros españoles y otros ciudadanos del mundo, en otras palabras, que no sabemos qué somos y por qué lo somos"...

Si queréis leer más AQUÍ

lunes, 1 de octubre de 2012

Preparado para escribir

Se levantó con fuerza, con ánimo, con el deseo inalterable de que esa mañana sí, se pondría a escribir de nuevo. Fue como todos los días a la cocina después de lavarse la cara en el lavabo. Fuera llovía, lo que lo animaba más todavía para sentarse a garabatear la libreta en la que siempre comenzaba sus borradores. Se enfundó una sudadera y puso agua a calentar. Echó cuatro cucharadas de café soluble en la taza y la llenó hasta arriba de agua bien caliente, a punto de hervir.
Sintonizó su emisora favorita y le bajó el volumen, le gustaba tener un sonido de fondo pero no lo suficientemente alto como para que lo distrajera. Subió todas las persianas posteriormente hasta la mitad, perfectamente alineadas para que la luz de aquella mañana otoñal fuera la idónea y para que el golpear de las gotas contra los cristales embellecerán todavía más el nuevo día que comenzaba. Puso un posavasos en la mesa y encima su taza de café caliente, se acercó un radiador a los pies y se enfundó unos calcetines bien gruesos. Odiaba sentir frío en ellos.

Posteriormente, desconectó el teléfono fijo y puso el móvil en silencio. Sacó punta a tres lápices y los puso perfectamente alineados a la izquierda de su libreta. Después, buscó un bolígrafo con el que hacer anotaciones en otra hoja y lo colocó al lado de los lapiceros. Se sentó y buscó la postura idónea para comenzar a escribir la que, a buen seguro, sería su mejor obra.

Ahí estaba: sentado, con los lápices afilados y en orden, el bolígrafo para las anotaciones, los pies calientes, la lluvia repiqueteando contra la ventana, la música a su nivel idóneo, la temperatura de la habitación no podía ser mejor, su delicioso café en la mesa aromatizando todo el cuarto y el ánimo por las nubes. Era perfecto.

Entonces dio un sorbo al café, se deleitó con su sabor y agarró un lápiz. Lo acercó lentamente a la hoja en blanco y se quedó petrificado frente a ella. Todo era perfecto, todo estaba colocado tal y como él deseaba, lo tenía todo... excepto algo que decir.

lunes, 24 de septiembre de 2012

La cárcel

Se despertó en medio de la noche, asustado, con lágrimas en los ojos y todavía sin saber muy bien dónde estaba, como le había ocurrido durante los últimos siete días de su vida. Ahí se encontraba una noche más, acostado en un colchón rodeado de barrotes, en una celda penumbrosa de un lugar sin nombre ni ubicación conocida. Estaba asustado, melancólico, evocando aquel lugar cálido donde apenas unos días ante había dormido plácidamente antes de que lo trajesen por la fuerza hasta la celda donde se hallaba. ¿Qué había hecho él para merecer eso? se preguntó.

Las primeras lágrimas brotaron de sus ojos, al principio suavemente, aunque pronto el leve llanto comenzó a crisparse, a aumentar su tono y, finalmente, se convirtió en un berrido desolador que atestiguaba su malestar.
Las luces del corredor se encendieron y el miedo se acrecentó tensando sus músculos como las cuerdas de una guitarra. ¿Quién sería esta vez? ese lugar estaba lleno de sorpresas y hasta ahora sólo habían sido desagradables: baños fríos, paseos continuos, gente desconocida... Ya no podía aguantarlo más. Ni un segundo más.


Los pasos se hicieron cada vez más cercanos. Él miraba fijamente la puerta y veía a través de los barrotes cómo una sombra se acercaba. Estaba pálido, aterrado, con los ojos abiertos de par en par esperando a saber qué le depararía el destino que tan mal se estaba comportando con él desde que alcanzaba a recordar.

Y entonces, ocurrió.

