Había llegado la hora. Después de años de búsqueda, el aventurero Peter Mcgonagal se encontraba a punto de descubrir el secreto mejor guardado de los últimos mil años: la pulsera mágica. Contaba la leyenda que, siglos atrás, un brujo había escondido en una caja de madera un amuleto capaz de dar superpoderes a su portador. Corría el año 3011 y Peter Mcgonagal estaba a punto de grabar su nombre a fuego entre los mayores descubridores de la historia. Tras media vida de búsqueda y miles de peligros solventados con valor, templanza y sangre fría; se encontraba frente aquel cofre de madera donde, a buen seguro, se encontraba la famosa pulsera.
Durante siglos, miles de personas habían buscado esa reliquia por todos los rincones del planeta tierra pero nadie había podido encontrarla. Solo Peter había sido capaz de resolver los cientos de acertijos que conducían a ella. Una joya ancestral que, según narraba la leyenda, era capaz de aportar a su portador habilidades dignas de magos, de súper hombres, casi se podría decir, de dioses.
Mcgonagal estaba expectante, su hombría y su virilidad no le hacían ponerse nerviosos pero si alguna vez su aspecto varonil pudo parecerse en algo a un hombre inquieto, fue en ese instante. Por fin iba a encontrar lo que durante años había estado buscando, la tenía delante, estaba completamente seguro. Cientos de años perdida y era él quien la encontraba, quien se beneficiaría de sus poderes mágicos. Por fin haría realidad el sueño de su vida, por lo que había peleado tantos y tantos años.
Lentamente y deleitándose con el momento, abrió el cofre y comenzó a estremecerse con el cosquilleo del triunfo, con el sabor dulce de la victoria. Por fin era suya, ahí estaba... la famosa pulsera mágica
Estoy leyendo en la actualidad el libro en castellano por antonomasia: don Quijote de la Mancha. Por lo que había oído y me habían contado, esperaba un libro denso y pesado pero, muy gratamente para mí, no está siendo así. Hoy os dejo un pasaje precioso, donde don Quijote describe a su amada Dulcinea:
"Yo no podré afirmar si la dulce mi enemiga gusta o no de que el mundo sepa que yo la sirvo. Sólo sé decir, respondiendo a lo que con tanto comedimiento se me pide, que su nombre es Dulcinea; su patria el Toboso, un lugar de la Mancha; su calidad por lo menos ha de ser de princesa, pues es reina y señora mía; su hermosura, sobrehumana; pues en ella se vienen a hacer verdaderos todos los imposibles y quiméricos atributos de belleza que los poetas dan a sus damas: que sus cabellos son oro, su frente campos elíseos, sus cejas arcos del cielo, sus ojos soles, sus mejillas rosas, sus labios corales, perlas sus dientes, alabastro su cuello, mármol su pecho, marfil sus manos, su blancura nieve, y las partes que a la vista humana encubrió la honestidad son tales, según yo pienso y entiendo, que sólo la discreta consideración puede encarecerlas, y no compararlas"
La historia de hoy se remonta a no muchos años atrás, en una habitación cualquiera de una ciudad cualquiera. Allí, escondidos en una penumbra intermitente, únicamente perturbada por las pinceladas de luz que penetraba por las pequeñas rendijas de la persiana, dos cuerpos desnudos saboreaban el placer de un sentimiento exquisito, de una sensación inconmensurable, del amor perfecto.
Un reloj colgaba de la pared de enfrente. Sus manecillas seguían incansables el movimiento que, desde su primer momento de vida, habían memorizado a la perfección. Los segundos daban paso a los minutos y éstos a las horas; unas horas que debían separar a esos dos amantes de nuevo, para alejarlos el uno del otro, para privarlos de las caricias, los abrazos, los besos… De soslayo, él miraba de vez en cuando las agujas y quedaba horrorizado por la velocidad que adquirían. Era imposible que el tiempo pasase tan rápido, que ya apenas quedaran unos cuantos minutos para comerse a besos a esa chica que lo miraba con una media sonrisa abrumadora, preciosa, irresistible. Él volvió a olvidarse de Cronos y se abalanzó sobre su boca, humedeciéndose con sus besos, saboreando su lengua y acentuando la temperatura de su cuerpo con sus caricias. Comenzó a besar su cuello, y fueron en esa ocasión los ojos de ella los que se quedaron fijos en las manecillas de aquel reloj. ¡Qué poco quedaba para que lo dejase, para que volviera a surcar los mares y se alejase hasta que Dios quisiera volver a reencontrarlos! No podía dejarlo ir, ahora no.
