miércoles, 28 de noviembre de 2012

Canibalismo feliz

Estaba yo aburrido por casa el otro día cuando me paré a fijarme en una bolsa de un conocido centro comercial, del cual no diré el nombre porque no me patrocina y no pienso, ni quiero, ni me da la gana, darles publicidad a una empresa que no me da ni un duro. Como os decía, la bolsa de El Corte Inglés que estaba por mi casa me llamó poderosamente la atención. ¿Por qué? os preguntaréis vosotros, "Cotillas de mierda" os responderé yo. 

Me llamó poderosamente la atención el dibujo que había en la susodicha bolsa y que paso a enseñar a continuación


Como podéis observar el dibujo incita al usuario a reciclar la bolsa y no tirarla para así, evitar contaminar nuestro ya de por sí contaminado medio ambiente. Hasta aquí todo normal. Sin embargo, me di cuenta de algo que, aunque parece simple y que salta a la vista, no lo es tanto para gente observadora como yo. Me fijé en el dibujo en cuestión: en él se puede ver claramente como un contenedor se está zampando a la bolsa de plástico, en una metáfora simple que evoca los pasos que nosotros hemos de seguir con la misma, es decir, tirarla al contenedor. Hasta aquí todo parece igual de claro que hasta ahora. Sin embargo, las caras de nuestros dos protagonistas no lo son tanto. Vosotros pensaréis que la cara feliz del contenedor es entendible y, no puedo más que daros la razón. El pobre contenedor tiene hambre, quizás lleve varios días sin comer y va a ver saciado su apetito zampándose a la bolsa y de ahí la cara sonriente y feliz. Vale 

Pero ... ¡¿De qué cojones se ríe la bolsa?!

Ahí está, a punto de ser devorada y asesinada de la forma más brutal posible y descojonándose de la risa. Ya tiene un pie dentro de la boca de su asesino, del hombre que, cual Hannibal Lecter la devorará sin escrúpulos y la convertirá en trocitos, y se ríe la muy subnormal. Con cara de felicidad máxima se aproxima a la muerte contenta y risueña. No lo puedo entender, no me cabe en la cabeza que hayamos llegado a un punto tal en que la muerte sea algo de lo que alegrarse, se ve que para las bolsas de plástico la vida tampoco es fácil.

Suscríbete y recibe al instante las actualizaciones