La sombra se paró justo enfrente de él y sus ojos se cruzaron. Esa cara le resultaba familiar, la había visto mucho los últimos siete días de su vida. La mujer, con una sonrisa en la boca a pesar de sus ojeras, lo agarró por los brazos y lo sacó de la cuna. Desprendía un aroma embriagador y su pijama era suave y cálido. Él se dejó llevar, eso no parecía tan malo. La señora comenzó a cantarle una canción que, extrañamente, parecía gustar a su minúsculo cuerpo. Poco a poco, el miedo fue cesando y alejándose de ese bebé de apenas una semana de vida. La melodía lo acunó en un sueño placentero y los barrotes de su cuna dejaron de ser una cárcel para siempre. Él no podía saberlo en ese instante pero, justo ahí, en ese preciso momento, se encontraba en casa y más a salvo de lo que jamás volvería a estar ya que, cuando uno está en los brazos de mamá, no hay nada que temer.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Mi historia con Sisi y Mainz

Llevaba ya tiempo sin actualizar el blog y hoy me he decidido a hacerlo con una historia cojonuda. Os quiero contar una vivencia curiosa que me pasó hace unos días en la feria de Albacete. La feria, para todo aquel que no la conozca, es un lugar donde llegas recto y sales torcido, donde los mojitos y los cubatas abundan y donde a altas horas de la noche uno se encuentra y le pasan, cosas realmente extrañas.

Como os decía, estaba yo tan tranquilo en una de las carpas de la feria cuando un amigo me comenta:

- Oye, ese de ahí es Mainz, del Granada.

Efectivamente, ahí estaba el cetral del Granada y ex del albacete Balompié, Diego Mainz (@diegomainz). La casualidad, el valor y el alcohol, sobre todo esto último, quiso que recordara que aquella semana uno de los jugadores que más ha dado por el Alba en los últimos años, me había hecho un -2 como una casa en el Comunio (ese juego virtual que todo el mundo conocéis). Con toda la geta del mundo y en medio de la carpa lo llamé:

-Mainz, ven aquí ahora mismo que me tienes contento

Él, demostrando que es un grande dentro y fuera del campo, vino hacia donde estaba (he de recordar que es un vigardo de dos metros y que podía haberme roto los huesos si hubiera querido).
- Dime - contestó amablemente
- Esta semana me has dado mala puntuación en el Comunio... ¿eso está bonico?
Sonriendo y con buen gesto me respondió
- Joer tío, lo siento... intentaré hacerlo mejor la próxima semana

A lo que de nuevo respondí tentando a la suerte:
- No te pases con los mojitos que te vendo mañana mismo ¿eh?
Y cuando creía que no se podía ser más grande, va y, con las manos juntas, me pide:
- No no, por favor, no me vendas y verás como no te arrepientes.

Lo dicho, un grande

Pero no contento con eso, unas horas después (y con ellas unos cubatas más en el cuerpo) me encuentro en la misma carpa a Sisi (@sisino21), jugadorazo albaceteño y que milita en Osasuna. El puto destino quiso (no encuentro otra explicación) que también lo tuviese en mi equipo y que de nuevo, me hubiera hecho esa semana un -2. Como Mourinho en el episodio de los red Bulls, lo llamé también a él a filas:

- Sisi, que sepas que eres un orgullo para todo Albacete y que aquí te queremos mucho pero estoy enfadadísimo contigo

Él, flipando como no podía ser de otra forma, me contestó:
- ¿Y eso?
- Pues porque te tengo en el Comunio y me has encasquetado un -2 como la Catedral de Burgos.

Atónito y descojonándose de risa me prometió también que esa semana iba a mejorar y, he de decir que así ha sido.

Me alegra saber que mis consejos sirven para algo. Soy un motivador nato y ellos unos tíos cojonudos

PD: Como tenía todavía la puta mierda de la Blackberry no me pude hacer una foto con ellos, espero que me la guarden para la próxima

martes, 7 de agosto de 2012

El despertar

Los primeros rayos de sol comenzaban a entrar por los pequeños orificios que la persiana de la habitación, casi cerrada, dejaba entrever. Él fruncía el ceño molesto con ese despertar incómodo que lo alejaba del mundo del sueño y lo acercaba inevitablemente a un nuevo día.