El tiempo se consumía segundo tras segundo y únicamente sentía que, poco a poco, se le iba de las manos, que no podría abrazarlo más, ni oír su voz, ni besar sus labios. Y no había nada que pudieran hacer.
Pero entonces surgió el milagro. Porque, si algo es conocido entre los amantes más fervientes, es que realmente el amor hace milagros. Fue entre aquellos besos extenuantes, entre aquellas caricias abrasadoras y entre aquellos abrazos febriles cuando ocurrió. De repente, el tiempo comenzó a detenerse como por obra de magia. Como por deseo celestial, las manecillas empezaron a moverse cada vez más lentamente. Al principio, los dos pensaron que eran imaginaciones, simples pensamientos de un subconsciente que les incitaba a creer que, efectivamente, lo estaban consiguiendo. Pero era muy real. Porque cuando se ama, todo es posible; porque cuando se quiere, todo está al alcance de la mano.
Fue entonces cuando esos segunderos, tan odiados por la pareja unos minutos antes, dejaron de funcionar. El tiempo se detuvo. No fue un fallo mecánico, ya que los pájaros también dejaron de cantar, el viento dejó de soplar y se hizo el silencio. Un silencio atenuado por el sonido de los gemidos que siguieron resonando en el eco hasta la extenuación.
Ya tenían el infinito para amarse, todo el tiempo del
mundo para perderse mutuamente en un océano de pasión y, aún así, les pareció
poco. Querían mucho más, querían toda la eternidad para estar juntos y jamás
volver a separarse. Quisieron ser más fuertes que el tiempo y, finalmente, lo
lograron.
Hoy he vuelto a recordar una frase que ya apunté por aquí hace algún tiempo y que he decidido meterla en las leyes irrefutables de Couling, una sección que tenía algo olvidada. La frase en cuestión es esta:
Mi amiga Inma (@inmadll) tiene la extraña teoría de que si una mañana no te acuerdas de lo que hiciste la noche anterior de fiesta, es que te lo pasaste de puta madre (ya, ya lo se...pero son mis amigos y ya los tengo medio educados con lo que no los voy a matar).
Hoy me he puesto a ojear fotos de las casas rurales a las que asistí este fin de semana con ellos y, por qué mentiros, hay muchas de las que no tengo constancia. Después he pensado que a lo mejor tenía yo alguna metida en el móvil, de eso que vas hiper pedo y la haces para rememorar el momento y al día siguiente dices: cuando cojones me hice yo esta foto. Efectivamente, tenía una. Os la muestro
Uniendo la foto con la teoría de mi amiga lo confirmo: ha sido un viaje cojonudo
"El fútbol es más que un deporte, es una pasión. Y como todas las pasiones es inexplicable. Las cosas que se hacen, que se viven y que se sienten con el fútbol están fuera de toda lógica, de todo raciocinio. Las pasiones se sienten, se disfrutan o se sufren pero no se piensan, no soy objetivas. El fútbol apasiona al que lo prueba, con el primer bocado enamora y, aunque algunos momentos del manjar son extremadamente amargos, merece la pena dar ese primer bocado. Háganme caso, muerdan la manzana y no se arrepentirán"
Hoy me he levantado a las nueve y media y he ido a desayunar a la cocina. Mientras lo hacía, he encendido la tele y me he puesto a ver la programación. Haciendo 'zapping' he llegado a La Sexta (creo) y me he encontrado con una vieja serie con la que tantos y tantos veranos he disfrutado: Los Vigilantes de la Playa.
