viernes, 30 de julio de 2010

La Despedida

Os dejo un texto de mi twitteramigo Yayo Delgado. Un precioso homenaje a una parte viva (de momento) de lo que significa este país y la maravillosa cultura tenemos.

La Despedida

"La bruma cae sobre la dehesa, cubriendo las raíces de las encinas. El blanco se mezcla con el verde mojado en el silencio de tórtolas y mirlos, cuando el manto de estrellas se va apagando ante el nacimiento de un nuevo día en el campo. Se escucha el desvencijar de ventanas y puertas del caserón cuando reciben los primeros rayos del sol. El mayoral, que nació allí, como su padre, no ha podido dormir. Tres horas en la cama, aguantando las lágrimas. En plena noche, se vistió las botas, y bajó con entereza y orgullo a los corrales, para verle dormir, quien sabe si por última vez. No quiso acercarse mucho, por no turbar su descanso, aquella durísima noche. Poeta, un toro bravo de lidia de 550 kilos, cornialto y calgueño, zaíno, negro azabache con un hilo de piel fina y brillante, descansa en su esquina preferida, maduro tras cuatro años de cuidados en la finca, pero no duerme.

Muchos días de paseos y carreras, largos ratos de observación y meditación, charlas, caricias, anécdotas... El mayoral recuerda momentos, como sacados de una película. Es un hijo para él. Aquella mirada de eral, en la que vio a un futuro toro bravo de los que no nacen ya, le dejó prendado. Nunca lo decía a nadie de palabra, porque en la dehesa no hay preferidos, pero todos los sabían. Al mayoral le gustaba acercarse a él, y hablarle muy cerca, despacio. Con el tiempo el toro respondía con movimientos y acompasaba su respiración, mirando a su amigo, entendiéndole. Lorca, Machado, Miguel Hernández, Alberti… El mayoral preguntaba cada tarde por un verso, y el toro elegía, hasta calmarse en reposo. Dicen en la finca que Poeta llama al mayoral, cuando la luz empieza a amarillear, con un gesto sutil, para escuchar los versos y hacerlos suyos, al final de todos los días.

Aquella tarde el mayoral no recitó, y se sintió culpable. No pudo. Poeta le llamó hasta tres veces. No quiso entrar en el corral, algo que no había pasado nunca. Sólo cuando Poeta vio la expresión contenida en el rostro de le recitaba los poemas de su vida, entendió que había llegado el momento. Pasaron las horas, sin dormir, y el mayoral se acercó con ternura. Antes de acariciar aquel pelaje único, que en la noche parece la noche, y en el día, el brillo del sol, Poeta abrió sus ojos, y ladeó su cabeza. Aquella mañana, no hubo palabras. Una lágrima recorrió la mejilla arrugada del mayoral, y Poeta se postró orgulloso. Cuentan que cuando el camión devolvió a Poeta a la finca a los pocos días, indultado tras una faena histórica, una lágrima negra recorrió su pelaje. Desde aquel día, en la finca dicen que quien entienda esas lágrimas, entiende el toreo, y podrá hablar con los toros para siempre. Vale."

Si os ha gustado podéis seguirlo en su blog: "Achopijo"

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