Se giró hacia su derecha para esquivar, en la medida de lo posible, la luz que entraba por la ventana. Entonces la vio. Ahí estaba de nuevo, a su lado, dormida como él había estado hasta hacía apenas unos segundos. Desnuda, al alcance de su mano, apenas a unos centímetros de él. Preciosa, con una belleza insaciable, difícilmente describible, perfectamente modelada, esculpida por las manos de un ser superior, porque nadie de este planeta o de otros por conocer habría cincelado esas curvas con ese grado de perfección. Él alargó tímidamente la mano, como si todavía no creyera que aquello estaba sucediendo, que su suerte era tal que podía acariciar esa piel a su antojo, cuando gustase, todos los días de su vida. Con una mezcla de temor e indecisión acercó su dedo índice y lo paso lentamente por la espalda de su amada lo que hizo que se estremeciese. La más bella postal descrita con la yema de una falange se provocaría segundos después, cuando ella, aquel ángel que había caído inexplicablemente del cielo a su cama, se giró y lo abrazó. Un leve susurro salió de sus labios, él no alcanzó a comprender lo que decía, pero tampoco le importó. En aquel momento los idiomas, las palabras, los morfemas, lexemas, las oraciones, las sílabas, las yuxtaposiciones o las figuras literarias, quedaban totalmente eclipsadas por un lenguaje mucho mayor, por un sistema de signos apasionados, basados en besos, caricias, gemidos y abrazos que avergonzaban a los clásicos shakespirianos, humillándolos y dejándolos como vacuas y meras uniones de garabatos sin sentidos. El lenguaje más poderoso volvía a triunfar de repente, en una mañana de verano. Nada podía hacerle frente, de nuevo todo se reducía a lo mismo, la esencia de la vida plasmada bajo las sábanas, cercadas por las fronteras de un colchón y secundada por dos jóvenes amantes que se quisieron durante horas para la envidia del mundo entero. 

martes, 31 de julio de 2012

Partida hacia la guerra

Ahí estaba él, en el umbral de la puerta esperando el momento que tanto había temido durante años. Su madre desconsolada lloraba y su padre se mantenía en un segundo plano con semblante serio y cara de preocupación.

El joven vestía el uniforme y llevaba puestas las botas, la guerra le esperaba más allá de las fronteras de su hogar. Apartó con cariño a su madre que lo abrazaba y que le mojaba con sus lágrimas el hombro. Le dio un beso en la mejilla y le aseguró que no le pasaría nada, que todo iría bien, que volvería a casa sano y salvo.

Avanzó con paso presto y la mirada fija en la puerta. El silencio invadía la casa e incluso su hermanita pequeña, que no pasaba de los dos años, lo miraba con aire incrédulo y expresión de temor. Anduvo con todo el equipamiento necesario: uniforme, botas, mochila con provisiones y todo lo imprescindible para entrar a la batalla, a su primera gran guerra.

Su madre se abrazó a su esposo y ambos miraron distancia al hijo que ya abandonaba la casa. El joven cogió el picaporte y abrió la puerta. Fuera, el autobús con todos sus compañeros lo esperaba, ellos también estaban serios, acobardados por el qué les pasaría allá donde iban. La guerra iba a comenzar pronto y todo el barrio parecía notarlo, se respiraba el peligro, se mascaba la tensión en el ambiente.

Era hora de afrontar su destino, suspiró y se armó de valor. Inició la marcha hacia el transporte que lo llevaba al campo de batalla, no avanzó más de dos pasos cuando se frenó en seco, giró la cabeza y miró a su madre. Con expresión de chulería, esa que había adornado su semblante desde que tuvo memoria le dijo: "tranquila mamá, hay cosas peores que el primer día de colegio"


domingo, 29 de julio de 2012

La carta de amor en el clinex

Estaba seguro, ese día le diría lo mucho que la quería. Se había concienciado durante toda la semana, por fin, le abriría su corazón. Sus amigos habían quedado para comer en el bar que solían frecuentar. El joven entró y ella fue su primera visión, todo lo demás, todo lo que la rodeaba sólo emborronaba una imagen perfecta, única, exquisita, magistral... preciosa. Estaba sentada con un vaso de vino en la mano, increíblemente bonita. Llevaba un vestido azul con rayas blancas que caía casi al nivel de la rodilla. El moreno veraniego había hecho presencia en su cuerpo y se acentuaba más si cabe por el brillo de sus ojos azules. Estaba tan linda que en un principio estuvo a punto de echar al traste los planes de su enamorado, pero finalmente no fue así. El destino se alió con él y vio como la silla que había inmediatamente a la derecha de Sara (que así se llamaba ella) se quedaba libre. "Es una señal" se autoconvenció.