Siempre he pensado que el éxito de una buena película o de una serie (comercial, me refiero) está sustentado en tres factores: tetas, acción y más tetas. Los Vigilantes de la playa no iban a ser la excepción. Aún recuerdo como nuestras madres nos ponían frente a la televisión en verano y observaban que, misteriosamente, nos quedábamos embobados cuando comenzaba:
- "Que maravilla de hijo tengo" - pensaban -"mira como se interesa por el socorrismo y admira como a héroes a esas personas que velan por nosotros" (ya sabéis vosotros lo ilusas que son las madres)
Pero el caso es que ya en la introducción te obnubilabas con Pamela Anderon, con Erika Eleniak, Carmen Electra y esas cámaras superlentas que te revelaban cada centímetro y, lo que es mejor, daban rienda suelta a la imaginación para que tu revelases en tu cabeza lo que ellas escondían. Una serie de la re-mil-polla que me he comido desde los 12 hasta ahora, los 24. Jamás en toda mi vida he visto un rescate como los que se hacían en Baywatch, probablemente jamás los vea pero te ponías a ver la serie y terminabas en la piscina flipándote como un cabrón y soñando con que alguna de ellas viniera aunque fuera a echarte la bronca por tirarte de 'bomba'
Os enseño la escena que me he comido esta mañana. Veréis que no tiene absolutamente nada que ver con los vigilantes pero efectivamente, son los Vigilantes de la playa.
Os transcirbo la conversación de los guionistas:
- Billy tio, ¡estamos jodidos! - ¿Qué pasa Joe? - Ya hemos gastados todos los tiburones, bombas terroristas, huracanes y demás para la serie, no sabemos que cojones poner en la escena del capítulo de la semana que viene, estamos perdidos Billy - Tranqui Joe, pon tetas - ¿Tetas? Dios Billy eres increíble, ¿cómo no se me habría ocurrido antes? - Son muchos años de experiencia, trabajo y dedicación Joe, algún día tú tambien serás tan buen guionista como yo - Gracias Billy, eso espero. Nos has salvado el culo
Y así sucesivamente cada semana
Por cierto, 400 entradas van ya en el blog. Gracias por seguir siguiéndolo a todos
Hoy hace exactamente un año que todo un país se unió para tocar el cielo, para acariciar la gloria como nunca antes esta nación había conocido. Para ocupar el lugar que, por derecho propio, se había ganado durante años y que había tirado a la basura (o le habían arrebatado) tantas y tantas veces. El gigante despertó hace exactamente 365 días, esperemos que no vuelva a dormir. Disfrutadlo (otra vez)
La noche se cernía sobre el pequeño poblado costero del norte
de España. En su habitación, el chico se escondía bajo las sábanas, asustado
por la tormenta que repiqueteaba con fuerza en la ventana. Solía sacar de vez
en cuando la cabeza para observar al hombre que creía estaba sentado en el
sillón del escritorio. Esperaba a que un relámpago iluminase el cuarto para
lenta y disimuladamente, asomarse por el faldón de la cama y mirar en la
dirección donde aquel ser misterioso se encontraba.
Efectivamente, estaba allí.
Pedro, que así se llamaba el muchacho, volvió a esconderse al
borde del llanto en su refugio. Estaba demasiado asustado para huir o,
simplemente, para pedir ayuda a su padre. Probablemente, el monstruo no se
había percatado todavía de que él estaba despierto y, si se le ocurría gritar,
su papá podría tardar más de la cuenta en llegar a socorrerle mientras que
aquel ser espantoso estaría obligado a acabar con él.
La tormenta sonaba cada vez con más fuerza lo que aterraba todavía más al
muchacho. Ya lo había estado otras noches cuando creía haber visto a otros
seres, pero esta vez era verdad, estaba allí.
Decidió que tenía que actuar. No podía esperar a que ese ser
se aburriese de mirarlo y le devorase. Él era demasiado pequeño para
defenderse, pero seguro que su padre le daría una buena paliza. Así que se armó
de valor y gritó con todas sus fuerzas. Fueron los segundos más tensos de su
vida. A sus cortos cuatro años no recordaba haber pasado nunca tanto miedo.
