lunes, 31 de enero de 2011

Fornicando con la vida

Popurrí de cosas:

Un día normal el que deja atrás la luz de la luna. Un día monótono, como siempre, sin novedad en el frente y sin mucho más que las horas perdidas de una jornada vacua. Se van 24 horas, 1440 minutos y 86.000 segundos que nunca más volverán. Muchos de ellos los he dedicado en la tarde de hoy a Rubik y a su cubo. Un juguete que un tipo aburrido quiso hacer una vez para joder con toda su alma a la humanidad, me parece un jodido genio. Tengo claro que lo voy a conseguir, ya estoy a puntito, pero hoy me he cagado en su puta madre varias veces (sin rencor, Erno).

Se va la luz del sol y de nuevo el frío de la noche me deja con otro genio, Hank Moody, o lo que viene a ser lo mismo, David Duchovny (si, el de Expediente X), en un papel que me deja atontado y entusiasmado como si de un jodido mocoso en la noche de reyes se tratase. Californication se ha convertido en una serie de culto para mí, una de mis preferidas, un culto a la humanidad más mundana y normal, pero a la vez la más acojonantemente fantástica. “De mayor quiero ser como Hank Moody”, me he atrevido a decir en Twitter hoy, lástima que cada vez tenga menos tiempo para elegir lo que quiero ser de mayor.

“Te ves cansado”, le pregunta el ángel de turno a Hank, “Bueno ha sido una larga vida” responde con una voz desolada pero increíblemente maquillada por la tez de un ganador que pasa por el mundo como todo lo contrario. Os relato la escena: una belleza como las palabras sólo pueden destrozar (no es mía, es de él) cabalga sobre Hank desnuda, con un ronroneo (Dios como me gusta esa palabra) incesante y un gemido eróticamente perfecto. El clímax se va a alcanzar y, por divagancias de una vida que hay que ver en la tele, ella le da un puñetazo en la cara que hace que el espectador llegue casi a la erección instantánea al verlo. No te lo esperas y te sorprende (algún día contaré la historia de la escalera, mi amigo y el complemento sexo - dolor).

Hoy no salí, raro en mí. El alcohol que normalmente me ayuda a sobrellevar esta vida dolorosa pero terriblemente cojonuda que llevo, se queda de lado, me coloco con Californication y con el puto Madrid que no para de darme disgustos (para eso me echo novia cojones). Hoy mi droga, mis estímulos artificiales quedan de lado para atiborrarme a Duchovny y sus locuras, a una serie de la leche, muy recomendable (repito). Hoy me dedico a balbucear textos inconexos en voz alta y a intentar plasmarlos en papel, para que nadie los lea o sí, pero con el orgullo de que lo estoy haciendo, de que dejé constancia de que viví la vida como pude, de que disfruté de su esencia y de que mientras fornicaba con ella, me dio un puñetazo que me provocó un dolor proporcional al placer con que lo recibí… ¡Dios como me gusta copular (por no decir follar, vamos) con ella!

PD: Rubik colega, me cago en tus muertos

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