Avanzó presto y sin dilación a enfrentarse con su sino de una vez por todas. Se sentó junto a ella y la saludó. Ella respondió con una sonrisa espectacular, de película, de cuento de hadas.
Una brisa veraniega surcaba el restaurante y llevó el perfume de Sara hasta las fosas nasales del chico, que se deleitó con él hasta embriagarse profundamente. Estaba locamente enamorado, no había duda sobre eso. No era un amor cualquiera, era mucho más. Un sentimiento único que él jamás había sentido pero que había comenzado a despertar hacía casi un año y ahora era mucho más poderoso de lo que nadie podía imaginar. Se había enamorado de Sara desde el primer momento, desde la primera vez que la vio en el comienzo del verano anterior. Había llegado al pueblo a veranear y al mismo verla sintió que se le quebraba el corazón. Hasta entonces no más de unas pocas palabras y algún roce involuntario lo habían mantenido vivo. No sabia si ella le correspondía o no, según le habían dicho sus amigos la cosa pintaba muy bien pero claro, en esto del amor nunca se tiene la certeza absoluta. Así ha sido siempre y siempre así será.

Un estornudo surgió de su boca y el chico se interesó por ella con un "¿qué te pasa?" y ella le comentó que siempre por esa época solía coger algún catarro sin importancia por el brusco cambio de temperatura. A él le pareció tremendamente dulce, pero claro, su objetividad hacía tiempo que había sido asesinada por la cursilería romántica.

La noche avanzó entre copas de vino, risas y deliciosos platos. El chico sabía que era ahora cuando debía actuar, cuando tenía que decirle todo lo que sentía, todo lo que la amaba, todo lo que iba a hacer por ella: cuidarla, protegerla y quererla hasta el fin de los tiempos. Pero no era tan sencillo. Aunque le había costado siete días y siete noches tomar la decisión, no había caído hasta aquella noche cómo lo haría. El ambiente no era el más propicio para hacerlo directamente, quizás con un mensaje en el móvil... sí, eso podría ser hasta romántico: escribirle un mensaje aunque la tuviera al lado, algo más o menos como: "Te quiero como nunca he querido y como no creo poder volver a querer. Después alargo el mensaje pero quiero que lo sepas" 140 caracteres que le hicieran una primera idea de por donde iban los tiros. ¿Lo tomaría bien? ¿era un poco precipitado? ¿le correspondería?. Entonces cayó en la cuenta de que ella no tenía el bolso encima. ¡Maldita sea! lo había dejado colgado en la silla y probablemente no oyese el sonido y tuviera que esperar hasta más adelante y eso conllevaba un riesgo implícito: podría ser que entonces no estuviera sola.

Así que se armó de valor, cogió una clínex de su bolsillo y le pidió un bolígrafo, ella extrañada se lo dio. Le escribió en menos de 50 palabras todos sus sentimientos (más o menos) le explicó (más o menos) todo lo que había sentido y le pidió (más o menos) que ella le contestase con todo lo que sentía por él (más o menos). En ese papel viajaban todas sus esperanzas, sus sueños, todos y cada uno de los sentimientos que su pequeño corazón albergaba. Ahí iba media vida, en un papel esponjoso y suave con el que se podía limpiar el culo literal y metafóricamente. 
La miró, le tocó en el hombro y con una expresión de felicidad patente se lo entregó: "toma, aquí tienes" fueron sus últimas palabras. Ella, con otra sonrisa de oreja a oreja y con una mirada que hubiese enloquecido al más casto y puro de los hombres contestó: "muchas gracias".

Inmediatamente después, lo abrió y se sonó la nariz con él. Una mancha de tinta en la cara de su amada fue lo único que quedó de esa declaración de amor y, por qué no decirlo, de la poca dignidad que le quedaba a nuestro querido protagonista.

miércoles, 18 de julio de 2012

La bolsa del Pryca

El otro día me dirigía a tomarme una cerveza (¿vaya novedad eh?) cuando me encuentro con esto


¡Una bolsa del Pryca! (porque era EL PRYCA, no Pryca) Esa cadena que desapareció en el año 2000 cuando la compró Carrefour, tiene todavía su sello por las calles. Me imagino al abuelo/a que habrá guardado esa bolsa en casa durante todo este tiempo y que no se da cuenta del valor que puede llegar a alcanzar eso en el mercado de coleccionistas. Una bolsa de plástico, de esas que todos tenemos pero con un antigüedad casi milenaria (más o menos). Inmediatamente la cogí y la guardé como oro en paño junto con la del Jobac, el walkman y los capítulos de Espinete en VHS. Ahora os reiréis de mí, pero en unos años seré rico y yo me reiré de mí... que diga, de vosotros.