Esperó a que se produjera un ataque del intruso ahora que ya había descubierto
que lo habían atrapado. Se abrazó fuerte a la almohada, pero esa embestida no
llegó. De repente, la luz de su habitación se encendió y Pedro vio como su
padre aguardaba medio dormitando en el marco de la puerta. Increíblemente, el
malvado se había marchado. En su lugar, únicamente un montón de ropa que,
mirándolo bien, tenía cierto parecido a ese maligno ser que acababa de huir de
la habitación. De nuevo su padre le había salvado, era su héroe.
Ayer me trajeron a mi habitación una caja para que se lo devolviera a mi hermano. La caja en cuestión contenía el Risk, ese juego de mesa en el que tienes que enfrentarse a tus amigos para conquistar el mundo. Un entretenimiento cojonudo para las tardes de domingo o para compincharte con los otros para tocarle la polla al que peor te cae, porque como entre todos digáis de tocarle los huevecillos a uno, se los tocáis bien (el que haya jugado sabe de lo que hablo).
Esta mañana me he levantado y he visto la caja en mi mesa. Habré visto esa caja tropecientos millones de veces pero hoy la he analizado en profundidad... ¡en qué mala hora!
Os pongo primeramente la imagen general
A simple vista parece una portada acojonante. La caballería dispuesta a derrotar al enemigo, a enfrentarse con otro ejército por defender su patria, a su bandera... la repolla en vinagre vamos. Sin embargo, es la mayor mariconada hecha por el hombre. ¿Por qué? por dos imágenes que os paso a describir
1)
Perdonad la calidad de la imagen pero BlackBerry tiene una cámara de mierda (algo de lo que me encagaré aquí más adelante) pero creo que se ve más o menos claramente. Si acercamos más la vista a los soldados observamos como la cara del que ejerce un papel protagonista es acojonante. Con la espada desenvainada y una expresión de furia total, avanza presto a enfrentarse con el enemigo. Pero, si nos fijamos en el que está inmediatamanente a su izquierda (nuestra derecha) vemos que está cagado en las patas. Una cara medio de risa medio de llanto invade al soldado. El muy marica se dirige al combate...¡llorando! pero, alma cándida, ¿cómo quieres imponer respeto así?
2)
Y si la imagen anterior ya era lamentable a más no poder, no puedo describir la que os acabo de mostrar. En la parte derecha de la caja, observamos a dos soldados... si amigos, así es... abrazados. Un homenaje al guerrero mariposón se vislumbra en la caja del juego de guerra por excelencia. Que Dios me castigue si yo tengo algo en contra de los soldados gays, pero coño...¡una cosa que esté bien!
Total que hoy, de nuevo, he tenido que plantearme todo un universo de dudas. Me he vuelto a dar cuenta de lo engañado que estaba en otro asunto más, que no todo era como yo pensaba.
Un vídeo que me enseñaron el otro día en la residencia. Un niño dando por saco hasta que le cambian la música y le ponen 'reggae'. Observad como cambia la cosa:
Como a cualquier niño, mi padre también me contaba cuentos a la hora de la siesta o antes de dormir por las noches. En mi casa no somos muy normales, todo hay que decirlo, así que digamos que los cuentos clásicos, los de toda la vida, quedaban algo distantes de los que me contaban a mí con apenas seis o siete años.
A mi padre, un educador nato, le importan un carajo los conceptos psicológicos, los traumas infantiles y las doctrinas de la pedagogía moderna (como, por otra parte, nos pasa a la mayoría). Es un hombre de los de toda la vida, de esos que saben que la tontería infantil se quita con un par de hostias, y que el diálogo padre-hijo está muy bien... siempre y cuando no te pases de la raya. Cosas que, por desgracia, se están perdiendo.
Bueno, a lo que íbamos.
Como decía, mi padre nunca ha sido de contar las historias como manda el guión preestablecido. Él encontraba los cuentos clásicos una mariconada de cuidado, y por eso los cambiaba a su gusto: bien para no dormirse contándolos, bien para sacarnos una sonrisa, o bien porque le salía de sus santos cojones.
