lunes, 21 de junio de 2010

Un escrito cualquiera de una noche cualquiera

Estoy aquí, tirado en la cama una noche cualquiera escribiendo como cualquier otra noche una escrito cualquiera. La oscuridad ha caído totalmente sobre mí, el fresco aire de las noches de verano entra por la ventana contrastando con el calor de un edificio al que el sol no abandona hasta bien tarde. Golpeo las teclas del ordenador con la esperanza de que algo original, bueno o simplemente coherente, salga de aquí. Una canción que habla de Romeo y Julieta me sirve de inspiración para volver al recurrente tema del amor. ¿Cómo plasmar en unas pocas líneas algo tan enorme como eso?, es imposible. Así que me vuelvo a mecer en las ideas, en los pensamientos infinitos sobre el tema que a todos nos apasiona, porque después de todo, es la úunica sensación que nos une: la necesidad de amar. No se puede explicar lo que uno siente, por lo menos nunca queda, por mucho que lo intentes, tan bonito como es en tu cabeza y en tu corazón. A mí las palabras me ayudan, pero no son tan precisas como la mente, como el propio sentimiento.
Pienso en ella, no le pongo cara ¿o quizás si?. Veo una sonrisa perfecta, unos ojos penetrantes que te pueden leer el alma. La veo siendo mecida por la brisa del mar con un vestido blanco y andando por la arena del mismo color. Se gira, me mira y no tengo duda, he sido bendecido...

Vuelvo a divagar, una vez más una noche cualquiera en un pueblecito de la Mancha. Fuera, cientos de miles de personas duermen, otras miles comienzan el día y algunas lo van acabar, es lo bueno de estar en medio del mundo, que no eres el último ni el primero y eso es bonito, eres uno más, después de todo es lo que quiero.

Y ya acabo, sin saber muy bien que he dicho ni por qué lo he dicho, pero contento de haberlo dicho. Este es un escrito cualquiera de un chico cualquiera en una noche cualquiera y aquí acaba, en un momento cualquiera.

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