martes, 17 de julio de 2012

Camisetas spoiler

Si hay algo que está más que claro, es que la gente tiene muy mala uva. Hoy os traigo una colección de camisetas spoiler que te joden el final de un libro, de una serie o de una película (eso sí, están muy chulas)

De Harry Potter

"Dumbledore muere en la página 596 y te acabo de joder 4 horas y 30 euros"

Esta directamente te destripa toda la trama

Directa y al corazón: Snape mata a Dumbledore

Perdidos (Lost)


John Locke no está muerto


La verdad sobre el humo negro (algo de sentido del humor)

Juego de Tronos


Muy sutil ... vía @limonmecanico

En general


lunes, 9 de julio de 2012

El hombre de la estación

Existe un bar en una poco transitada estación de trenes española donde se come muy bien por muy poco dinero. Asiduamente me acerco a él para tomar un bocadillo rápido antes de volver a casa. El otro día me encontraba allí y, de entre la gente que había reunida, recordé una cara que me pareció familiar. Vi a un hombre de unos setenta años, con boina, como los buenos abuelos de La Mancha; anteojos finos, el primer botón de su camisa a cuadros desabrochado, un pantalón raído y unos zapatos negros con calcetines azules, cosa que dice mucho en favor de un coetáneo de la generación mocasines negros-calcetines blancos.

De entre todas las caras de los más o menos asiduos a esa cafetería de mala muerte, me fijé en la suya. Una expresión triste, mustia, completamente abstraída y decadente. Lo había visto ya más de una vez allí, con su copa de cerveza y algo que llevarse a la boca. Solo, muy solo. Dicen que las palabras pueden describirlo todo pero esa es una afirmación que nunca he compartido. Lo vi pesaroso, fijándose en cada detalle, buscando desesperadamente un poco de atención, un mínimo de conversación, un "hola" o un "adiós". Mi padre, que me acompañaba, también se dio cuenta de aquello: "Este viejo siempre está por aquí y siempre lo encuentro solo. Pobre."

Me dio que pensar... y mucho.

Imaginé su vida, lo que podría o no podría haber pasado aquel hombre que ya tocaba el fin de sus días y su expresión no hacía más que darme razones para ponerme en lo peor. Comencé a imaginar lo que debía ser la soledad absoluta de aquel viejo, el pasar las horas sin hacer nada más que llegar a ese bar a disfrutar de la compañía de gentes desconocidas porque, probablemente, los suyos estén demasiado lejos como para hacerle caso. No os imagináis cómo miraba a todo el mundo, con esa desolación máxima plasmada en unos ojos vidriosos, vacíos de alegría y llenos de lágrimas, sin ganas de vivir, sin una mínima chispa de vitalidad. De vez en cuando mojaba sus labios en el vaso y ahogaba sus penas en la cerveza, quizás como hemos hecho todos alguna vez, y se evadía, como buenamente podía, de todo ese mundo que le rodea pero que no quiere saber nada de él. Esa soledad que, como ya decía García Márquez, es la peor de todas: "estar rodeado de gente y seguir sintiéndote solo". Sin duda, el castigo más cruel que puede existir.

Me dio pena, mucha. Inevitablemente y por esa intrínseca condición de ser humano que todos, queramos o no, tenemos, me puse en su piel. Me imaginé a mí con esa edad y ese estado de soledad total, esa expresión melancólica, vagando de un lado para otro pero siempre dentro del mismo kilómetro cuadrado. Intentando que las horas pasen lo más rápido posible, que la pesadilla concluya, que todo se acabe, que el dolor cese. Una vida como cualquier otra, despojada de toda ilusión, privada de toda sensación placentera y condenada a ir tachando los días que quedan para que todo termine. Todos los sentimientos plasmados en esa mirada esquiva, compungida y tristona de un hombre que viaja solo en un mundo lleno de gente. La realidad de muchos plasmada en la mirada de uno, el triste sentir del mundo, la otra cara, la que nadie quiere enseñar, vista en una cafetería de pueblo un día cualquiera ante los ojos del que quiera verlo y se pare a fijarse. La vida en estado puro, no la de los anuncios de Coca-Cola, sino la de verdad, que a veces golpea demasiado duro, tanto que cuesta volver a levantarse. Se lo pueden ustedes preguntar a mi amigo de la estación..