Hoy, por tanto, os voy a contar la historia —la curiosa historia, más bien— de Pulgarcito. Vamos allá:
“Pulgarcito, como su nombre indica, era un niño muy pequeño, muy pequeño, que había nacido poco después de que el espermatozoide de su papá fecundara el óvulo de su mamá. Exactamente dos semanas después.
Como era tan pequeño, su madre lo tenía muy mimado y no permitía que saliera nunca a la calle. Su diminuto tamaño siempre le había impedido jugar con otros niños por miedo a que lo pisaran. El chaval, que apenas medía ocho centímetros de altura, se limitaba a luchar con palillos contra las moscas que se colaban en casa o a hacer castillos con los terrones de azúcar.
Un día, su madre se fue a la compra y dejó una ventana abierta. Pulgarcito, que era muy curioso (a la vez que muy gilipollas), decidió salir al jardín de su casa a explorar el mundo que desconocía por completo. Paseó entre los hierbajos, olisqueó las enormes flores y se divirtió embarrándose en la tierra mojada.
Sin embargo, de repente, un gigante con cuernos (conózcase como una vaca) que pastaba por allí se lo comió sin querer.
Pulgarcito entró por la boca del animal, bajó por el esófago hasta llegar al estómago. Allí, intentando no ser devorado por los jugos gástricos, consiguió colarse por el intestino... hasta que por fin salió del animal enjugado en un montón de mier...”
Bueno, pues ya conocéis el resto de la historia.
Aquí mi padre, con un estilo sutil y un enfoque docente digno de elogio, le explicaba a su hijo, camuflado entre un cuento, todo el proceso digestivo de un animal. Si eso no es matar dos pájaros de un tiro, que baje Dios y lo vea.
Ya aviso de antemano que el post que escribo contiene SPOILER sobre la película. Un film más, sin ningún brillo aparente. Una obra de Ridley Scott con Russell Crowe y Marion Cotillard que, sin embargo, cautiva (por lo menos a mí)
La peli habla sobre Max Skinner, un corredor de bolsa que hereda de su tío un viñedo en Francia. Tras varios intentos por venderlo, consigue cambiar la mentalidad de su vida y reconducirla por otras sendas. Se olvida del estrés, del dinero a raudales y se concentra única y exclusivamente en vivir tranquilo, retirado de la sociedad entre copas de vino, la suave brisa de la campiña francesa y las caricias de Marion Cotillard. Un planazo vamos
Os dejo dos escenas para que veáis lo simple que es la vida
"Quisiera pasar el resto de mi vida con una diosa irracional y suspicaz y una ración de celos y de genio, y una botella de vino que sepa como tú... y una copa que esté siempre llena"
Y aquí la ESCENA FINAL de la película (recuerdo, SPOILER) donde el mejor amigo de Max le llama y le comenta que está seguro de que no aguantará con ese ritmo. Que él es un tío de ciudad, de agobios y de trabajo. Que la buena comida, la calma absoluta, el vino y el sexo sólo serán pasatiempos pasajeros. Max, obnubilado por esos ojos azules, por ese idioma de erres desaliñadas y de gorjeos y por un andar digno del mismo cielo, comenta irónico: ¿no aguantaré? ... ya lo veremos
De la película 'La boda de mi mejor amigo' rescato este fragmento, un diálogo que no podía haber venido en un momento mejor, que no puede ser más cierto.
"Si amas a alguien lo dices, lo dices de inmediato en voz alta, porque de lo contrario ese momento... pasa de largo"
Ayer ya avisé por Twitter que iba a actualizar denunciando la jodienda que me estaban gastando los cerdos de mi residencia. Os explico:
Resulta que sobre las diez de la mañana recibo una llamada de un móvil desconocido. Antes, siempre tenía el móvil apagado para evitar que esa gentuza que llama tan pronto por las mañanas con la única intención de joder, pudiera realizar ese cometido, pero con mi último cambio de móvil he perdido esa sabia costumbre. El caso es que descuelgo el teléfono aún con pie y medio en el mundo del sueño:
- ¿Diga? - Hola buenos días, te llamaba por el piso de Madrid - ¿El piso de Madrid? - Si ese que tienes en la calle Princesa, número 17 - ... - ¿oye? - S...si, si... dígame... ¿qué piso? - ... ¿tú eres Antonio de Mora? - (PENSAMIENTO): HIJO PUTA, Antonio tu padre (VOZ) Si... - Pues eso, para que me informes sobre el piso - Señor, yo no tengo ningún piso en Madrid - Ah... vale... adiós
¿Por qué paso todo eso? La respuesta
Efectivamente el cerdo de Adri (@AdriCawboy) y compañía, me habían puteado la vida poniendo que alquilaba un piso en esa céntrica calle madrileña con tres habitaciones y dos baños por ... ¡400 euros! Hasta un total de doce llamadas recibí ayer por el dichoso piso. Por la vergüenza de decir: "los cabrones de mis amigos me están jodiendo la vida" respondía: "no, lo siento, ya lo hemos alquilado".
