miércoles, 19 de mayo de 2010

El placer de darte cuenta de que estás vivo


Conduzco con música y voy solo, la dulce voz de una chica me deleita con una música mágica, casi angelical. El mundo después de todo no es tan malo. Me transporto a lugares lejanos, que jamás vi y que quizás ni siquiera existan en la vida real, pero para que quiero yo la vida real si tengo la imaginación. Mi cuerpo está sentado en el coche, mis manos sujetan el volante, mis ojos miran la carretera...pero mi mente no está allí. Se ha ido al lugar donde pertenece, al infinito mundo de lo irreal, al inacabable universo de lo mágico, de lo fascinante, de lo profundo, de lo que solo es posible dibujar en tu cabeza.
Llego a mi destino, todo es distinto, el aire es más limpio, la tarde de primavera, una de las cosas más maravillosas de la creación, está en su apogeo; el cielo más azul que nunca y el calor de la tarde se ha disipado para dejar una temperatura que te mece en una sensación casi perfecta, que llega al culmen de la perfección, cuando una suave brisa te sacude la piel, erizándotela. A veces este mundo se vuelve fascinante, a veces la vida te recuerda lo bonito que es estar aquí, disfrutar lo que tenemos. A veces, tu sólo puedes tener una tarde perfecta simplemente con darte cuenta de que si, es cierto, estás vivo

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