miércoles, 4 de julio de 2012

Mi móvil... de mierda

Hola, queridos amigos. Hoy os quiero contar algo que venía deseando compartir desde hace ya unos meses. Mis seguidores de Twitter saben que desde hace ya tiempo me vengo quejando de que mi teléfono móvil no me deja acentuar palabras y cambiar las que, por defecto del mismo, vienen escritas erróneamente. Os voy a contar la historia:

Hará exactamente un año y cinco meses, concretamente el 17 de julio (para que veáis que voy contando los días uno a uno como los presos) que me compré un nuevo terminal. En aquel tiempo que, aunque parece cercano está muy lejos en la memoria, me decidí por ese teléfono tan 'cool' y que salía tanto en las películas como era la Blackberry. Recuerdo que siempre veía con ella a un abogado o un detective pensaba: "Dios que pepino de móvil, con eso seguro que se puede hacer de todo" de nuevo la televisión volvía a demostrar que te puede vender cualquier mierda.

Mi primero meses con la Curve 9300 fueron geniales. Siempre había huído de los móviles táctiles y esta tenía botoncitos que me permitían escribir a una velocidad endiablada. Nuestra historia de amor empezó genial hasta que, de repente, todo cambió.

No sé que le ocurrió a mi amada, pero de un día para otro dejó de ser ella misma para volverse más distante, para alejarse de mi lado cuando jamás le faltó de nada. Puta desagradecida.

El caso es que un día cualquiera dejó de funcionar.

Claro, la Ley de Murphy no iba a consentir que fuera una tecla inservible la que dejase de funcionar, evidentemente cuando algo pasa tiene que ser algo que te toque las narices a gusto. Así que fue la tecla central, la llamada 'rulecica' en las tierras murcianas, la que dijo "hasta aquí hemos llegao". De un día para otro me encontré con que la tecla más importante de todas dejaba de funcionar y con ella, muchas de las funcionalidades del móvil. Me las vi negras para poder apañarme sin ese botón pero he de decir orgulloso que sí, lo conseguí.

Poniendo comandos en las teclas de los laterales y con mucho ingenio, conseguí que el Whastapp, los mensajes y los correos electrónicos pudieran funcionar. Había perdido la calculadora, los juegos y demás, pero bueno, lo realmente importante seguía en uso. Pero claro, no por mucho tiempo

Primero fue la tecla del lado izquierdo la que murió. Un botoncito que, de repente y cuando me quise dar cuenta, se había despegado y perdido para siempre.

No mucho más tarde, fue justo el del otro lado, es decir, el botoncito de la derecha, el que se despegó. He de decir que las funcionalidades sí seguían operantes, pero para poder acceder a ellas había que introducir un boli, las llaves o algo semejante, con lo que no siempre resultaba posible.

Todo había empeorado, pero por lo menos aún podía seguir usándola para llamar y, mediante otra serie de comandos que descubrí posteriormente, para mandar mensajes. Nada más.

Con eso esperaba llegar al mágico día 17 de agosto donde se me acababa la permanencia y no tenía que pagar la multa de 70 euros que los cabrones de Vodafone me quieren meter. Pero la cosa se terminó de torcer



Como podéis ver en la primera imagen, la tecla de bloqueo se me jodió también, con lo que tuve que inventar un artefacto para que se quedara pegada y no tuviera que meter un boli cada 10 segundos, que es el tiempo en que tarda en bloquearse el maldito trasto del demonio. Además, como se puede ver en la siguiente imagen, la tapa se me partió de un lado, con lo que muchas veces se me caía al suelo sin darme cuenta.

He aguantado con todo esto casi un mes, hasta que ya me ha fallado lo más importante de todo: la batería. De una semana a esta parte, tenía que cargar 3 o 4 veces la misma para no quedarme tirado al hablar con alguien. Lo he intentado todo para que esta relación no se fuera al traste, ella lo sabe y yo lo sé, pero no ha sido posible. Ahora, por cortesía de un amigo, tengo un móvil hasta el 17 de agosto y, aunque no dejo de agradecérselo, no puedo echarme las manos a la cabeza y llorar cada vez que pienso que es otra blackberry (esta vez encima un modelo inferior) y que sí, también tiene los botones rotos.

