miércoles, 19 de diciembre de 2012

El Fin del Mundo

Aún le duraba el efecto opiáceo de las últimas horas de alcohol, ese tiempo en que la felicidad artificial que provoca la bebida ya ha desaparecido y la resaca aún no ha llegado, en el que el sueño te llama y puedes casi escuchar a Morfeo susurrarte canciones de cuna al oído. La noche había sido larga pero, desde luego, la ocasión lo merecía. No todos los días el mundo termina.


La mayoría de sus amigos se habían ido a casa con los primeros rayos de sol de la mañana. Ellos, apóstatas del ‘mayismo’, esa religión sin biblia ni escrituras pero que está a punto de dar una lección al mundo entero, habían renunciado a ver el espectáculo más grande presenciado por el hombre. Él resiste la tentación, se toma un café bien cargado y se despide de sus seres queridos, ya nunca más los volverá a ver. 
Coge el coche aún con un estado de embriaguez considerable, cosa que nunca haría en otra situación pero que en este caso ya poco importa, y sube hacia lo más alto de la más alta montaña que rodea su tranquilo pueblo de la Mancha. Allí, abre la silla que ha rescatado para la ocasión de lo más alto del desván de su casa y se sienta a esperar. El frío matinal y la cafeína consiguen despertarlo del todo acompañado por supuesto, por esa inconmensurable sensación de que la fiesta más tremendamente grotesca y macabra que la Tierra vio jamás está a punto de suceder, una obra teatral con la humanidad de protagonista y el mundo por escenario y él, desde el punto más alto posible, como único espectador.


De momento nada ocurre, pero nuestro protagonista no tiene prisa alguna: "ya llegará" se dice. Hace tiempo que ansía este momento, lo lleva sopesando durante años y, en cierto modo, se podría decir que lo añora. El fin de todo o de casi todo, el nuevo comienzo de una era en que, si Dios quiere, tendrá a bien depurar todos los males de una humanidad que ha demostrado sobradamente no ser merecedora del don de la existencia. Algo duro y que casi nadie entiende o, mejor dicho, no quieren entender. 


Se levanta y coge del maletero de su coche una cerveza fría y una bolsa de patatas y vuelve a acurrucarse en su silla. Sus amigos se ríen de él por su forma de pensar y le animan a que vuelva al calor de su cama, que el sol ya ha salido y el mundo sigue todavía en pie. Pobres ilusos, no tienen ni idea.


De repente, un susurro en la infinidad del universo hace que algo cambie. "Ya ha empezado", se dice... y lleva razón. Comienza el show:


El cielo inicia un enrojecimiento prematuro y la temperatura comienza a subir. El protagonista de la historia sonríe, efectivamente no se equivocaba. El sol parece brillar con más fuerza que nunca cuando, de repente, una extraña bola de fuego aparece hacia el este acercándose con velocidad. En unos segundos, el joven observa que por lo menos, otras cinco más entran por diferentes direcciones en la atmósfera y se estrellan con brusquedad contra la tierra. El suelo tiembla y comienza a agrietarse. Acto seguido, un río de lava nace a pocos kilómetros de distancia cerca de una aldea no muy lejana que queda agonizando ante el ardor de las llamas. Un terremoto como nunca antes había sentido el universo comienza a hacer su aparición y logra tirar de su silla a nuestro protagonista que, sin embargo, no suelta en ningún momento la botella de cerveza que ya dista mucho de estar a la temperatura adecuada.



Por el norte lacosa es distinta aunque no por ello menos dramática. El agua entra por las costas en forma de gigantesco tsunami aunque él todavía no lo sabe. Millones de vidas quedas sesgadas ante el poder de la naturaleza en pocos segundos, la suya todavía no. 



No han pasado ni diez minutos cuando observa que la montaña donde está, empieza a derrumbarse poco a poco. Él no huye porque aunque lo intentara ¿dónde huir en ese momento?. Todo parece finiquitado, su pueblo, aquel lugar donde nació y creció, queda taponado por una ola que, ahora sí, hace su entrada a más de cien kilómetros de la costa española. Sin embargo, la altura de la montaña hace que él no perezca de momento, aún tiene tiempo para seguir observando.
Pasan los segundos y el noventa por ciento de la vida en el planeta ya no existe, de un zarpazo más de cien mil años de historia han quedado olvidados y enterrados bajo las fauces de una profecía que ya avisó de su temeridad. Todo se calma y parece que ha concluido, pero nada más lejos de la realidad, puesto que la destrucción total se acerca en forma de meteorito. Un gigantesco pedrusco que tapona la luz del sol, oscureciéndolo todo y que se estrella con toda su fuerza a pocos kilómetros de donde él se halla, consiguiendo que, en la otra parte de la galaxia, un par de extraterrestres llamados Kart y Kort, vean como un extraño planeta que poco antes habían descubierto a través de su telescopio ultrapotente, se apague de una vez y para siempre ante sus ojos.




Y todo esto ocurrirá en poco menos de día y medio. ¿Qué haces que no disfrutas lo que te queda de vida?

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