PD: A mi me jodieron, pero a Arturo (@ArturoDminguez) le pusieron que regalaba un potro y tuvo también un éxito descomunal PD: Mi venganza será terrible
Hoy es un día importante, por fin y tras mucho trabajo he conseguido terminar la lista de 'las 50 mejores películas de la historia'. Dicha lista figuraba como la número siete y fue idea original de la que después surgió la ya celebérrima ´lista de las 100 cosas que he de hacer antes de morir'.
En teoría, debían ser las 50 mejores, pero en un alarde de generosidad he dedicido ampliarla hasta 100. Es una lista subjetiva totalmente (como todas estas cosas) pero en las que he ido puntuando en función de diez factores (Dirección, Actuación, Banda Sonora, Efectos/Fotografía, Ritmo, Guión, Frases célebres, Mis Impresiones, Importancia en su época de estreno y Final) y en una escala del 1 a 10. Seguramente para muchos de vosotros se echen en falta algunas, para otros quizás, sobre alguna de ellas. Lo bueno a mi entender con este aporte, más que el orden de importancia. es saber que son cien clásicos del cine que hay que ver SI o SI alguna vez. Espero que la disfrutéis
La Lista de Schindler
El Padrino
Forrest Gump
Ben Hur
La vida es bella
Cadena Perpetua
El Padrino II
Érase una vez en América
El Pianista
El golpe
El Señor de los Anillos. El retorno del Rey
Star Wars, el Imperio Contraataca
Ciudad de Dios
Lawrence de Arabia
Una mente maravillosa
El secreto de sus ojos
El Gran Dictador
Senderos de Gloria
Lo que el viento se llevó
Salvar al Soldado Ryan
Infiltrados
Doctor Zhivago
El Rey León
Con faldas y a lo loco
Tiempos Modernos
Pulp Fiction
Casablanca
El bueno, el feo y el malo
Cinema Paradiso
Seven
Sospechoso habituales
Bailando con lobos
Big Fish
Uno de los nuestros
Braveheart
El tercer hombre
La vida de los otros
La Misión
Ciudadano Kane
Mejor...Imposible
American History X
La gran evasión
Psicosis
The Kid
El Precio del Poder
Camino a la Perdición
Amadeus
Espartaco
En el nombre del Padre
Gilda
Cantando bajo la lluvia
American Beauty
Titanic
12 Hombres sin piedad
Los mejores años de nuestra vida
Gladiator
El hombre elefante
Luces de la Ciudad
Casino
El Hundimiento
El graduado
Reservoir Dogs
Taxi Driver
Rocky
Alguien voló sobre el nido del cuco
El puente sobre el rio Kwai
ET
El Último Mohicano
El Silencio de los Corderos
Matar a un ruiseñor
Amelie
Avatar
Eva al desnudo
L.A Confidential
Million Dolar Baby
Primera Plana
El Exorcista
El Paciente Inglés
El Ladrón de bicicletas
Apocalipsis Now
El Sargento de hierro
Mary Poppins
Mystic River
La Milla verde
Los 7 Samurais
El club de la lucha
La Chaqueta Metálica
El Mago de Oz
Indiana Jones en busca del arca perdida
Chinatown
El crepúsculo de los dioses
La naranja mecánica
Sonrisas y lágrimas
¡Que bellos es vivir!