A perro flaco, todo son pulgas

jueves, 28 de junio de 2012

Los horrores de la guerra

Empiezo a leer 'Sin novedad en el frente' de Erich Maria Remarque. Un clásico de la literatura antibelicista que tenía guardado por ahí pero que jamás comencé a leer. Ahora me adentro en la vida en las trincheras de la I Guerra Mundial con unos jóvenes del ejército prusiano. Veo como les sesgaron la vida, como les hicieron dejar abruptamente su inocencia y los llevaron al campo de batalla a matar, a perder todo resto de esa condición humana que la guerra pudre con su horror.

Os dejo el fragmento que intenta sintetizar todo eso

"Tiene razón. Ya no somos jóvenes. Ya no queremos conquistar el mundo. Somos fugitivos. Huímos de nosotros mismos. De nuestra vida. Teníamos dieciocho años y empezábamos a amar el mundo y la existencia; tuvimos que disparar contra eso. La primera granada que explosionó, lo hizo en nuestro corazón. Estamos al margen de la actividad, del esfuerzo, del progreso. Ya no creemos en nada de eso; creemos únicamente en la guerra."

martes, 26 de junio de 2012

viernes, 15 de junio de 2012

Carta a Ndugu

Antes de dormir, os dejo esta relfexión triste, muy triste, que hace Jack Nicholson en la película 'A propósito de Schmidt'. No la reflexionéis demasiado, que no son horas, ni épocas ni, sobre todo, no es forma de acabar un día.




"En cierto modo me hizo pensar: al contemplar esta historia y al reflexionar sobre lo que consiguieron esas personas hace tanto tiempo, uno ve las cosas con una nueva perspectiva. (...) Ya sé que somos como granos de arena en la inmensidad del universo y supongo que a lo máximo a lo que podemos aspirar es a dejar algún tipo de huella pero ¿qué huella he dejado yo? ¿en qué he contribuído a mejorar el mundo? (...) Soy débil, un fracasado... y no tengo ninguna excusa. Relativamente pronto, moriré. Tal vez dentro de veinte años, tal vez mañana... ¡qué mas da!. Cuando esté muerto y conmigo todos los que me conocieron, será como si nunca hubiera existido. ¿Aquién ha afectado en algo mi vida? a nadie que se me ocurra, a nadie en absoluto"

jueves, 14 de junio de 2012

El eterno Premio Nobel

Hoy se recuerda al poeta argentino, Jorge Luis Borges, la gran injusticia del mundo de las letras probablemente. El autor célebre que no consiguió el Nobel por vete tú a saber qué... hay tantas versiones. En el recuerdo, esa frase célebre que pronunció al respecto: "Yo siempre seré el futuro Nobel. Debe ser una tradición escandinava"

Hoy se cumplen 25 años de su muerte, los mismos que tengo yo. No fuí contemporáneo del maestro más que por unos meses y como comprenderán, no lo recuerdo muy bien. Sin embargo, sí hay una cosa que ha quedado de Borges presente para mi generación y las venideras. Algo mucho más importante que un premio, la fama o el dinero: su obra. Eso es eterno


Del poema 'Dime' rescato esto

Dime por favor donde no estás
en qué lugar puedo no ser tu ausencia
dónde puedo vivir sin recordarte,
y dónde recordar, sin que me duela.

Dime por favor en que vacío,
no está tu sombra llenando los centros;
dónde mi soledad es ella misma,
y no el sentir que tú te encuentras lejos.

Dime por favor por qué camino,
podré yo caminar, sin ser tu huella;
dónde podré correr no por buscarte,
y dónde descansar de mi tristeza. 

...
Dime por favor donde hay un mar,
que no susurre a mis oídos tus palabras. 

Para leerlo entero (cosa altamente recomendable) AQUÍ

"Siempre imaginé que el paraíso sería algún tipo de biblioteca" Jorge Luis Borges

martes, 12 de junio de 2012

Un bonito regalo

Hace unos días me regaló mi tía un obsequio que me hizo muchísima ilusión. Nunca pensé que una planta me produjera tanta satisfacción y orgullo como el agapanto, la flor que me han obsequiado. Aquí os lo dejo, ya florecida en el patio de mi casa



Para de los que no sepáis de qué va la cosa, os dejo este enlace y este otro después