Bonnie and Clyde
Gran Torino
My fair Lady
El nombre de la rosa
Crash
La Princesa Prometida
Si queréis intercambiar opiniones, decirme lo que pensáis o simplemente cagaros en mis muertos, me tenéis en Twitter: @antoninomora
El otro día vía mamá (@aritaber) me llegó este invento. Algo nuevo e innovador que parece ser que está teniendo un éxito bastante significativo en los países donde se está vendiendo. Echarle un vistazo
Después de tantos días sin actualizar el blog, os traigo un vídeo irrepetible de un juego inconmensurable. Data de 2006, cuando todavía vivía en Madrid y Raúl (@Rmm811) nos invitó por segundo año a celebrar Halloween en su camping de la sierra (os recomiendo encarecidamente que veáis todos los vídeos del canal porque son cojonudos). Os explico un poco las reglas de 'El Mechero' antes de que veáis el vídeo.
El juego del mechero es muy sencillo. Antes de empezar a jugar es conveniente ir ya un poco mamadillo porque así el riesgo aumenta y, por tanto, las risas que se echa uno también. Cuando ya te has bebido unos cuantos cubatas comienza el juego definitivo. Cada uno reta a un contrario en sucesivas rondas eliminatorias. Cada pareja de contricantes ha de tirar un mechero por persona (dos en total para los NINI´s) al suelo (cuanto más jodidamente duro, lleno de gravilla, clavos, cristales y demás, mejor). Cuando los dos mecheros están debidamente separados, cada uno ha de darle veinte vueltas rodeándolo. Finalmente, cuando el jurado ha contabilizado las veinte vueltas, el juez coge el mechero del suelo y se lo lanza un par de metros más allá al concursante. Este, ha de intentar visualizarlo y saltarlo posteriormente. Ya os advierto yo que no es tan fácil como parece, observar el por qué
NOTA: Atentos a mis tres momentos de gloria
1) Inicio del vídeo, cuando reconozco que el cabrón de Raúl me ha reventado la espalda 2) Minuto 3, cuando el muy cerdo ve que le estoy ganando, se olvida del mechero y me hace un placaje de película 3) Minuto 4:15, cuando de nuevo, el cabronzao, me roba el mechero y huye despavorido
Si hay una película que puede abrirnos el camino al misterioso pero, increíblemente hermoso mundo de las mujeres, esa es Hitch. Aquí os dejo la introducción
"Principios básicos: ninguna mujer se despierta diciendo: "Dios, espero no enamorarme hoy". Ella puede decirte, "Este es realmente un mal momento para mi", o algo como "Sólo necesito un poco de espacio", o mi favorita: "Estoy concentrada en mi carrera ahora mismo".
¿Te lo crees? Ella tampoco. ¿Sabes por qué? Porque ella te miente, por eso. ¿Me entiendes? Miente. No es un mal momento, no necesita más espacio, puede que esté concentrada en su trabajo... pero en realidad lo que ella está diciendo es: "Aléjate de mi ahora", o posiblemente "Esfuérzate más, estúpido".... bien, ¿cuál es cuál?
El 60% de la comunicación humana es no verbal: el lenguaje corporal. El 30% es tu tono de voz. Eso significa que el 90% de lo que estas diciendo no está saliendo de tu boca.
Por supuesto que ella te miente. Es una buena persona, no quiere herir tus sentimientos. ¿Qué iba a decirte entonces? Ni siquiera te conoce. Todavía. Afortunadamente el hecho es que justo como el resto de nosotros incluso una bella mujer no sabe lo que desea hasta que lo ve. Y allí es donde entro yo. Mi trabajo es abrirles los ojos"
Vaaaaale, ayer cambié un poquito la realidad y me dejé llevar quizás por mi imaginación en alguno de los pasajes que escribí. Me propongo a redactaros ahora la verdadera historia de cómo sucedió el rescate.
Llegábamos Iván, Pedro, Guille (tenéis sus twitters en la entrada anterior) y yo a la playa, cuando una señora con aspecto más o menos así...
... llegaba algo angustiada a preguntarnos si alguno sabía nadar:
- Perdonad chicos, ¿alguno de vosotros sabe nadar? es que hay un niño que se ha metido muy lejos y no puede salir
Efectivamente, a unos veinte o treinta metros de donde estábamos, un chaval las pasaba putas para poder mantenerse a flote. Inmediatamente Rulo y yo nos quitamos las camisetas (bueno, no son exactamente esculturales nuestros cuerpos, pongamos más bien que 'están forjados en el gimnasio de la vida') y corríamos a por él.
Iván se lanza al mar y comienza a bracear con él. Cuando lleva casi media hora, se da cuenta de que apenas había avanzado medio metro, con lo que ha de dejarse media vida en el intento de avanzar y no ser él quien se ahogue. Por mi parte, las cosas no va mucho mejor. Cuando me meto cinco metros en el agua, veo que el nivel del mar ya me sobrepasa las rodillas con lo que decido que es buena hora para dejar de correr y ponerme a nadar. Extrañamente, y cuando sólo había recorrido otro par de metros nadando, me doy cuenta de que, de nuevo y debido a la mierda de playa que es la Manga, el nivel ha bajado y cada brazada que doy me doy con los nudillos en el suelo. Me pongo al tanto del ridículo que estoy haciendo y vuelvo a ponerme de pie. Pudieron ser los cinco minutos más lamentables de nuestras vidas pero a las cincuenta o cien personas que habría no le importaba el rescate una soberana mierda, con lo que, por lo menos nadie nos ve. Finalmente y con más pena que gloria, llegamos hasta el chaval. Rulo le hace que lo rodee con los brazos y logramos acercarlo un poco a la orilla. El padre nos felicita con un "sois los mejores" y la vieja del principio ni se acerca para decirnos nada. Las animadora de Wisconsin se habían ido a tomar una cerveza y nuestra hazaña queda en la nada. Espero que el cabronazo del niño por lo menos se acuerde denostros en unos años y se pague un cubata.
PD: Ya me habéis jodido la historia, espero que estéis contentos panda de cabrones
Ya comenté el otro día por twitter (con más fracaso que éxito por cierto) la increíble heoricidad que mi amigo Iván (@ideotto) y yo hicimos el sábado por la tarde. Ante el aluvión de peticiones paso a escenificar en este humilde blog lo que pasó.
Llegábamos el propio Iván, Pedro (@ag_pedro), Guille (@guillermoagullo) y yo a la Manga a pasar un tranquilo y alegre día, bañándonos y relajándonos de nuestras muy estresantes vidas. Al llegar, extendimos nuestras toallas en la arena y nos tumbamos al sol para dorar nuestros esculturales cuerpos. A los cinco minutos, una señora llegó corriendo hacia nosotros con una cara de congoja, pavor y preocupación indescriptible. Tendría un aspecto más o menos así:
La mujer, presa del pánico, nos advierte que, a lo lejos, rozando el horizonte, un niño se está ahogando mientras su padre, sin éxito alguno, inteta salvarlo. Era algo que cualquiera hubiese hecho, algo que un caballero no podría dejar en manos de otro. Iván y yo nos miramos, hicimos un leve asentimiento con la cabeza y ambos supimos que era nuestro deber. En ese mismo instante, nos despojamos de nuestras camisetas, lo que provocó que un grupo de animadoras de la universidad de Wiskonsin que, por coincidencias de la vida, estaban allí en la convención internacional de animadoras, se quedaran prendadas de nuestros atributos (y aún no habían visto el resto de atributos). Corrimos prestos a enfrentarnos con el mar embravecido que aquella mañana forcejeaba con los bañistas de la temible playa de la Manga. Entre olas de varios metros de altura logramos llegar a aquel niño, arrastrarlo a la orilla y salvarlo de una muerte segura.
En la arena y bajo la atenta mirada de los miles de personas que había aquel día en la costa mediterránea española, pudimos realizarle correctamente la maniobra R.C.P y reanimarlo. Los aplausos atronaron en nuestros oídos cuando el pequeño escupió el agua que había tragado y se abrazaba a su madre que, agradecida, preguntó qué podía hacer por nosotros (extrañamente lo hizo chupándose insinuantemente un dedo). Lo único que respondimos fue: